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Opinión

El prejuicio también es violencia de género

28/11/2016 19:39 hs
Ante la repercusion de los casos de la periodista Carolina Aguirre y la actriz Malena Guinzburg, las reacciones del publico alarman.
Valeria Carreras
Por Valeria Carreras
Abogada

Por Valeria Carreras.

@dravaleria


Día a día leemos sobre mujeres golpeadas, sobre el aumento incesante del femicidio, es decir mujeres asesinadas solo por ser mujeres, leemos crónicas de mujeres violadas o abusadas en grupo, y asistimos a ello con una mezcla de pasividad, naturalización del tema e impotencia.


Esas mujeres son anónimas, y las conocemos a partir de su final y su derrotero previo. Sabemos de las denuncias que precedieron a su homicidio anunciado, antes de retener su nombre su rostro y su historia, nos sacude otra muerte, y otra mujer violentada y crece la coraza con la que nos engañamos para no imaginar siquiera que la próxima puede ser una misma.


Sin embargo esta última semana conocimos la historia de dos mujeres conocidas, que se animaron y contaron como a ella les sucedió también, como fueron víctimas de violencia de género. Pero esta vez hay algo distinto, diferente, algo que nos acerca más a sentirnos identificadas, porque esta vez las protagonistas son conocidas, porque esta vez sus relatos tienen cara y una historia profesional que nos es cercana.


Me refiero a Carolina Aguirre y Malena Guinzburg, ambas se animaron a contar en primera persona como se siente ser víctima de la violencia verbal, física, psicológica y sexual.


Ambas tienen en común no solo al victimario que refieren sino al silencio, a la vergüenza de contar, al miedo, y a una violencia extra que viene de la mano de parte de la sociedad, una violencia que nace del prejuicio contra la mujer, tal vez la madre de las violencias, la que está instalada en el inconsciente colectivo, la que tiene características propias.


1. No creerle a la víctima.

2. Cuestionar por qué permitió la violencia.

3. Culpar a la víctima por callar.

4. Bromear con sus casos.

5. Y como frutilla del poste, denigrarlas por su aspecto físico, por no coincidir con el prototipo de belleza socialmente aceptado.


Me niego a todo tipo de violencia, pero esta violencia de género, no solo nos está matando de a una, sino que esta horadando por goteo los logros de las mujeres en la sociedad moderna.


¿De qué sirvió acceder al voto si fue necesaria una ley de cupos para acceder a cargos políticos?


¿De qué sirvió acceder al trabajo si nuestra tarea está remunerada por debajo del salario del varón?


¿De qué sirvió acceder a la libertad sexual si al tomar la iniciativa somos tomadas por busconas?


¿De qué sirvió tanta lucha por que reconozcan nuestra igualdad si nos siguen estigmatizando según sea el caso?


¿De qué sirven los hombres que nos ven como sus pares si hay mujeres que insisten en mantener patrones culturales patriarcales y machistas?


Estos dos casos de mujeres conocidas nos llevan a concluir que la mujer, es doble víctima cuando sufre la agresión o su propia muerte y después cuando debe padecer el juicio sobre su persona, su vestimenta, sus dichos, sus tiempos, su fisonomía, su trabajo, y su calvario.


De ambas se mofa la sociedad desde las redes sociales y su anonimato, como también desde los medios de comunicación poniendo en duda sus dichos o su derecho a ser respetadas.


A la lista de prejuicios que ponen la culpa en la víctima, como:


1.Por algo será.
2. Tuvo varias parejas.
3. Usaba minifalda.
4. Es rubia y se pinta.
5. Trabaja de noche.
6. Es gato.
7. Era villera.
8. Es negra de la cabeza.

Ahora se suma:

1. Es fea.
2. Es un bicho.

Con este panorama, con una justicia que con herramientas, leyes a su disposición, aun sigue llegando tarde y cargada de estos preconceptos, creo que llegó la hora de ser las mujeres y los hombres que han entendido, quienes le pongamos freno a la violencia.


Empezando por no permitir que se denigre a otra mujer, alzando la voz cuando un cargo no sea asignado a la mujer que tenía las condiciones, interrumpiendo al periodista que ponga en tela de juicio los dichos y derechos de las mujeres, reprender a una amiga que defenestra a otra mujer.


Y fundamentalmente, debemos involucrarnos, y empezar por nosotras mismas y por casa.


Frenemos todo tipo de violencia de género.


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