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La víctima más antigua del pediatra de la ORT Alberto Cirulnik rompió el silencio: fue abusado en 1975

10/01/2019 14:55 hs
Tiene 56 años y vive en México. El hecho ocurrió cuando tenía 13, en la escuela Scholem Aleijem.

El 17 de diciembre pasado, TN.com.ar reveló la primera denuncia por abuso sexual en contra del pediatra Alberto Cirulnik. Dos hombres y una mujer se animaron a contar por primera vez lo que habían sufrido mientras eran alumnos de la ORT. A partir de entonces otras 23 personas se sumaron a la lista de denunciantes. Hoy TN.com.ar se comunicó con un hombre de 56 años que fue víctima de Cirulnik cuando el médico aún no se había recibido.


Daniel Braverman vive en Guadalajara, México. Es otro de los abusados por el pediatra Alberto Cirulnik. Su hipótesis es que pudo haber sido uno de los primeros porque lo conoció en 1975. En ese entonces, el médico denunciado todavía era estudiante, tenía menos de 30 años y trabajaba como secretario de dirección en el colegio judío Scholem Aleijem.


A los 13 años, después de haber cursado toda la primaria en el establecimiento, Daniel había empezado la secundaria en otra escuela, pero por la tarde iba al colegio de la calle Gurruchaga a hacer estudios complementarios de judaísmo. Para él, el colegio era un ámbito de confianza. Cirulnik tenía su propia oficina. Se ocupaba, entre otras tareas, de organizar los equipos para los campeonatos Evita. Era afectuoso, simpático y querido.


Durante 43 años, Daniel guardó silencio sobre el hecho que lo marcó. En un grupo de WhatsApp, que tiene con compañeros de aquella época, alguien compartió hace algunas semanas una de las notas de TN.com.ar con la imagen del médico acusado y el comentario: "No lo puedo creer, ¿se acuerdan de este tipo?".


Daniel tuvo un ataque, algo que había reprimido durante mucho tiempo lo dominó. Todos estos años estuvo convencido de que había sido el único abusado por Cirulnik. "Me volví casi loco. Puse en el chat: 'Si lo conozco y fui abusado por él'".


Los compañeros del grupo -que le escribieron desde Canadá, Israel, Estados Unidos y Argentina- le dieron su apoyo. "No sé qué habría hecho si no me hubieran creído. Fue un alivio contarlo. En el grupo está el director del Scholem de aquella época, un tipazo. No solo me creyó sino que me ofreció inmediatamente ayuda y apoyo".


Leer los testimonios de las demás víctimas le hizo entender que el pediatra tenía un modus operandi que repetía con todos. "Te hacía sentir bien: te valoraba, te conquistaba y después abusaba de vos", puntualiza.

Daniel tenía que preparar una materia para rendir. Cirulnik se ofreció a quedarse después de hora con él para ayudarlo. Cuando a las 5.30 el edificio estaba desierto, se encontraban en la oficina. Las clases se mezclaban con conversaciones en las que el médico ganaba su confianza. "Él no tenía obligación de quedarse conmigo, no era su función. Yo le estaba agradecido", dice.



Un día, algo cambió. Fue cuando Cirulnik decidió avanzar un paso más. "Hasta el momento, yo te ayudé a estudiar, ahora te quiero pedir que me ayudes con unas prácticas médicas para la carrera", le propuso.

Daniel no pensó en negarse. "Claro, te ayudo", le respondió. Cirulnik lo hizo pararse: "Me puso contra la pared, me bajó el pantalón, me dijo 'te tengo que palpar, no te asustes', me tocó los genitales y de repente me metió el dedo en el ano".


El chico se subió los pantalones y se fue. Nunca se lo contó a nadie. "En ese momento se hablaba de desaparecidos, pero no de abuso sexual infantil", refiere.


Se alejó completamente de Cirulnik. Nadie sospechó nada, porque ya había tomado varias clases con él y asumieron que la tutoría estaba concluida. Poco después, Cirulnik dejó de trabajar en el Scholem Aleijem.

"Yo trataba de ignorar lo que había pasado. Mi vida fue una mierd... después. Tenía un tremendo sentimiento de culpa. Sabía que algo estaba mal, que no lo podía contar porque nadie me iba a creer. Es como ir cargando un peso insoportable toda la existencia", revela.


Intentó olvidarlo haciendo mucho deporte. Se casó, tuvo tres hijos, se separó y fundó una fábrica de ropa de playa en Guadalajara: "Yo pensaba que lo había superado, pero esas son cosas que jamás se olvidan. Lo que me da bronca es pensar que si yo hubiera hablado en su momento, tal vez todas las víctimas posteriores, las que tienen 20 o 30 años, no habrían pasado por eso. Pero por otro lado, pienso que no me habrían creído".


Ahora que se animó a hablar, pide Justicia: "Quiero que tenga un castigo por lo que hizo. No solamente por sus víctimas o por las víctimas de abuso argentinas. Para que todos los pedófilos del mundo vean que tarde o temprano, lo que se hace se paga".

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