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Pichetto a solas con Peña, Frigerio y Quintana

29/10/2017 19:25 hs
El senador fue recibido como virtual jefe de la oposición peronista. Sus compañeros gobernadores del PJ también le reconocieron su rol.
Ignacio Zuleta
Por Ignacio Zuleta
El Gobierno ensaya desde mañana un libreto desgastado - el de los acuerdos políticos en un país que ha endiosado a la intransigencia como virtud política- pero confía en que un elenco nuevo de negociadores le rinda fruto al envión acuerdista. La mesa encargada de la convocatoria de mañana no le ha puesto aún nombre a la cita, pero dio pasos que ponen a la iniciativa en el punto de no retorno: comenzó en secreto las conversaciones con la oposición, con señales de cortesía inusual por estas costas.

Eso es lo que percibió el CEO de la oposición peronista, Miguel Pichetto, cuando fue recibido esta semana por varios de los ojos del presidente. El jefe de la bancada de los senadores peronistas fue halagado, en orden según la escala zoológica del oficialismo, por el ministro de Interior, un vicejefe de Gabinete y el jefe de los ministros.

En ese orden lo recibieron en el despacho de Rogelio Frigerio, entrando de a uno, Mario Quintana y el mero mero, Marcos Peña. Si faltaban muestras de que el Gobierno entiende que el llamado a los acuerdos es imprescindible para asegurarle un buen fin al primer mandato de Macri, las dio esa mesa chica que conversó, según grados de profundidad, sobre la forma y el fondo de esta nueva experiencia de cohabitación. El rionegrino fue el primer opositor a quien el Gobierno le confirmó lo que había adelantado este diario el domingo por la noche sobre la convocatoria presidencial. Fue la manera de reconocerle el ISO 9000 como el jefe de la oposición Lo que hablaron nunca se sabrá, pero salieron todos de ese encuentro, todos con el pecho inflado, como si iniciasen una nueva vida.

"Hablar con Horacio es como hablar conmigo"


¿Más pruebas de buena fe? Pichetto fue abordado también por Horacio Rodríguez Larreta para cerrar el compromiso de que el acercamiento viene en serio. Al jefe porteño el peronismo le tiene respeto por varias razones, además de ser un gobernador más. Tiene pasado peronista -fue funcionario del gobierno de Carlos Menem a finales de los 90-, está identificado como el macrista con más pergaminos para pretender la sucesión del actual presidente. Los pícaros, además, le han registrado un circuito de relaciones peronistas y peronoides de recorte generacional que pasan por Juan Manuel Urtubey, Diego Santilli, Cristian Ritondo y el propio Massa. Los canallas le atribuyen ser el auspiciante de campañas del peronismo, como la última de Daniel Filmus para tumbarlo a Martín Lousteau.

Como dice uno de sus compañeros: es un campeón, organiza su gobierno y también a su oposición. Quienes frecuentan a Macri le han escuchado decir: "Eso háblalo con Horacio; es como si hablases conmigo, y si hay algún problema me llamás a mí".

Nunca hace falta hacer esto último. Larreta, activado como negociador con la oposición, es una novedad que registraron esta semana los peronistas del Congreso, junto a otra marea: la aparición de diputados que se dicen "marquistas" -de Marcos Peña, se entiende- que tarjetean y sugieren: sería bueno que hablemos, o que lo hables a Marcos. Estas alas de negociación son paralelas a las que habrá desde la oficina de Frigerio con los gobernadores, y a la que puede desplegar Quintana, un hombre de negocios a quien creen en el Gobierno que hay que decorar de política.
Uno de los que lo quiere, dice con cariño de él: "Mario quiere actuar en política, pero es un Francisco que nunca dio misa. Hay que hacerle la política". No identifico a quien lo dice para evitar que lo fumiguen desde un drone.

Schiaretti, el country manager del peronismo


Con esas cartas credenciales es que Pichetto se sentó el jueves en la cabecera de la mesa de los gobernadores en el CFI, aunque no dio detalles de ese encuentro que, como todo movimiento político en tiempos de cambio de piel - y éste, que sigue a las elecciones, lo es -, está expuesto a las lecturas de la mala fe. Algo de eso percibieron los gobernadores peronistas que tuvieron una previa a solas en un saloncito del CFI, antes de que llegase algún no peronista, pero no menos opositor, como el socialista Miguel Lifschitz.

Pero le bastó la confianza que mostró para que lo sentasen en la cabecera, como un reconocimiento de su jefatura provisional del peronismo opositor. En esa cita, se afirmó como "country manager" -encargado de los territorios - a Juan Schiaretti, en reconocimiento a títulos que declinó Juan Manuel Urtubey, castigado por las urnas el domingo pasado, cuando tenía todo armado para lanzar una candidatura a presidente.

Otra vez será. Con este reconocimiento de Pichetto como negociador y de la mesa de los gobernadores como el foro de debate, el Gobierno asegura su ventaja de un peronismo dividido. Éste necesita, por su parte, una validación de su apartamiento del rumbo cristinista que parece, para ellos, un callejón salida a partir de la máxima de Rubén Marín: Cristina junta, pero para perder. En palabras de Diego Bossio: con Cristina no se gana, sin Cristina tampoco. Una tragedia griega.

Gobernadores temen ola neocavallista


De esa cita en el CFI salió el primer compromiso de este ensayo acuerdista, que es la reunión del cuarteto de economistas de los bloques peronistas de las dos Cámaras, con ministros y secretarios de Hacienda de las provincias. Ocurrirá el martes con el objeto de revisar un documento que se leyó el jueves en el CFI, que resume las pretensiones de la oposición para el capítulo financiero de los acuerdos.

Esa minuta la elaboró el cuarteto que integran Guillermo Michel (representa en el grupo a Pichetto), Carlos Fernández (tribuna a la banca de José Alperovich), Germán Cervantes (responde a Diego Bossio) y Pablo Paladino (hombre de Marco Lavagna), e incluye pedidos de revisión del proyecto de Presupuesto, la reposición de la coparticipación de La Rioja, la plena coparticipación de los $24.000 millones de ATN, la clarificación del plan de obras públicas que se divulga a cuenta del sistema de la PPP (Participación Público-Privada) pero que nadie ha visto en detalle.

De esa espesura se quejaron dos gobernadores radicales en el almuerzo del martes ante los "ojos" del presidente: les prometen y no les cumplen, y ni les explican cómo es el plan. También alguna promesa de amortiguar un fallo de la Corte que confirme la constitucionalidad del Fondo del Conurbano, y una suave reconvención al rumbo de la economía oficial.

Según ese documento, el modelo oficial avanza en una reducción de los impuestos a las ganancias de las empresas -que son los que se coparticipan- y un traslado del recorte a las provincias según un formato, perdón por la palabra, "cavallista", que las dejará sin rentas para pagar los gastos. Sencillito y para discutir.

Consensos básicos y obvios

El Gobierno lacró con sigilo los detalles de los anuncios de mañana, que explicaron los ministros operativos de este round de negociaciones, Jorge Triaca y Nicolás Dujovne, a sus colegas, jefes de partidos y gobernadores de la coalición, con el compromiso de no decir mucho para no quitarle suspenso a la actuación de mañana del presidente en el CCK. En ese almuerzo del martes Macri estuvo unos pocos minutos y María Eugenia Vidal llegó tarde. Por eso quedaron todos conversando nimiedades, como quiénes serían invitados mañana y si la cita tiene nombre o no.

"El presidente diría que es un llamado a los consensos obvios, lo que necesita un país, por encima de las diferencias políticas", dice uno de los presentes allí. "Eso de 'obvio' es hiriente, ¿qué tal si hablamos de 'Consensos Básicos?'", completó otro. Las invitaciones quedaron a cargo de Peña, que envió los mails en nombre del presidente, después de darle la primicia de la convocatoria al propio Pichetto, y de quien obtuvo la seguridad de que irán todos los gobernadores, menos tres que se fueron de viaje, y los legisladores con cargos en comisiones técnicas del Congreso.

Tumulto en la entrada del CCK: unos pagarían por ir, otros dudan

La lista de éstos se les delegó a Emilio Monzó y a Federico Pinedo, y el ajuste para evitar los grandes movimientos de masas provoca en estas horas un tumulto entre quienes pagarían por estar presentes y quienes ensayan mohines de desaire. La lista original era de 80 invitados. Pero hasta hoy son ya 150. En la reunión de gobernadores, el acuerdo fue que un mínimo de respeto los obliga a asistir. Pero con las horas empezaron los desmarques.

Alguien le escuchó decir a Sergio Massa que no pensaba en ir. Consulté con la mesa chica que organiza esta cita y me respondió: "Sergio está invitado, como presidente de un interbloque [Federal Unidos por una Nueva Alternativa], pero la jefe del bloque massista es Graciela Camaño, que sí está invitada".

Pichetto se esfuerza en estas horas en asegurar que concurra mañana, después que le avisasen que la musa renovadora no quiere ir a ese encuentro. Queda en suspenso esta decisión, mortificante para cualquier político. El gesto de llamar a los derrotados en las elecciones parece generoso de parte del ganador, que festejó ayer con una inocentada eficaz, una timbreada nacional y popular. Decirle que no, es una mezquindad, pero la decisión plantea aprietos estremecedores. Si no va, Camaño puede quedar pegada al cristinismo, del cual, quizás, le conviene diferenciarse para blindar su rol en la nueva legislatura, adonde no estará Massa, pero sí Felipe Solá, otro que es un camino de ida. En fin, pequeñeces de una política que pretende ser grande.
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