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La coartada que no fue: la trama secreta del asesinato de Ángeles Rawson

17/06/2013 19:10 hs
Fuentes de la investigación aseguraron que el portero del edificio, Jorge Mangeri, golpeó a la joven, la dejó inconsciente y la arrojó al contenedor.

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El portero del edificio donde vivía Ángeles Rawson, Jorge Mangeri, intentó abordar sexualmente a la joven, pero ésta opuso resistencia y por ese motivo el hombre la golpeó, la dejó inconsciente y luego la mató arrojándola a un contenedor.

 

Fuentes de la investigación aseguraron que el encargado fue el único autor del asesinato el lunes pasado, cuando la interceptó en el hall del edificio y la llevó hasta el sótano.

  

De acuerdo con la fuente, el hombre se llevó a la joven bajo algún pretexto, y una vez en el sótano habría intentado violarla, pero como ella se resistió, no llegó a consumar el hecho.

 

Esto provocó la furia de Mangeri, quien le pegó un fuerte golpe -habría sido una trompada en la cara- que provocó que la dejara inconsciente.

 

El encargado pensó que la había matado y allí comenzó a  preparar su coartada para que no se descubriera el hecho.

 

Así habría sido cómo la ahorcó para que el asesinato pareciera más de tinte mafioso. Luego habría dejado la bolsa con el cuerpo en el sótano y sabiendo el horario en el que pasa el camión recolector de residuos esperó para sacarla al container.

 

Mangeri creyó que de esa manera la llevarían al CEAMSE y una vez allí compactarían la basura, por lo que no quedarían rastros de que fue él quien la mató.

 

"Este hombre quedó con algunos rasguños, pero confiado en que nunca encontrarían el cuerpo no les llevó el apunte. El problema comenzó cuando hallaron el cadáver en el CEAMSE y se conoció la noticia", reveló la fuente.

 

Uno de los hechos que los investigadores tratan de "cerrar" es por qué las llaves de la chica estaban en el interior de la casa, si ella salió a la clase de gimnasia y volvió.

 

Incluso la mucama de la familia dijo que no vio regresar a la  joven, dado que a la hora en que se presume regresó al departamento, ella estaba limpiando y uno de los hermanastros de la chica dormía en su habitación.

 

Por lo que presumen -al igual que la fiscal María Paula Asaro-  Mangeri interceptó a la chica antes de que ella ingresara a su  casa y fue él mismo el que le abrió la puerta de entrada al edificio.

 

Al mismo tiempo un oficial de la Policía Federal halló manchas de sangre de Angeles en un container cercano al edificio de Ravignani 2360, el mismo en el que Mangeri depositó la bolsa.

 

De inmediato, el portero comenzó con su coartada de la enfermedad y su licencia, pero al ver que la causa avanzaba se habría quemado la cara y el pecho con cigarrillos para disimular los rasguños que le propinó la chica al resistirse.

       

Llegado el viernes fue a declarar y cuando le hicieron algunas preguntas se quebró y confesó el crimen de Angeles, pero pidió que no la involucren a su esposa porque no tenía nada que ver con el hecho.

 

Es por eso que el análisis que le hicieron a Ángeles en las uñas para tratar de hallar ADN de otra persona será clave para poder afirmar que el encargado fue el autor del hecho, aunque para conocer los resultados deberán esperar varios días.

 

El testigo encubierto, por su parte, y contrario a lo que dieron a conocer los medios, realizó declaraciones contra el padrastro de la chica, Sergio Opatowsky, con la idea de incriminarlo, aunque se desconocen los motivos.

 

Este hombre dijo haber visto a un hombre canoso sacar de ese edificio una bolsa negra de consorcio y eso le llamó la atención.

 

La fiscal Paula Asaro le preguntó cómo lo vio y él respondió que pasaba con el colectivo por la puerta del edificio, y de inmediato le preguntaron si usaba tarjeta SUBE y al responder en  forma afirmativa se la mostró.

 

La fiscal pidió que ingresen a la página web que tiene la tarjeta y allí se constató que en el horario que dice haber estado en Palermo se encontraba en el Conurbano, por lo que su testimonio fue desechado rápidamente.

 

Luego llegó la declaración del encargado como testigo –la fiscal y los investigadores tenían sospecha sobre él- pero al hacerle ciertas preguntas vitales terminó confesando el crimen.

 

Aún faltan atar ciertos cabos menores en esta historia y reafirmar con las pruebas la culpabilidad de Mangeri, pero la causa parece ir camino a cerrarse.

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