lunes 17, diciembre 2018 | Actualizado 08:44
Usuario
Bienvenido
T 20°C H 68%
Informe Especial

Exclusivo de DiarioVeloz.com: Fito Páez - Amnesia serial y las muertas de su placard

05/09/2012 15:46 hs
La incontinencia verbal del cantante rosarino -y más cuando acusa de asuntos tan serios como son los "buchoneos" macabros durante la última dictadura-, ponen en el centro del escenario la trágica historia de su abuela y tía asesinada brutalmente en 1986. Leé y enteráte de qué se trata. Por Boimvaser.
Por Jorge D. Boimvaser
info@boimvaser.com.ar


El hombre se cree un divo a prueba de balas. Cuando concurre a ciertos lugares (hoteles o restaurantes con reserva previa) impone una condición copiado de la cantante Madonna.  Los empleados del lugar no deben mirarlo a los ojos, bajo amenaza de retirarse del lugar considerándose mal tratado.

¿Se protege así de las malas ondas? Nunca dice el motivo porqué él siempre está por encima de la plebe y no tiene que dar explicaciones de sus berrinches..

El fallecido escritor David Viñas usaba una expresión especial para ciertas actitudes. Calificaba a algunos excéntricos de la escena pública diciendo: "Es un pelotudo con vista al mar".

Allá ellos con su filosofía barata y zapatos de goma (gran tema de Charly García). Pero si vas a acusar sin debidas pruebas a quien vos suponés mandó gente al horno en tiempos de la dictadura, estás expuesto a que cuenten tu desagradable historia personal.

Cualquiera en este mundo conoce cuáles son ciertos códigos de la mafia, principalmente de la mafia narco. Si les debés plata (sea porque compraste sustancias a crédito o le pedís dinero prestado y no lo devolvés porque sos un rockstar), te asesinan, sos un muerto caminando. Y si no te encuentran a vos, la garantía son tus seres más queridos. Los matan a ellos. Aquí, en Rosario y en la China pasa lo mismo.

Hace justo 26 años, el 7 de septiembre de 1986, Walter Alfredo Di Giusti y su hermano (narcos y criminales temibles), ingresaron haciéndose pasar por plomeros en la casa de la calle Balcarce 681, a cien metros de la Jefatura de Policía de Rosario.

Eran tiempos que la gente no estaba prevenida como ahora cuando desconocidos tocaban el timbre y se presentaban para arreglar alguna pérdida de agua o cosa similar.

Fito Páez ya estaba viviendo en Buenos Aires y había dejado a la deriva algunas cuentas personales, deudas que una estrella de rock se da el "lujo" de no saldar.

En esa casa habitaban dos ancianas que habían sido las madres postizas del músico.  Zulema Ramírez (80 años) y Josefa Páez (76), abuela y tía respectivamente.

Fermina Godoy era la empleada doméstica –embarazada de siete meses- que estuvo por esos designios misteriosos de la vida, en el lugar y la hora equivocada.

Al mejor estilo de la secta de Charles Mason, Di Giusti y sus acompañantes (se sospechó que pudieron haber sido su hermano y otro personaje nunca identificado) mataron a las dos ancianas y la empleada doméstica con todo el horror propio de mentes psicópatas.

Balas a granel y cuchilladas de remate fueron más que para borrarlas de este mundo sino para dar un mensaje terrorífico a quienes sabían que con ese mundo mafioso y criminal nadie jode gratuitamente.

Cuando la policía ingresó a la escena dantesca de la calle Balcarce en seguida "leyó" el escenario.  Faltaba el dinero de los ahorros de las ancianas y un radio grabador, pero el meta mensaje del triple crimen estaba a las claras tenía otro significado.

El músico adoraba a las dos mujeres que lo habían criado y eso era conocido en todos los ambientes artísticos de Rosario.  En esa casa se juntaban músicos y otros amigos durante la época en que Fito Páez aún no era "importante" y no había visitante al que no le declarase el amor que sentía por ellas.

Cuando uno de los investigadores le pidió a Fito Páez que les cuente con quien había transado porqué ellos serían los autores de la barbarie (la lógica elemental de ese tipo de masacres), el músico se enojó mal y hasta le dedicó una canción al osado policía.

Algún amigo del círculo íntimo de Páez dio la data que todo el mundo sabía alrededor de los hermanos Di Giusti. A todo eso, y previendo que así podía ser, Walter Di Giusti se enroló en la sub comisaría de Pueblo Esther, un mini paraíso al orillas del río Paraná situado a 15 quilómetros de Rosario.

A los hombres se los conocía por un seudónimo, lógico que nunca un narco utiliza sus datos reales y menos si además son asesinos seriales.

En agosto de 1987 un travesti que fue pareja de Di Giusti quedó despechado por un reparto de dinero y lo delató por el triple crimen de la calle Balcarce. No fue mucho lo que tuvo que hacer la policía para confirmar que el hombre participó en el asesinato, hallaron el radio grabador en su vivienda y la prueba alcanzó para condenarlo en 1994, junto a su hermano.

¿El travesti fue el tercer personaje de aquella trama macabra? Nunca se confirmó, aunque estuvo siempre la sospecha firme.

Estando en prisión, Di Giusti contrajo SIDA y la justicia le otorgó el beneficio del arresto domiciliario. Fito montó en cólera porque no quiso ningún beneficio para el asesino de sus familiares, ni siquiera por cuestiones piadosas.

Pero el criminal mejoró su salud y cuando el juez Abalos se lo cruzó en una calle céntrica de Rosario habiendo violado el beneficio de la prisión domiciliaria, Walter Di Giusti volvió a prisión donde se descompensó en 1998 y falleció en el Sanatorio Americano de Rosario.

Fito Páez lleva la espina de aquel suceso en su alma y sus íntimos (no son muchos) dicen que el recuerdo lo vive atormentando.

Por eso resulta injustificable señalar sin pruebas a presuntos "buchones" de la dictadura militar cuando el hombre también lleva en su conciencia -por diferentes causas- las tres muertes de aquel fatídico 1986. Las muertas de su placard.
Enviá tu comentario
Seguí leyendo...