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Lo que le faltaba a los porteños: por el G20 hospitales en alerta roja y cirugías suspendidas

28/11/2018 14:46 hs
Restricciones de tránsito y demoras para viajar. Escuelas, shoppings y restaurantes "trabados" y operativos de seguridad.
A menos de 24 horas de su inicio, para muchos en la ciudad de Buenos Aires el G20 es algo más -y bien distinto- que la histórica Cumbre de Líderes. Es que la rutina de quienes viven, estudian o trabajan en las zonas de exclusión -algunas no permitirán ni siquiera peatones- irá al ritmo de la de las delegaciones presidenciales. Pero a contramano. La diferencia, dicen a Clarín, es que mientras la Capital se pone a disposición del mundo, "queda sitiada para los locales". 
 
Por los operativos de seguridad y restricciones totales o parciales de circulación de peatones, vehículos, transporte y servicios públicos, los que tienen la billetera "blindada" contra el fin de mes, invertirán en "tranquilidad" con escapadas fuera de la Ciudad durante esos días. El resto, la mayoría, se quedará en casa, "sin WiFi" -temen algunos- y ejercitando el footing.

El Puerto y la Costanera Norte serán los lugares más custodiados y quedarán bloqueados desde el jueves 29 a las 21 hasta el sábado 1° de diciembre a las 22. El área de mayor restricción es, desde luego, la cercana a Costa Salguero, donde se concentrarán las reuniones. Pero el impacto del evento ya se siente por las actividades asociadas.

Por ejemplo, el paso del príncipe saudita este miércoles antes de las 8 por la autopista 25 de Mayo mantuvo el Metrobus bloqueado y a los pasajeros de los colectivos esperando 25 minutos en el peaje si "van a habilitar o no la bajada en Capital". En el 96 semi rápido, por ejemplo, el colectivero no tenía información, aguardaba "órdenes". Las manifestaciones anti G20 también afectarán al tránsito: como la del jueves, con acampe en la Plaza Congreso, y la del viernes, a las 15, en un lugar "a confirmar".

Hay ocho afectados al operativo. Habrá refuerzos en las guardias y el personal tiene que estar disponible.

Las camas de terapia intensiva están reservadas. Las cirugías programadas para esta semana no se harán. Los servicios de guardia tienen asignados equipos en reserva, integrados por doctores y técnicos que, ante un llamado, tendrán hasta una hora para decir presente y empezar a trabajar. Por estos días, los hospitales se piensan más por colores -rojo y amarillo-, que por sus nombres o especialidades, y muchos de la Ciudad y algunos de la Provincia están en alerta. La razón es la cumbre del G20.

"Estamos trabajando con una hipótesis de conflicto. Un concepto quizá desafortunado, por ser demasiado bélico, pero que se traduce en prepararnos para un acontecimiento que genere víctimas múltiples", explica a Clarín un médico del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, que pide reserva de su nombre. No está preocupado. Dice que se trata de una especulación, que en medicina es conveniente exagerar y que es mejor prepararse para un evento que difícilmente ocurra, que no hacerlo.

Desde el fin de semana, en el Gutiérrez se suspendieron las cirugías que requerían post-operatorios en terapia intensiva. La decisión partió del Ministerio de Salud porteño que durante la cumbre le exige al hospital pediátrico, y a otras siete instituciones médicas de la Ciudad, la mayor cantidad de camas libres en áreas críticas e intermedias.
Además, dentro del proceso de adecuación, las autoridades del Gutiérrez adaptaron la terapia cardiovascular para atender enfermos de cualquier índole, y armaron una unidad que soporte el ingreso simultáneo de decenas de heridos, con sectores rojo, amarillo y verde para la distribución de los pacientes, según su gravedad.
 
"El G20 es un evento especial, en el que puede haber incidentes químicos, humos tóxicos, gas pimienta, distintos escenarios que nos obligan a tener un área de desintoxicación, que ya está contemplada", agrega el médico. Tanto él, como otros profesionales de los centros públicos involucrados, trabajan con un antecedente: la cumbre del G20 en la ciudad alemana de Hamburgo. Ocurrió el año pasado y fue una de las reuniones más violentas. Incluyó 100 mil manifestantes, 186 detenidos, 225 arrestos temporales y 400 policías heridos.

En la Ciudad de Buenos Aires, los hospitales en alerta roja por la cumbre son Argerich, Fernández, Santojanni, Quemados, Santa Lucía, Gutiérrez, Pirovano y Tornú. En ese último, en su entrada sobre Combatientes de Malvinas, en Parque Chas, el paso en auto está restringido. "Es para no saturar el estacionamiento y permitir el despegue o aterrizaje de un helicóptero", dice un médico del hospital.
 
Hospital Tornú. Está afectado al operativo por la Cumbre del G20. Tiene helipuerto y en uno de sus ingresos el tránsito ya está restringido.

Tiene más de 25 años de servicio y recuerda preparaciones similares durante la visita de Bill Clinton a Buenos Aires en 1997. "La diferencia es que era un presidente y ahora son 19", afirma, y aclara que la preparación hasta el momento también pasa por reforzar la cantidad de personal en guardia y aumentar en un 20% la capacidad de atención del área crítica. Define: "Es una planificación preventiva, para responder en caso de emergencia".

En las últimas semanas, cuando se notificó a los médicos, enfermeros y técnicos de las modificaciones en la atención, las redes sociales y WhatsApp funcionaron como caja de resonancia.

El primer documento que se viralizó fue una norma emitida por la Dirección de Hospitales de la Ciudad que suspendió las licencias ordinarias, asistencias a congresos, jornadas y simposios, como forma de reunir a la mayor cantidad de personal en los días anteriores y mientras se desarrolla el G20. Más cerca en el tiempo, circularon solicitudes de cada centro médico referidas a la obligación de liberar camas y ponerlas a disposición de la guardia. También, llegaron y se reprodujeron audios. Algunos como el de una supuesta enfermera del Hospital Udaondo, que instaba a no salir de las casas durante la cumbre y decía que se "suponía que iba a haber 1.500 muertos". El audio no tiene fundamento.
 
Pero más allá de los contenidos falsos, Whatsapp y Twitter también están funcionando con un canal en el que los mismos médicos debaten respecto a los alcances de "trabajar con una hipótesis de conflicto".

No todos las instituciones resuelven casos de complejidad alta ni están en igualdad de recursos, infraestructura y equipamiento. "Algunos hospitales no están en condiciones de absorber una catástrofe. Muchos están desguazados. Acá muchas veces ni siquiera hay hilo para suturar", se queja un jefe de servicio del hospital Durand, que está en alerta amarilla. En el Pirovano también hay reclamos.

"Hace un año sabemos del G20, pero recién en los últimos días empezaron a decirme: 'ojo que si es necesario tenés que reforzar'. No existe. ¿Cómo llegó? No hay subte, ni trenes, funcionan algunos colectivos y la Ciudad en gran parte está cerrada", dice un médico de guardia.

En el Pirovano se creó un comité de emergencia, pero la organización a su criterio no fue acertada: "Meses atrás había que rearmar las guardias y decidir quiénes iban a venir. Ahora ni siquiera están convocados los técnicos, y sin ellos los quirófanos no pueden usarse", dice y termina: "La idea de reforzar con personal suena bien, pero en la práctica es inaplicable".

El doctor Alejandro García Escudero, uno de los jefes del hospital El Cruce, de Florencio Varela, disiente. "Nosotros estamos en condiciones. Tenemos personal, medicamentos, prótesis, material descartable, dispositivos ortopédicos", enumera. Por la cercanía del hospital bonaerense con la Capital, por tener un helipuerto y por ser un centro de alta complejidad, se sumó al registro. Funciona bajo alerta amarilla.

"Esa designación implica que el plantel de guardia, como otros médicos y técnicos, se vuelvan redundantes -dice García Escudero-. Así, en caso que ocurra un evento, se los llama, acuden con rapidez y se pliegan a la atención. Ojalá nada ocurra, pero, por si acaso, hay una logística de prevención".

Fuera de la Ciudad

Fernanda es contadora. Vive en Sarmiento, entre Paraná y Uruguay y cuenta que huye a Junín, la ciudad de donde es su esposo, desde el jueves a la tarde. Se va con él y con sus hijos, de 15, 13 y 11 años. El Gobierno de la Ciudad le mandó un correo electrónico informándole que su casa está en la zona afectada por el G20. "Va a estar todo cortado, ni voy a poder sacar el auto de la cochera y me mandaron un sólo mail, donde me piden que 'camine'. Se dice que no va a haber WiFi y los peques no puede vivir sin Netflix encerrados", dice. Como sí hubo comunicación oficial de las restricciones de tránsito, nada se informó hasta ahora de una supuesta limitación en las comunicaciones: un rumor similar corrió cuando vino Barack Obama al país.
 

Sin embargo, Fernanda dice: "tengo miedo: si pasó lo que pasó en River, acá puede haber un atentado". Además, celebra que pudo tener el dinero para "escapar a esta altura del mes". Su oficina en Once la va a cerrar ya desde el jueves a la tarde "porque después de las 18 va a ser imposible que mis empleados vuelvan a sus casas". 
 
Marcela también es contadora y vive en Avellaneda. Pero también aprovecha el feriado del viernes para hacer una escapada a Necochea. "No huyo del G20: me excluyen por trabajar en una zona vedada", aclara. La oficina en la que trabaja cierra por el feriado: "No hay opción. Como los trenes no salen, no pueden funcionar tampoco. Es un lío, la verdad. Deberían haberlo organizado en alguna ciudad del Interior donde resultaría más fácil controlar las calles sin tanto parate económico".
 

Otro escenario complicado es el de quienes viven en las dos manzanas que rodean al Teatro Colón. Ahí se presentará Argentum, el espectáculo que tendrá lugar en la tarde-noche del viernes, previo a la cena de gala para los diplomáticos. Desde el Gobierno de la Ciudad dijeron a Clarín que censaron a cada uno de los vecinos para garantizar su acceso a la zona. 


El estrés de los exámenes

El G20 afecta muy especialmente a estudiantes, escolares y universitarios que tendrán que esperar unos días más para rendir finales o aguantar la incertidumbre de saber si promocionaron o no. 
"En esta época, cada año, se hacen las mesas integradoras. Es el momento en el que muchos de los chicos definen su escolaridad. Si van a promocionar o no. Entre esos nervios, decidimos cerrar para no generarles un doble estrés, el de '¿Me tomarán o no?', '¿Podré llegar a rendir o va a estar todo cortado?'", cuenta a Clarín Estela Domínguez Halpern, rectora del Instituto Industrial Luis A. Huergo, de la calle Perú 759, que reprogramó también las mesas del jueves.
 
La Dirección General de Educación de Gestión Privada (DIEGEP) no le sugirió ni una cosa ni la otra, quedó a criterio de las autoridades de esa institución de educación media que tiene 1.000 alumnos. El aviso de que reprogramarían las mesas fue a través de la agenda que cada chico lleva a su casa. Pero Estela tuvo que contestar por WhatsApp hasta altas horas de la noche la misma duda de padres y madres, quienes tuvieron que reprogramar la agenda de toda la familia.
 

En el caso del Nacional Buenos Aires, el último examen de ingreso es este sábado. Ese día los chicos tienen que rendir Historia. Recién hace una semana les comunicaron que finalmente rendirán en la fecha original, pero en otra sede y horario: en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, a las 8.30. "Con todo el miedo que les provoca rendir en una universidad -cuenta una de las madres-, cuando recién salieron de la primaria".

En el caso de los universitarios, la UCA reprogramó los finales (las clases ya terminaron) y dijeron a este diario que el jueves la universidad "estará abierta, por ejemplo, para el acceso a la biblioteca". Sin embargo, ese día decidirán si cierran antes. El viernes, feriado, permanecerá cerrada.
 

Shoppings y restaurantes

Los comerciantes, en tanto, se dividen entre los gastronómicos -que aprovecharán clientes con dólares y euros- y los que cerrarán ante la realidad de que no van a hacer "ni una venta" porque no habrá público.

El Patio Bullrich y el Paseo Alcorta son dos de los shoppings que quedan dentro de la zona "crítica". El primero abrirá normalmente jueves y viernes, mientras que el Alcorta cerrará el viernes y el sábado abrirá recién después de las 14 por el evento de las primeras damas que se hará en el contiguo Malba. Fuentes de IRSA, propietaria del shopping, explicaron que cada locataria se hará cargo del traslado de los empleados durante los días que haya complicaciones para circular.  
 
"No podemos cerrar ya que sería una gran pérdida económica, son muchos días afectados. Nos informaron que estará todo restringido, pero habrá circulación. Seguramente que no trabajaremos como otros días o fines de semana, pero necesitamos abrir así que estamos atentos todo el tiempo acerca de los cortes o medidas de seguridad", admitió Karina Fernández, socia y gerenta del restaurante Puerto Cristal de Puerto Madero.
 
Ese "minuto a minuto" sobre los cortes también mantuvo en vilo a la heladería El Podio, que tenía hasta el miércoles dos de sus sucursales en duda: la de Puerto Madero y la de Lavalle y Carlos Pellegrini. "Por suerte vamos a poder abrir normalmente. No están en el perímetro, la de Puerto Madero está justo está en la última dársena", se aliviaron

"Comprendemos lo que está sucediendo y deseamos que sea importante para el país, pero creemos que una compensación económica sería una ayuda para afrontar esta baja de trabajo. Algún beneficio de impuestos municipales o servicios que nos está costando pagar", agregó Fernández. Sus empleados llegarán en auto y los que no tienen se les dará franco. Y respecto a sus proveedores, creen "que no podrán llegar". Pero ya están stockeados "para que nos nos falte nada durante estos casi cuatro días".

Como ellos, otros restó de Puerto Madero y las zonas del perímetro desde hace meses están en contacto con las embajadas para ofrecer menúes especiales para los diplomáticos del G20. La cuenta la paga el mundo.
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