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Se acabaron los privilegios: la nueva y estricta rutina de Nahir Galarza en la cárcel

12/09/2018 08:00 hs
Está en una celda con otras cuatro mujeres, familiares de policías. Recién la semana que viene empezará con las tareas de laborterapia.

A 350 kilómetros de su familia, rodeada de extrañas y bajo un régimen estricto que deberá cumplir, Nahir Galarza transita sus primeros días en la Unidad Penitenciaria N°6 de Paraná. Ya no tendrá los privilegios que tuvo en la comisaría de la mujer de Gualeguaychú. Y deberá adaptarse a la duras rutinas de una cárcel común.

 

En esa cárcel hay 88 mujeres presas. El 60% tiene condena firme y el resto no. La mayoría son internas comunes y están distribuidas en siete pabellones, donde en cada uno de ellos se comparte casi todo, menos la cama.

 

En uno de esos pabellones está Nahir. Con ella conviven otras cuatro mujeres, todas ellas relacionadas con policías presos o detenidos por distintas causas.


De ahora en más, tendrá una vida atada a la estricta rutina carcelaria. Deberá levantarse todos los días a las seis y media de la mañana para desayunar y comenzar la jornada de trabajo. A eso de la una del mediodía podrá parar para almorzar con sus compañeras. Después tendrá una hora por semana para salir al patio junto a sus compañeras de pabellón, a hacer ejercicio físico, tomar aire y relajarse un poco.

 

El resto del día seguirá con varias horas de clase sobre alguna materia que le interese y recién cenará a las nueve de la noche, ahora en la que se cierran las puertas del pabellón y las internas se preparan para dormir. Al día siguiente, otra vez a las seis de la mañana arriba y todo vuelve a empezar.

 

"Acá tenemos los tres niveles educativos, primaria, secundaria y universitario. Y un sistema de trabajo donde distribuimos a las internas en distintos labores. Después de desayunar cada una se dirige a su laborterapia del día. Algunas van a la cocina para preparar las dos comidas del día, otra la lavandería, donde se limpian los elementos del día. También tenemos talleres de artesanía y costura", contó a Clarín director del Servicio Penitenciario de Paraná.


En el caso de Nahir "todavía no tenemos asignada ninguna tarea. Esta semana es de adaptación y creemos que recién la próxima tendrá un trabajo asignado", agregó el funcionario.

 

Según Sánchez, Nahir no tendrá ningún tratamiento especial. Comerá la misma comida que todas las demás y todas las noches, antes de dormir, deberá someterse al control de rutina por seguridad.

 

"Cada pabellón tiene un día para salir al patio común, donde están una hora. Allí hacen gimnasia, actividades artísticas y también de relajación como yoga", comunica el responsable carcelario.

El régimen de visita son los miércoles y sábados, de 13 a 17 horas, en el salón comunitario. "Los días especiales, como los cumpleaños, permitimos que los familiares vengan y estén con ellas", explica Sánchez.

 

Nahir, igual que todas las demás internas, pasará la mayor parte del tiempo haciendo una actividad laboral en alguno de los trabajos de la cárcel o en su pabellón, donde hay un espacio común con un televisor para los momentos de esparcimiento.

 

"La televisión está habilitada hasta las doce de la noche, después se corta", detalla el funcionario.

Sánchez no descartó que Nahir, como es de Gualeguaychú, pueda ser trasladada, cada tanto, durante diez días, a la Granja del Penal N°9 de esa ciudad para recibir visitas. "Hace en estos casos para las presas que tiene familiares ahí. Porque ir hasta Paraná son 350 kilómetros de ida y vuelta", explica el director penitenciario, quien aseguró que esto depende de la Justicia, la cual hace una revisión cada 60 días.

 

Por su parte, el director de la granja penitenciaria, Javier Bossi, aseguró que todavía no están dadas las condiciones de realizar este plan. "No tenemos un pabellón de seguridad para que Nahir se pueda quedar, ya que no podemos mezclarla con el resto de la población carcelaria", agregó el funcionario, quien también afirmó que la mayoría de los internos de la UP9 cumplen condena ahí. Y que solo en excepciones usan sus instalaciones como alojamiento transitorio de presos.

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