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Los piquetes, ya más porteños que el Obelisco

24/02/2017 09:46 hs
Habíamos visto de todo. Pero no todo. Lo que nos faltaba ver entre la extorsión piquetera y la pasividad oficial lo vimos ayer: activistas dirigiendo el tránsito en el cruce de Corrientes y 9 de Julio, las dos avenidas más importantes de Buenos Aires.
Nota extraída del diario Clarín

Por Ricardo Roa



Habíamos visto de todo. Pero no todo. Lo que nos faltaba ver entre la extorsión piquetera y la pasividad oficial lo vimos ayer: activistas dirigiendo el tránsito en el cruce de Corrientes y 9 de Julio, las dos avenidas más importantes de Buenos Aires. Las imágenes son reales aunque a la vez inverosímiles.
 

Un grupo de los 200 desplegados alrededor del Obelisco se improvisaron como policías de tránsito. Con paraguas para el sol, decidían qué autos podían pasar y cuáles no sin otro orden que el que imponían ellos mismos. También algunos motociclistas fueron autorizados a escapar del embrollo aunque de a pie. ¿Y el Estado? Bien, gracias.


Casi cuarenta grados de sensación térmica y piquetes es más que un mar quieto de gente y de autos. Es un tsunami quieto. Hasta el Waze enloqueció. La aplicación que les permite a los conductores identificar los colapsos de tránsito mostraba sólo manchas rojas en el centro de la Ciudad. El bloqueo se propagó a todo el macrocentro. Miles rehenes de unos pocos. Cuarenta y cinco mil vehículos según el vocero de Vialidad. Sin salida: la alternativa del Bajo está casi anulada por las obras del Metrobus. El caos de ayer había ocurrido el martes. Y puede volver a ocurrir en cualquier momento.


Es todo tan previsible como evidente que el macrismo no tiene reflejos para actuar en estos casos. Paga la mayoría porque el Gobierno prefiere quedar mal con la mayoría antes que con una minoría. Prefiere pagar el costo con la gente por el temor de que una represión genere un drama.


Los piquetes de ayer fueron de la triple C, la- Corriente Clasista y Combativa de tendencia maoísta. Es uno de los grupos más fuertes. Y uno de los que en diciembre acordó con el Gobierno la ley de emergencia social. O sea, un gigantesco paquete de ayuda adicional de $ 30 mil millones en tres años. Como se ve, sin ningún compromiso de no hacer cortes.


La CCC recibe fondos públicos sobre todo de dos fuentes. Una: los planes del ministerio de Desarrollo Social que no exigen contraprestación. La otra: los planes del ministerio de Trabajo que exigen cumplir tareas comunitarias como pintar escuelas. De aquí surge este conflicto. Trabajo paga cada mes entre 80 y 90 mil planes a través de dos programas: el Construir Empleo y el Autogestionado. La mitad de esos planes va a organizaciones sociales que deben identificar los beneficiarios y las actividades que realizan.


El problema se disparó porque miles de planes de la CCC no cumplían esos requisitos y fueron suspendidos. Dicen en Trabajo que les facilitaron más plazo y que sólo recibieron un mail pidiendo la renovación sin presentar la documentación.

 

Desde hace un año hay un protocolo antipiquetes que no se aplicó. O que casi no se aplicó. Hubo récord de piquetes en la Ciudad. Casi tres por día en 2016. En los hechos, las extorsiones están barriendo con la promesa de Rodríguez Larreta de que desde enero iban a ser controlados. Si la Metropolitana no estaba preparada, ahora tiene la Federal y entre las dos juntas, 24 mil efectivos. Con semejante estructura hay muy poco espacio para declararse sorprendidos. También hay un comité entre Nación y Ciudad que coordina Mario Quintana. Tampoco funciona. ¿Es posible que la política prefiera pagar el costo de no actuar y comerse la bronca de la gente? Por lo visto, sí es posible.

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