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Una pareja de chicos detenidos y coincidencias de huellas: los detalles del crimen del diácono en Temperley

11/06/2019 10:17 hs
Los detenidos reconocieron que chateaban con él. Tienen 20 y 19 años. Creen que se trató de un crimen pasional.

Durante la madrugada de este martes se realizaron dos detenciones clave en la causa por el crimen del diácono Guillermo Luquín. Se trata de dos jóvenes, de 19 y 20 años, vecinos del barrio y con contacto habitual con el religioso. Ambos están acusados de ser partícipes del asesinato ocurrido el domingo pasado en su casa de Temperley, ubicada en Bombero Ariño al 800.


Las detenciones y las investigaciones estuvieron a cargo de los efectivos de la Jefatura Departamental de Lanús, la Distrital de Lomas de Zamora Sur y de la DDI local. "Ambos están sospechados de ser los autores materiales del crimen", dijo uno de los investigadores, quien explicó que el móvil del crimen fue pasional.


El crimen ocurrió el sábado por la noche. El sobrino de Luquín encontró el cuerpo el domingo por la tarde, cuando fue a verlo a su tío. No había concurrido a misa y eso le llamó la atención. Pero al llegar a la casa se encontró con una escena de película de terror.


El ingreso de la propiedad no estaba forzado. En dos vasos con gaseosa encontraron seis huellas dactilares. La casa estaba ordenada, excepto la habitación principal, que estaba revuelta y se convirtió en la escena del crimen. Los investigadores al ingresar encontraron un velador tirado en el piso, a su lado una barreta y un cuchillo ensangrentados. Más atrás estaba sobre la cama el cuerpo de Luquin, el diácono de 52 años de la parroquia Nuestra Señora del Carmen de la Diócesis de Lomas de Zamora, envuelto en sábanas.


Los dos detenidos, que afirmaron ser pareja, reconocieron que intercambiaban mensajes con la víctima. Y las huellas de uno de ellos coinciden con las encontradas en la escena del crimen en una copa y en una mancha de sangre.


Ahora se continúa con la investigación para determinar el móvil del crimen. Según los peritos el religioso se defendió de los homicidas. El crimen de Luquin conmueve a toda la comunidad Carmelita, a los vecinos y el Instituto Nuestra Señora del Carmen, que depende de la parroquia. El lunes por la noche hubo una marcha desde la casa del diácono hasta la iglesia.


Mientras tanto, los investigadores intentan unir todos los indicios que hallaron en la casa. Según las primeras afirmaciones, no se trató de un crimen predeterminado sino de un ataque que "surgió en el momento", que la víctima conocía a su asesino y que se defendió.

Los peritos no detectaron que los ingresos al domicilio hayan sido violentados y descubrieron que un juego de llaves había quedado colocado en la reja del frente.


Algo sucedió entre las 23 de sábado 8 de junio y las 2 de la madrugada entre esa persona que, para los investigadores, compartió con Luquin un vaso de gaseosa, donde se hallaron huellas dactilares. ¿De qué hablaron? ¿Por qué pelearon? ¿Qué fines tenía el encuentro a esa hora? Aún no llegaron a responder esas preguntas.


Pero los peritos lograron detectar al menos seis rastros de huellas dactilares: dos eran del diácono. Por lo pronto, dieron negativo en la base de datos de las personas que tienen antecedentes penales, indicaron fuentes judiciales. A su vez, según la autopsia, al diácono lo golpearon en la cabeza con tanta fuerza que le fracturaron el cráneo. Además, le dieron cinco puñaladas, una de ellas en el cuello. El traumatismo y la herida en la arteria carótida fueron mortales.


"El asesino golpeó a Luquin con brutalidad con un velador y una barreta, que tenían rastros de sangre. Y lo atacó con lo que tenía a mano: un cuchillo para tajearlo y apuñalarlo en cinco lugares distintos: el cuello, los brazos y la panza", detallaron según publicó Clarín. 

La mala noticia para los investigadores es que la cámara de seguridad de un vecino que podría haber arrojado algún dato no captó ningún movimiento extraño, aunque aguardan el resultado del análisis de las municipales. Tampoco apareció el celular del diácono y los investigadores están convencidos que fue lo único que se llevó el asesino de la casa de Luquin. El teléfono permanece apagado.


Lo que se puedo determinar es que el religioso mantenía conversaciones por redes sociales con otros hombres. Uno de ellos fue llevado a la UFI N° 6 de Lomas de Zamora, a cargo de Carlos Baccini, quien le tomó declaración el lunes por la tarde. Desde un principio, se descartó la hipótesis del robo y la investigación está orientada a que algo sucedió entre la víctima y su asesino que desencadenó el ataque en el interior de la habitación, donde el cuerpo fue hallado desnudo y envuelto en sábanas.


Las versiones de denuncia de abuso de menores


Según publicó Infobae, el hermano de la víctima, que llegó de la provincia de Córdoba en las últimas horas, hizo referencia a un hecho vivido hace algún tiempo por Luquín. Contó que había recibido una denuncia vía redes sociales en la cual lo acusaban de haber llevado a un menor hasta un lavadero de autos para abusar de él. Sobre esto, Infobae pudo comprobar que efectivamente se realizó un escrache por redes, pero que no existe ninguna denuncia ni causa en la Justicia al respecto.

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