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¡El regreso de Satanás!

28/09/2016 06:38 hs
Una nueva serie "resucita" un famoso caso de exorcismo que inspiró la película más terrorífica de todos los tiempos.
Enrique Márquez
Por Enrique Márquez

Por Enrique Márquez

@ladislaomarquez

 

El viernes pasado se estrenó ―por la señal FX― la serie televisiva "El Exorcista", una nueva versión de la novela setentista de William P. Blatty y cuya adaptación cinematográfica del mismo nombre generó una de las mejores películas de terror de todos los tiempos. Del mismo modo, el eje central vuelve a girar en torno a dos sacerdotes exorcistas que enfrentan la supuesta posesión demoníaca de una jovencita.

 

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Se presume que Blatty narró la historia original en base a un caso real ocurrido en 1949, supuestamente en Mount Ranier, Maryland (EE.UU.). Pero el presunto poseído era un muchachito de 14 años y no una niña de 12 como la endemoniada "Regan" que representara magistralmente la actriz Linda Blair en el film de 1973.

 

La primera fuente de inspiración del autor fue una noticia publicada en The Washington Post (20-08-1949) sobre el exorcismo practicado a ese joven y al que luego reemplazaría por una niña como personaje principal en virtud de proteger su identidad [Entertainment Weekly, 31/10/2012].

 

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En 1993, Thomas Allen publicó la primera edición de "Poseído" (re-editado y ampliado en 2000) donde difundió la existencia de un diario escrito por el Pde. Raymond J. Bishop, jesuita de la St. Louis University, cuyo registro albergaba los detalles del exorcismo practicado a "Robert 'Robbie' Mannheim", pseudónimo que utilizó el autor para referirse al adolescente de Mount Ranier [Allen, T. B. (1993-2000) Possessed: The True Story of an Exorcism. Doubleday Books, N.Y. y Lincoln, NE: iUniverse.com, Inc. respectivamente; versión en castellano "Posesión. Historia real de un exorcismo", Ed. Grijalbo, Barcelona, 1994].

 

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Robbie, nacido en 1935, era hijo único y fue criado en el seno de una familia luterana. Los presuntos fenómenos paranormales o diabólicos (ruidos de goteo de canilla, arañazos y movimiento de un cuadro de Cristo) habrían comenzado el 15 de enero de 1949. Se intensificaron al poco tiempo tras el fallecimiento de su tía (hermana del padre) que era espiritista y le había enseñado a jugar con el tablero Ouija. Según señala el autor: "Robbie siempre se hallaba presente cuando sucedía algo misterioso". O sea, aparentemente era un típico "poltergeist", y con todo lo que eso implica, pero paulatinamente fue transformándose en uno caso de posesión demoníaca.

 

Según cuenta Allen: "Sus frenéticos padres intentaban explicar los fenómenos como travesuras, trucos que había aprendido de algún libro de magia", pero el muchacho repetía "¡Yo no lo he hecho! ¡Yo no lo he hecho!" (p.11). Fue así que la desesperación los llevó a consultar "a un médico, a un psicólogo, a un psiquiatra, a un médium y a un ministro de la iglesia." El psiquiatra descreyó de los fenómenos relatados y consideró a Robbie "normal", mientras que  el médico sólo vio al muchacho "algo tenso" pero que "no le sucedía nada".

 

Pero como los padres estaban convencidos de que su hijo era "víctima de un espíritu maligno", decidieron recurrir al Rev. Luther Miles Schulze. Dicho pastor luterano se mostró un tanto escéptico: "Durante varias visitas que realizó a la casa, Schulze vio muebles que se movían sin que aparentemente los empujara nadie. Vio platos que volaban y contempló sacudirse la cama de Robbie. Schulze guardó para sí la opinión de que Robbie de alguna manera causaba estos extraños sucesos" (p.12). Finalmente les aconsejó que el muchacho fuera examinado por un psiquiatra y, como señala Allen: "Su teoría al parecer coincidía con la explicación que se daban vecinos y amigos de los Mannheim: los extraños sucesos eran travesuras de un muchacho que entraba en la adolescencia" (p.16).

 

Cuando al muchachito empezaron a aparecerle arañazos "en los brazos, las piernas y el pecho", según el autor el Rev. Schulze "aceptó la derrota" y recomendó que consultaran a un sacerdote católico. A partir de ahí se produjo un largo periplo de exorcismos con la intervención de varios sacerdotes: Pde. E. Albert Hughes, Pde. Raymond J. Bishop, Pde. William S. Bowdern y el seminarista Walter Halloran, luego sacerdote que habría entregado al autor una copia del diario del Pde. Bishop.

 

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Las historias que surgieron durante ese período fueron tan fantásticas como las que luego reflejaría Blatty en su film: movimiento y levitación de diversos objetos, fríos espontáneos, agresiones físicas y verbales, blasfemias, vómitos, vociferaciones guturales en otros idiomas, escrituras en la piel,  fuerza física extraordinaria, etc.

 

Después de numerosos rituales fallidos, en abril de ese año los curas no sólo lograron "desposeer" al joven sino también bautizarlo, darle la comunión y convertirlo al catolicismo junto a su familia.

 

Las revelaciones de Thomas Allen dieron sus frutos y también tuvieron pantalla a través de documentales y entrevistas. Pero no todo era tan sobrenatural.

 

Exageraciones diabólicas

 

Como siempre suele ocurrir, la tendencia a la exageración y distorsión de los hechos pasa a ser la regla. El primero que se encargó de investigar a fondo el tema fue el periodista Mark Opsasnick, quien publicó sus resultados en Strange Magazine (Nº 20), en diciembre de 1998.

 

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Después de indagar en numerosos archivos y entrevistar a vecinos y amigos cercanos del protagonista, pudo determinar que el supuesto poseído ―a quien Opsasnick dio el pseudónimo "Rob Doe"―  no vivió en Mount Ranier. Él y su familia habitaron la casa localizada en el 3807 40th Avenue, en Cottage City (Maryland). Pudo verificar que la familia "Doe" se mudó a esa casa en 1939 y la habitaron hasta 1958.


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Los datos personales del muchacho (nombre completo y dirección), pudo corroborarlos a través de una copia de un anuario escolar del Gonzaga High School que también incluía una foto. Dicho material confidencial fue revelado posteriormente.

 

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Los testimonios obtenidos de algunos amigos apuntaban a un Rob Doe con ciertos problemas de comportamiento. Era travieso, mentiroso y astuto. No era muy querido por sus compañeros de clase y era bastante propenso a las rabietas y arrebatos violentos, incluso con su familia y sus pocos amigos; a veces también solía manifestar cierta conducta sádica y cruel con otros niños y animales.

 

Pero lo más importante fueron sus conclusiones sobre la famosa posesión demoníaca y los fenómenos maravillosos o sobrenaturales. Considera que la mayoría de los trabajos publicados sobre este tema no eran muy recomendables porque ofrecían material contradictorio y erróneo: "Es tanto lo que ha sido embellecido y fabricado que se ha vuelto casi imposible diferenciar realidad y ficción."

 

También señala que "la posibilidad de una actividad fraudulenta no fue considerada ni investigada". Fuentes cercanas a la familia le dijeron que el padre no creía que el chico estuviese endemoniado y que la posible presencia de una enfermedad psicosomática nunca se discutió.

 

Habló con el Pde. Walter Halloran, en ese momento único testigo vivo que ―como seminarista en aquellos tiempos― ayudó a los otros sacerdotes en los exorcismos. Halloran admitió que el muchacho habló algunas palabras en latín pero los imitaba a ellos. O sea que repetía lo que escuchaba y no porque de buenas a primeras manifestara el conocimiento de lenguas extrañas. Tampoco reconoció que el muchacho sufriera algún cambio en la voz y relativizó la aludida fuerza extraordinaria.

 

Cuando le preguntó sobre escupitajos, orina y vómitos por parte del muchacho, el cura dijo: "Bueno, escupir era frecuente...no fue significativo... que yo recuerde no hubo vómitos u orina". En cuanto a las "extrañas" marcas en la piel, dijo que por lo que él pudo observar no fueron auto-infligidas por el muchacho, pero nunca le revisaron sus uñas en busca de algún vestigio de piel o sangre. Y en cuanto al diario del Pde. Bishop, respondió que ya no lo tenía y que lo había quemado.

 

La conclusión de Opsasnick fue que Rob Doe era un niño perturbado, con serios problemas emocionales y ―como si fuese necesario aclararlo― no existía evidencia alguna de posesión demoníaca. Y como bien dice, todos aquellos que se involucraron en este caso vieron lo que estaban entrenados para ver: para los psiquiatras Rob Doe padecía una enfermedad mental, para los sacerdotes era posesión demoníaca, y los escritores, productores de cine/video, encontraron una gran historia para ganar dinero [Osasnick, W. (1998) The Haunted Boy of Cottage City: The Cold Hard Facts behind the Strory that Inspired 'The Exorcist'. Strange Magazine, 20; Osasnick, W. (1999) The Haunted Boy. Fortean Times, Nº 123, July, pp. 37-40].

 

En un documental posterior, a la voz escéptica se sumó la del sacerdote jesuita Francis Cleary, quien amplió lo expuesto por Opsasnick.

 

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Pequeño detalle

 

Una curiosidad a destacar fue ver la foto de Anneliese Michel (1952-1976) en el primer episodio de la nueva serie. No me pasó por alto puesto que su historia ya la he comentado en una nota anterior y es un emblema del daño ―en su caso mortal― que se puede provocar por una práctica vigente y medieval como es el exorcismo.

 

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Espero que este prometedor producto televisivo no desate la furia expulsora de diablos de algunos ridículos exorcistas mediáticos que nunca desaprovechan la ocasión.

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