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Los hijos de Nacha

19/01/2012 07:17 hs
Ariel Del Maestro y Gastón Briski son hijos de distintos padres, pero comparten la misma madre: Nacha Guevara. "Gracias a nuestros viejos heredamos la sensibilidad por el arte".

Ariel Del Mastro (52) y Gastón Briski (47) son hijos de diferentes padres Anteo Del Mastro, gran periodista, y Norman Briski, gran actor pero de una misma madre: la gran Nacha Guevara. Siguieron los pasos de ellos. Llevan el teatro en la sangre, pero siempre apostaron a estar detrás del escenario: moverse en las sombras. Entre los bastidores se sienten en su mundo, mientras arman y manejan los hilos de las marionetas para que el musical Por amor a Sandro no tenga fallas, que sea un mecanismo de relojería, pero con la misma tensión y emoción que el Gitano desplegaba en sus recitales. Ariel es director de comedias musicales y especialista en montaje de luces, y Gastón, en puesta de sonido.

 

No es casualidad que trabajen juntos: se entienden con la mirada, una comunión que está en sus genes.

 

La parada es brava, pero juran que Por amor a Sandro El musical de América será el show del año.

 

-¿De qué se trata el proyecto?

 

-Ariel: El musical narra la historia de Alicia, una fan incondicional del Gitano durante cuarenta años. Natalia Cociuffo es la actriz que la encarna. En la ficción, conoce a su ídolo a los 17 años, lo ve muy parecido a Elvis y se enamora de él, Después, en un baile, se encuentra con Antonio, del que también se enamora porque lo ve parecido a Sandro. Se casan, forman una familia, pero ella sigue teniendo devoción por su ídolo. Tanta que arma un santuario en su casa, lo sigue a los recitales, va a la famosa casona de Banfield y nada más le importa.

 

-¿Por qué decidieron hacerlo ahora?

 

-Gastón: Ariel siempre quiso contar una historia sobre Sandro, pero hacerlo muy poco después de su muerte le pareció oportunista. Ahora, pasados dos años, no se corre ese riesgo.

 

-Ariel: Además, cuando lo vi a Sandro en un recital, descubrí lo que generaba en el público, y me di cuenta de que algún día tenía que contar algo sobre él. Era magnético.
Me emocionó y comprendí por qué era un fenómeno popular inigualable.

 

-¿Qué recordás de ese día?

 

-Ariel: Fue hace unos años. Me invitaron a verlo en vivo.
Fui con prejuicio porque vengo del rock, pero no me lo quería perder, porque era un icono, un gran personaje social.
Cuando lo descubrí... ¡se me cayeron las medias! Era un artista total, completo, absoluto.

 

-¿El espectáculo es una superproducción?

 

-Gastón: Sí, es un gran desafío y lo estamos preproduciendo hace rato.
Habrá treinta artistas en escena y venimos ensayando más de seis horas por día en el Galpón Guevara.

 

-¿Cómo es ser hijos de Nacha Guevara y trabajar con ella?

 

-Ariel: Nuestra vieja es muy profesional, y por eso es muy fácil. No conocí a nadie tan exigente, y por eso me llevo muy bien. Pero en la vida prefiero no opinar...

 

-Gastón: Coincido con Ariel: es la mejor. Quizá a nosotros nos hubiera ido mejor si ella no fuera nuestra madre.
Aunque eso nunca se sabrá... Siempre quiere estar al tanto de todo. Es muy controladora, una artista completa.

 

-Ariel: Creo que sin ella no hubiéramos llegado a dónde estamos. Sobre todo porque gracias a nuestros viejos heredamos la sensibilidad por el arte.

 

-¿Cómo fue la infancia de ustedes?

 

-Ariel: Nos criamos juntos, aunque tenemos mucha diferencia generacional. Cuando Gastón empezaba el secundario yo lo estaba terminando. Pero vivimos unidos gran parte del exilio de nuestra madre.

 

-¿Qué recuerdan de esa época?

 

-Gastón: Un día nos fueron a buscar al colegio los padres de unos compañeros y nos llevaron a Ezeiza. La mano venía muy difícil...

 

-Ariel: Sí, no tuvimos tiempo de despedirnos ni de los amigos del barrio. En el aeropuerto estaban Nacha, Alberto (Pavero, su pareja de ese momento) y Juan Pablo, el menor de nuestros hermanos. Viajamos a Lima por tres meses, después a México... Volvimos a Buenos Aires cuando nuestra madre hacía Las mil y una Nachas en el teatro Estrellas. Luego regresamos a México, y después volamos a Madrid. Éramos trotamundos, que llevábamos a todas partes el arte de nuestros padres.

 

-¿Cuándo empezaron a trabajar?

 

-Ariel: Yo tenía 16 años. Estábamos de gira por España; faltó el seguidor de luces y Nacha me puso a mí. Ese día empecé a manejar los cañones de luz, y a mis veinte decidí quedarme en México mientras Nacha, Favero, Gastón y Juan Pablo se iban a vivir a Nueva York.

 

-Gastón: Yo empecé estudiando música a los seis años: percusión y flauta. Pasé por todos los rubros del teatro, pero el sonido es lo que más me apasiona. No tenía vocación de músico; no era bueno tocando y no me hacía feliz. Recién en 1983 debuté en el teatro Lola Membrives, con un espectáculo de Nacha.

 

-Ariel: No. Lo primero que hiciste fue en España.

 

-Gastón: ¡Cierto! Tenía 13 años.

Vivíamos en Madrid y me dieron el trabajo de utilero: tenía que ordenar el escenario antes y después de cada función. Era una especie de comodín: me ponían para cubrir los huecos.

 

Sigue el ensayo. Ariel del Mastro y Gastón Briski se mezclan con los actores, entre el rojo de las rosas y el de la legendaria bata del Gitano. Se respira pasión. En todos. Como si Sandro (y por qué no, también Nacha) los mirara desde la última fila, sonriente.

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