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¿Quién es el argentino que juega al calcio fiorentino, el deporte más violento del mundo?

26/07/2018 17:07 hs
Marcelo Segundo compite desde hace 15 años en una disciplina que mezcla artes marciales mixtas, rugby y fútbol. Su historia.

El combate cuerpo a cuerpo es tan antiguo como la humanidad. Las primeras guerras, por ejemplo, se definían mano a mano antes de que la tecnología controle la distancia. Convivir en sociedad implica reprimir cualquier instinto de arreglar los conflictos a las piñas, pero los deportes de contacto ganan adeptos a cada instante. Por supuesto, con reglas claras para cuidar a los atletas. En este sentido existe una disciplina medieval catalogada muchas veces como la "más violenta del mundo", que año a año sorprende al globo. Se juega en Florencia, Italia... Y un argentino es multicampeón.


La historia de Marcelo Segundo será difícil de entender por muchos, pero esto es lógico si se tienen en cuenta sus palabras: "Es una locura, difícil de transmitir".


Lo que este rosarino de 40 años vive año a año no es para cualquiera. Se desempeña en el equipo de los Azzurri (Azules) de Santa Croce en el denominado calcio storico fiorentino o calcio "in costume" (fútbol vestido o en traje), como lo conocen los locales.


El deporte data de mitad del siglo XVI y cambió muy poco sus reglas desde ese entonces. Piñas, tacles, ahorques, palancas y goles no faltan en el caótico y duro espectáculo.


Segundo se mudó desde su Rosario natal a Florencia hace 20 años para jugar al rugby. Al llegar notó que muchos de sus compañeros de equipo tenían la tendencia de arreglar todo a los golpes, por encima de la media de lo que conocía en el ambiente.


Se preguntó por qué, y cuando indagó más develó el misterio: la clave era el calcio in costume.


"Todo el rugby de Italia sabe que en Firenze es difícil jugar. Me empezó a picar la locura de qué es lo que pasaba con ese deporte", le contó a Clarín sobre sus primeros pasos.


Luego de investigar mediante videos caseros (en 1999 Internet estaba lejos del nivel de hoy), dijo que "fue amor a primera vista". De hecho, en 2002 pidió jugar para los Azules y su equipo de rugby se lo prohibió. Al año siguiente les aseguró que él se haría cargo de los problemas que pudiera tener, incluso si se lesionaba. "Puse en riesgo mis ingresos para jugar", explicó.


"Es que hasta que no lo vivís no lo podés entender. Te vestís, te agarrás a piñas... hay toda una mística difícil de transmitir. Acá, en los cuatro barrios históricos, los más viejos de la ciudad te cuentan historias de gente a la que le arrancaron una oreja o los que sacan de la cárcel para poder jugar... Está muy arraigado", relató entusiasmado.


Desde su debut en 2003 sólo faltó a la cita este año porque con su empresa, ligada al fútbol, debió trabajar en Rusia durante junio por el Mundial. Ganó el campeonato más de 10 veces. Además, este año los Azules no se presentaron.


"La gente de Firenze no sabe que jugué al rugby, me conocen por el calcio. Acá soy 'el argentino' y eso me llena de orgullo", dijo Segundo, quien contó que Gabriel Batistuta lo fue a ver varias veces. "Voy a seguir hasta que no pueda", confirmó. En el duro roce de años anteriores se rompió la nariz, los tobillos y se quebró el radio de un brazo, entre otras cosas. "A mí me pasó mil veces que miraba la tribuna y una viejita de 80 años me gritaba 'matalo'. Si uno no va fuerte te lo hacen a vos. Es realmente una supervivencia ahí dentro", explicó sobre lo difícil que es.


Por participar nunca recibió dinero, lo más importante es defender el honor del barrio. "Extraoficialmente se sospecha que le pagaron a gente por venir a competir", dijo el argentino. En la temporada bisagra de 2006, por ejemplo, Segundo chocó dentro de la piazza con el peleador británico de artes marciales mixtas (MMA), James Zikic: "Le metí una piña y me lastimé el nudillo; es una bestia", confesó.


Aunque finalmente el peleador salió en camilla de la cancha. "Estar en una jaula no es lo mismo. Le salimos con todo entre cinco", confesó. Ese 2006 fue un quiebre. El choque entre Azules y Blancos terminó en un cambio de reglas. "Hubo una guerra campal, se metió gente del público y el juego quedó suspendido por peligro público", explicó.


A partir de allí, los choques dentro del terreno solamente pueden ser mano a mano, está prohibido el dos contra uno o tacles desde atrás. "No se murió nadie ahí dentro. Hay nueve árbitros que se dan cuenta de lo que pasa alrededor y eso es una cosa buena. Son el termostato el partido", sentenció el ex rugbier.


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Respecto de por qué el calcio fiorentino sobrevive a la opinión pública y los cambios, reflexionó que "en Europa las tradiciones no se discuten". "Se juega hace 500 años. Ahora pasó a ser comercial y los derechos de reproducción quedaron a cargo de la empresa Red Bull. La presión popular en Italia era que querían verlo por tele. Lo están reglamentando para ser un producto vendible. Vienen desde Japón hasta EE.UU. Es una cosa única, en una plaza única de una ciudad única", estimó.


Si bien comenzó en el rugby, el argentino también adquirió conocimiento en artes marciales luego de empezar en el calcio, y de que se le saliera la cadena en un partido de rugby en el que le pegó a un rival. Hace 10 años que entrena MMA, pero nunca hizo una pelea. "Quizás para el año que viene", bromeó.


De qué se trata


La temporada se celebra durante el mes de junio en la plaza Santa Croce, a la que acondicionan especialmente para los eventos, con tierra, arcos y gradas. La fecha coincide con las fiestas de San Giovanni, patrono de Florencia.


Dos equipos de 27 jugadores se enfrentan durante 50 minutos con el objetivo llevar la pelota a la línea de fondo del campo contrario. El que hace más goles, gana. Como se dijo, para frenar al rival vale casi todo: piñas, patadas (no a la cabeza), tacles, llaves y ahorques. Eso sí: los choques deben ser mano a mano y no valen trifulcas colectivas.


Los cuatro equipos, representantes de las cuatro zonas de Firenze, son los Azules antes mencionados, los Blancos de Santo Spirito, los Verdes de San Giovanni y los rojos de Santa Maria Novella, ganadores en 2018.

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