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Solo vale la Justicia Federal

19/06/2017 06:31 hs
La política brota más de Comodoro Py que del Congreso o la Casa Rosada.
Jorge Asís
Por Jorge Asís
Escritor - Periodista

escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para
 JorgeAsísDigital

 

Desde reclamar (antes de asumir) la renuncia de la Procuradora, señora Alejandra Gils Carbó, hasta deslizarse en el penúltimo exabrupto (relativo a la mafiosa industria del juicio laboral), Mauricio Macri profundiza su desconcertante cadena de equivocaciones en el ámbito judicial.


No acierta una. No es precisamente por la falta de operadores, que suelen amontonarse con llamativa ineficacia. Como ocurrió durante el excitado fallo de las tarifas. Cuando cualquier tarambana insólito trataba de influir en la posición de algún ministro de la Corte. O el propio presidente Macri recurría al teléfono celular, a los efectos de suplicar a determinado periodista, para que intercediera.


La sucesión de inconcebibles novatadas permite constatar que, 18 meses después, Gils Carbó no renunció un pepino. Al contrario, prosigue lo más pancha. Y hasta sortea las desesperadas denuncias de recursiva corrupción inmobiliaria.


Pero Gils Carbó resulta útil, en todo caso, para atribuirle las culpas de los contratiempos judiciales. La recrean, a la bartola, como la ideóloga de las caudalosas denuncias que se presentan para los miembros del gobierno. Procesados múltiples que vaticinan próximos desfiles.


Cuando denuncia la señora Graciela Ocaña (consagrada como la máxima incorporación de Cambiemos), o la señora Elisa Carrió, se asiste a un acto de arrojo republicano. Pero si quien denuncia es el diputado Tailhade, se asiste a un acto de invariable conspiración.


El Pepín vs El Tano


Entre las bandas republicanas que tácitamente confrontan por el disparatado manejo de la justicia, mantiene cierta espesura la pugna de Fabián Rodríguez Simón, el célebre Pepín de la Escudería Carrió, diputado del caramelo de madera del Parlasur, contra las picardías populares de Daniel Angelici, El Tano, Presidente de Boca. Con el marco institucional de la intrascendencia vital que garantiza el doctor Germán Garavano, El Ministro Peruano. O de la caballerosidad impoluta del doctor Pablo Clusellas, El Zannini del Pro, colectivamente cuestionado por su alarmante lentitud. Y por el rápido despacho, con una estampilla en la nalga, con que se despidió al infausto Procurador del Tesoro, el doctor Carlos Balbín. Por su reticencia a avalar los textos forzados que no vacilaría en rubricar su reemplazante. El doctor Saravia Frías, compañero de las excursiones del Ministro Peruano, en viajecitos que derivaron en confusos papelones que aluden a las selectivas indagaciones sobre los delatores de Odebrecht. Por las molestas salpicaduras generadas entre el barro del Soterramiento. Ni siquiera falta agregar los culebrones horriblemente maltratados como el del Correo, que desde Yabrán hasta aquí merece una miniserie. O el de las innumerables off shore que provocaron fuertes tristezas en líderes de países menos comprensivos.


Potencia de Comodoro Py


El desconcierto persiste paradójicamente cuando la potencialidad política brota más desde la arquitectura soviética de Comodoro Py que del paralizado Congreso de la Nación. O de la insigne Casa Rosada.


Es cuando nace la AJUFE. Inquietante Asociación de Jueces Federales.


"Organización que no pretende ocupar el lugar de nadie ni escindirse de nadie".


Como lo recalcó, durante el bautismo corporativo, el Juez Federal Ariel Lijo, afectuosamente llamado el Gordo Lijo. El señalado como conductor de la AJUFE. Aunque la formación sea presidida por el camarista Carlos Morán, de la Cámara Contencioso Administrativo Federal.


Al decir "nadie", en tanto concepto, Lijo alude a la sensible Asociación de Magistrados. Es el venerable colectivo que preside el juez Ricardo Recondo, El Piojo.


Es -Recondo- un portador sano de radicalismo tradicional. Incluso, se lo mantenía, según nuestras fuentes, en el bolillero para suceder a Gils Carbó. Junto al imponente fiscal José María Campagnoli, o los fiscales inapelablemente patriotas como Ricardo Sáenz, Raúl Plée o Germán Moldes.


Sin embargo nunca Recondo podría suplir a Gils Carbó. Ocurre que en el macrismo predomina la pasión extrañamente generacional por la gerontofobia. Como Recondo supera los 70 años debe resignarse a resultar eficaz para hablar en las comidas anuales del colectivo. A los efectos de destacar la independencia judicial, y velar para que los jueces no paguen el impuesto a las ganancias. Como los desgraciados vulgares.


En efecto, la Asociación de los Magistrados de Recondo aparece en la fotografía como víctima institucional del flamante artificio. AJUFE.


Y El Piojo siente, con seguridad, que lo embocaron. Le tijeretearon las competencias con la creación repentina de la AJUFE. Que es atribuida, según las fuentes, al intelecto concentrado (en perversidad) de Ricardo Lorenzetti, El Cardenal Richelieu. El Presidente de la Corte Suprema. A quien Carrió aspira a rebanarle, en cuanto pueda y sin la menor piedad, la cabeza calva, con suerte bastante esquiva. Aunque la intención de Carrió se encuentre secretamente respaldada por el presidente Macri, quien de todos modos se apresura a contactar al Cardenal Richelieu cada vez que "La Gorda" produce algún exabrupto. Similar, por otra parte, al exabrupto que el propio presidente lanzó contra el doctor Recalde. Al que califica, en el desborde, como El Padrino de la industria del juicio. Fue en el tramo menos oportuno de la asunción del artesanal Canciller Jorge Faurie.


El verdadero Tercer Poder


"Somos el verdadero Tercer Poder, Rocamora, tenemos que estar preparados", confirma la Garganta, entusiasta impulsora de AJUFE.


Para el poder real, la única justicia que vale es la Justicia Federal. La que vale la pena atender, por su creciente gravitación. La justicia que exclusivamente suele molestar a los gobiernos que se turnan para fracasar.


Los gobiernos pasan, ensayan imposturas, gestan severos papelones, diseñan con dispares operadores afectados por el Complejo de Corach. Con la intención de encapsular a los jueces federales. Contenerlos, o por lo menos tarifarlos. Como extraordinariamente los tarifaba cierto operador que decidió apartarse, para dedicarse a la filosofía de la contemplación.


En definitiva, los gobernantes desfilan, paulatinamente fracasan, algunos pocos se enriquecen. Mientras tanto los jueces, fiscales y camaristas federales, quedan. Y luego juzgan. Incluso, hasta encarcelan. Con la garantía de la permanencia.


"Un divorcio, un despido, una quiebra, un contrato incumplido, les interesa sólo a los involucrados" -confirma otra Garganta.


Litigios por "daños y perjuicios". Por escrituraciones conflictivas. Mala praxis o por arrebatos de los moto-chorros. Justicia menor, opaca. Para mesa de saldos si se la compara con la Justicia Federal.


Si los Federales importan, en general después de las gestiones, es porque deciden sobre la capacidad ambulatoria de los poderosos que fueron ministros.


Cuando el viejo poder se desvanece y debe respetarse transitoriamente al altivo poder que surge para denostar la herencia recibida.


"Cuando lo pierdan, los vamos a juzgar".


Y así sucesivamente. Los Federales contienen la espléndida competencia para encanar a los funcionarios con iniciativas que supieron pegotearse los dedos con los membrillos de los retornos, de las licitaciones tendenciosamente dirigidas.


Pasan -Los Federales- a convertirse, de pronto, en trastornos.


Una buena causa, para moverla en el momento preciso, no se le niega a nadie.


Emergen entonces como árbitros. Intermediarios entre el poder que se supone impune, y la pena posterior que se merece, que siempre es despreciable.


O la libertad, que con frecuencia cuesta.


"Cuando se hacen gárgaras siempre algo se traga", confirma otra Garganta, sin especificar la semántica de la sentencia.


Final con geriátrico


Los Federales necesitaban el instrumento. La AJUFE. Que les permitiera establecer la diferencia singular con la Asociación de Magistrados, colmada de laburantes académicamente probos.

Excelentes personas bienintencionadas que deambulan por los pasillos infectados de expedientes. Con sus austeros trajes grises, o de negativo marrón.


"El Ejecutivo cree que marca los contenidos y los tiempos del Judicial. Como si fuéramos sus hijos", reflexiona la Garganta.


Pero consta que a los hijos se los debe tratar generosamente bien. Son los que después eligen, para los padres, el geriátrico.

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