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Para interrumpir el círculo brutal de la violencia

14/06/2019 12:05 hs
La noticia ocupó un lugar que podríamos calificar de "marginal" en los periódicos argentinos, acaso porque se trata de "un caso más" que no deja de repetirse, el de una mujer extranjera, engañada a través de las redes sociales.
Por Guillermo Whpei
@GuillermoWhpei


La noticia ocupó un lugar que podríamos calificar de "marginal" en los periódicos argentinos, acaso porque se trata de "un caso más" que no deja de repetirse, el de una mujer extranjera, engañada a través de las redes sociales, que llega a nuestro país y aquí es sometida a maltrato sexual y laboral. El portal Infobae relata la historia en su edición del 6 de junio pasado, un caso felizmente resuelto y que concluyó con el apresamiento del responsable de una serie de crímenes, extorsión psicológica, delito económico, maltrato laboral y sexual entre otras graves infracciones a la ley.

Sin embargo esta historia posee varias dimensiones, la primera de ellas, oscura y trágica, no otra que la persistencia de este tipo de situaciones  que encuentra a las mujeres como víctimas centrales del delito. La segunda alentadora, y tiene que ver con los avances que en los últimos años hemos logrado en la persecución y castigo de esta clase de delitos. Avances que han sido posibles, entre otras razones, por la conquista de una creciente concientización por parte de nuestra sociedad y en especial de nuestras agencias estatales, de que este tipo de situaciones no solo no pueden ser consentidas sino mucho menos naturalizadas.


El flagelo de la violencia de género asociado a la trata es común al mundo contemporáneo. América latina y Europa muestran índices alarmantes que ponen de manifiesto la importancia de seguir insistiendo en la necesidad de profundizar las campañas de sensibilización y concientización acerca de un delito tantas veces "invisible" y que fue tolerado y aceptado durante tantos años por tantas sociedades. Un necesario trabajo de sensibilización y concientización del que los organismos de los Estados no pueden ser ajenos sino por el contrario, deben ocupar el lugar de ser los primeros destinatarios.


Como decimos, la historia de esta mujer colombiana es trágica en todas sus dimensiones, en especial por el inmenso grado de vulnerabilidad que hizo posible su calvario. Perosu final es alentador si estamos dispuestos a reconocer que ese calvario, que ese dolor, que esa situación de injusticia pudo ser interrumpida porque funcionaron los alertas institucionales necesarios que lograron poner fin a una historia que de otro modo se hubiera prolongado en el tiempo.


Sin sociedad educada en no consentir el maltrato y el abuso, y sin un Estado que asuma su responsabilidad como garante de derechos estaremos condenados a que estas historias violentas se sigan repitiendo. Ese es el aprendizaje y la lección que nos deja esta noticia.


Hacer saber, alertar, denunciar,  allí donde lo injusto está teniendo lugar, es tarea de todos, absolutamente de todos los que creemos que una sociedad más justa y libre de violencia es posible.

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