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Asesinos Seriales

Mateo Banks: crónica de un homicida en masa

03/03/2014 07:05 hs
La vida del inmigrante irlandés que, perdido por el juego, planificó y ejecutó un plan criminal que se convirtió en uno de los casos más resonantes. Las imágenes pueden herir la sensibilidad del lector.
Mateo Banks: crónica de un homicida en masa
Cadáver de Julia Dillon.
Mateo Banks: crónica de un homicida en masa
Portada del diario El Ciudadano.
Mateo Banks: crónica de un homicida en masa
Casa de Mateo Banks.
Mateo Banks: crónica de un homicida en masa
Tranquera de entrada a "La Buena Suerte".
Mateo Banks: crónica de un homicida en masa
Casco de "La Buena Suerte".
Mateo Banks: crónica de un homicida en masa
Médicos autopsiantes.
Mateo Banks: crónica de un homicida en masa
Cadáver de Dionisio Banks.
Mateo Banks: crónica de un homicida en masa
Cadáver de Miguel Banks.
Mateo Banks: crónica de un homicida en masa
Cadáver de Cecilia Banks.
Mateo Banks: crónica de un homicida en masa
Cadáver de Sarita Banks.
Mateo Banks: crónica de un homicida en masa
Tumbas de los Banks.
Mateo Banks: crónica de un homicida en masa
Calle Ramón Falcón 2178.
Raúl Torre
Por Raúl Torre
Doctor en Criminalística

Crónica de un homicida en masa

Se denominan así a los casos de homicidios en los que las víctimas son más de una y son conducidas a la muerte por uno o más criminales en un mismo hecho violento; no necesariamente debe pensarse en un evento catastrófico, como el empleo de un artefacto explosivo o un incendio, la acción dentro de una misma escena del crimen puede ser continuada, empleando cuchillos, instrumentos contundentes o armas de fuego.           

 
La historia de Mateo Banks
Mathew Banks y Ana Ward, inmigrantes irlandeses, se establecieron en 1867 en la localidad de Chascomús, Provincia de Buenos Aires, donde nacieron todos sus hijos María Ana en 1869, Dionisio en 1869, Miguel en 1871, Mateo en 1872, Pedro en 1875, Catalina en 1877 y Brígida en 1879. En 1897, se radicaron en una estancia en el partido de Azul, a la que bautizaron como "La Buena Suerte"; en 1899, adquirieron el establecimiento rural contiguo, al que llamaron "El Trébol".

 

A su muerte, Mathew deja a sus hijos en condominio, los campos con más de cinco mil animales entre vacunos, lanares y yeguarizos. Ana Ward había fallecido en 1901, Pedro y Brígida en 1911.

 

Mateo Banks, hombre de prestigio social, en permanente ascenso, tenía una gran participación religiosa; presidía  la  Liga Popular Católica y portaba el palio en las procesiones. Era representante de la agencia de automóviles Studebaker. Practicaba el tenis con las jóvenes más distinguidas de la ciudad.


      Casa-de-Mateo-Banks.jpg

Figuraba siempre en la primera línea en las notas sociales. Fue vice-cónsul de Gran Bretaña. Era miembro del Consejo Escolar, donde se ganó el respeto de sus conciudadanos por su práctica indulgente y comprensiva con las faltas de aquellos que le tocaba juzgar. Era  partidario del confort y del lujo, y mantenía una posición social superior a su posición económica,  era persona de muy buena presencia, caballero de trato amable, aire paternal y una serie de dones visibles que lo hacían agradable y atrayente.

 

También tuvo una destacada militancia en el Partido Conservador, del que fue un integrante importante.  Era socio del Jockey Club y del Club Social de Azul, donde participaba de su gran afición: el juego. Sin embargo, Mateo Banks nunca tuvo un trabajo fijo, ni se le conoció realmente una actividad estable, en algún momento se vio obligado a venderle a su familia su parte en el condominio rural.

 

Miguel, hermano de Mateo, se había casado con la señora Julia Dillon. Ellos con su hermana María Ana, soltera, y el peón Claudio Loiza vivían en "El Trébol".

 
Su hermano Dionisio se había casado con Sara Keena, prima segunda de los Banks, producto de la unión eran tres hijas: Cecilia  nacida en 1908, Sarita en 1910 y Anita en 1917. Ellos y  el peón Juan Gaitán también conocido como  "Illescas", vivían en "La Buena Suerte" a excepción de Sara Keena quien, al poco tiempo de tener a Anita, fue internada en un hospital de alienados en Buenos Aires, donde permaneció hasta su muerte.


      Casco-de-la-Buena-Suerte.jpg

La vida de ostentación y lujo que llevaba Mateo Banks no podía sostenerse, el juego era su perdición y  lo llevó a la ruina económica.

 

El 12 de abril de 1922, Mateo Banks ingresó en el camino sin retorno y directo al más grande de los crímenes de su época,  ¿el móvil?: mantener su status social. Compró en la Casa Brumana una docena de cartuchos calibre 12, llevando consigo una escopeta. Anteriormente había comprado en Casa Vigna, cartuchos también para escopeta, pero calibre 16.

 

El 18 de abril, en "La Buena Suerte" encontró a sus hermanos Dionisio y a Sarita solos. Al desplazarse Dionisio de una habitación a otra, le efectuó un disparo por la espalda e inmediatamente otro. Ante las detonaciones y comprendiendo la realidad, Sarita gritó de terror y pretendió huir; el criminal la alcanzó, la golpeó con la escopeta y la arrojó dentro de un aljibe, a diez metros al frente de la casa, donde la ultimó con dos disparos. Luego, se hizo de un colchón sobre el cual colocó a Dionisio.


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Entrada la noche, se hizo presente el peón Gaitán en el sulky. Mateo que se encontraba al acecho desde largo rato, fue al galpón donde Gaitán estaba desensillando y sin mediar palabra, lo mató de un solo disparo. Muertos todos los habitantes, aseguró las puertas de la casa y en el sulky  y se dirigió a "El Trébol", llegando aproximadamente a las 20.00 horas, le pidió a Claudio Loiza, que lo  acompañara a "La Buena Suerte" porque Dionisio se encontraba  enfermo.

 

Ya en camino, y como a un kilómetro de "El Trébol", dejó caer el rebenque y le ordenó a Loiza que lo recogiera, cuando el peón retornaba con el látigo, lo mató de dos disparos y regresó a  "El Trébol".  A las 23.00 horas todos descansaban en la casa, cuando él golpeó la ventana del cuarto de María Ana, pidiéndole  ir a "La Buena Suerte" porque Dionisio había empeorado; salieron y a los pocos  metros, Mateo, que marchaba con su escopeta un poco más atrás, le disparó por la espalda a su hermana que cayó sin vida.


 
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Regresó a la casa, llamó a su cuñada Julia, y le pidió que preparara té porque estaba descompuesto. Luego quedó al acecho en la oscuridad. Julia se aprestaba a servir el té cuando murió instantáneamente, producto de un único disparo. Ante el sonido de la detonación, se alertó Miguel, que se hallaba enfermo en la cama, Mateo penetró en su habitación y le efectivizó dos disparos. Restaba Cecilia que se encontraba aterrorizada e inmóvil en el comedor, donde murió de un disparo.

 

Mateo fue nuevamente al dormitorio de Miguel, que estaba  agonizando  recostado en la cama, quien balbuceó llamando a Julia, por toda respuesta recibió otro disparo y murió en el acto.

 


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Hay dos habitantes de "El Trébol" que aparentemente salvaron sus vidas por una actitud misericordiosa del criminal: las niñas Anita Banks, hija de Dionisio y María Ercilla Gaitán, hija del peón Juan Gaitán. Antes de retirarse y sin haberlas tocado, las encerró en su cuarto.

 

Finalizada su macabra obra, Mateo, se dirigió a la casa de un vecino y luego a la Ciudad de Azul donde relató una historia en la que los peones Loiza y Gaitán habían matado a toda su familia para robarles y él los habría sorprendido y enfrentado, logrando abatir a ambos, para lo cual empleó la escopeta Calibre 12, en tanto los homicidios de sus familiares se cometieron con la Calibre 16.


      Tumbas-de-los-Banks.jpg

Fue detenido por ese hecho y luego formalmente imputado por todas las muertes. Es que Mateo en la minuciosa planificación del hecho, para simular un enfrentamiento armado, se disparó en una bota, las municiones perforaron la capellada y atravesaron la suela, pero su pie estaba indemne.

 

Mateo Banks fue condenado a reclusión perpetua en la Unidad Penal de Ushuaia, donde se hallaba cumpliendo su pena Cayetano Santos Godino (a) "El Petiso Orejudo".

 

En 1942, luego de casi diecinueve años de reclusión, Mateo Banks salió en libertad. La pena le había sido reducida, por su buena conducta intra carcelaria. Había pagado su deuda con la sociedad y a ella se reintegraba.        

 

En 1949, los clientes de la pensión ubicada en la calle Ramón Falcón 2178 de la Capital Federal pudieron observar, cubierto por una manta, el cadáver de Eduardo Morgan, un callado y apacible anciano de setenta y siete años; cuando fue retirado por personal de la Seccional 38, de la Policía Federal.


 
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Conocían que la salud del viejo, por trastornos digestivos, no pasaba por un buen momento; sin embargo aquel fin resultaba igualmente inesperado. Se sorprendieron más tarde al saber que su compañero había muerto desnucado en la bañera y su verdadero nombre era Mateo Banks, ex penado y homicida  múltiple que, refugiado en un alias  para permanecer en el anonimato, recibía en pueril accidente una muerte violenta, como la que con tanta generosidad había prodigado una noche, muchos años antes.    

     

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