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La Argentina porteña

30/11/2016 20:09 hs
Mientras de la Capital ya casi ni se habla.
Jorge Asís
Por Jorge Asís
Escritor - Periodista

Escribe Jorge Asís,

para JorgeAsísDigital

 

Qué le pasa qué le pasa a mi camión

qué le qué le pasa que no arranca

Los Wawancó

 

"Y a Jaime, ahora ¿quién le paga?", preguntó Marcos Peña, El Premier.


Mauricio, Presidente del Tercer Gobierno Radical, no pudo (o no quiso), según nuestras fuentes, responderle.


El pensador Jaime Durán Barba no es funcionario. Es mucho más que un consultor, como lo minimiza Emilio Monzó, diseñador de pespuntes territoriales.


En el imperio compulsivo de la comunicación y el marketing, Durán Barba carga con la "gran estrategia" de las tres gestiones principales.


Entre sus atributos, Peña es el jefe responsable de la administración nacional. Por lo tanto tendría que saber quién le paga al Pensador. Si es que desde alguna parte secreta, por sus gravitantes servicios, se le paga. Aunque es ampliamente reconocida la vocación del pensador ecuatoriano por la filantropía. Artesano del desinterés.


Probablemente, cuando se lean estas líneas en la playa, Macri y Peña ya tendrán ensayada una respuesta. Pero por ahora la economía del pensador atraviesa un misterio presupuestario insondable.


Meses atrás, la plaza pequeña de los mercaderes financieros estaba discretamente alborotada. Había que poner, sí o sí, algunas decenas de miles de dólares en una cuenta externa. Pero no aparecía ningún exponente de la "nueva política" para resolver el trámite. Y hacerse cargo de la faena indigna, propia de la "política vieja", la que se viene a desterrar.


Sin embargo los tópicos oscuros de la insustancialidad van a tratarse cuando cese el TGR. Y los buitres del periodismo patrullero hayan cambiado la orientación, para dedicarse a la tarea monótona de cargárselos. Ampliaremos.

 

Comunicación y marketing

 

De la santacrucificación nacional, que impulsaba el kirchnerismo, se pasa a la porteñización de la Argentina. Por la severa concentración de tres cajas.


Mauricio, el ex jefe de gobierno del Artificio Autónomo, se encarga ahora de presidir la Nación.

María Eugenia Vidal, ex vice-jefa del Artificio, se encarga ahora de gobernar Buenos Aires, la provincia inviable.


Y por fin, a cargo del Artificio Autónomo, la vertiente que auxilia a las dos anteriores, quedó Horacio Rodríguez Larreta. Ex jefe de gabinete de Mauricio (al que le hace excesiva falta).

 

Los que no lo valoran, sostienen que Peña, ex secretario general del Artificio, dista de cumplir con la elevada función del Premier. Se dedica, más bien, a cuidar el último tramo del acceso presidencial. A socorrerlo. A traducirle políticamente la realidad.


Pero más allá de la comunicación y el marketing, el TGR no tiene casi nada que mostrar. Ningún acierto. Sólo desbordan las justificaciones.


Como aquel camión mítico de Los Wawancó, el TGR no arranca.


Para colmo crece paulatinamente la sospecha que el camión va a mantenerse estancado, en el territorio del amague, perdido entre mil justificaciones aceptables. Sin contar aún con el manantial de justificaciones que se vienen con la llegada de Donald Trump. Va a dar Trump para cualquier fracaso. Aunque más abajo de México, lo que pasa a Trump le importa, según nuestras fuentes, muy poco. Nada.

 

El mérito del desconocimiento

 

Nación, Provincia y Ciudad. De las tres administraciones la que funciona mejor es la caja del Artificio Autónomo, transformado por Horacio en el Gran Maxiquiosco.


Pero aquí lo destacable no es la genialidad recaudatoria de Rodríguez Larreta, que se descuenta. Es el desconocimiento meritorio que se tiene del gobierno municipal. Y de la legislatura, que abandonó el complejo de ser el Concejo Deliberante.


Hasta el año pasado, lo que ocurría en el Artificio Autónomo interesaba porque lo conducía Macri. Al pasar Macri a la Nación, al cruzar la plaza, desde Bolívar 1 a Balcarce 30, sobre el Artificio cayó el manto del olvido más placentero. Ni siquiera el desastre de Time Warp funcionó como llamador.

Es el mérito, nada menor, de Rodríguez Larreta. Que debiera admirar Aníbal Ibarra.


Consta que sólo los que siguen las peripecias domésticas del municipio saben quién es Felipe Miguel.


Es el Premier local, de curriculum brevísimo.


Pero hoy Miguel es a Rodríguez Larreta lo que Rodríguez Larreta fue para Macri. Un eficiente juntador de diversas espiritualidades, de los que no existen en Nación.


El tercer Premier, equivalente a Peña en Nación y a Miguel en el Artificio, es Federico Salvai. El hombre fuerte de La Gobernadora Vidal.


Aparte de ser un "excelente muchacho", como tantos ministros porteños en tierras extrañas, Salvai resulta imprescindible.


Se extiende la influencia y el prestigio de Salvai, por portación de suegro.


Es el señor Stanley, El Flaco, padre de Carolina, la inquietante ministra de pelo siempre mojado.

Stanley es palabra respetada entre los empresarios demasiado ansiosos por lanzarse a proteger. Facilitadores de las cuestiones de índole espiritual.


Pero casi no pasa, la verdad, nada.

 

Secretos colectivos

 

Hasta hace pocos días, sólo el Portal compartía el secreto con sus lectores. Que Peña no es un competente Jefe de Gabinete. Que Macri implora silenciosamente en los rincones, por Rodríguez Larreta.


Aunque los ceos en acción, movilizados como Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, se multipliquen para rescatar moralmente a Peña.


El primero en saber que para el oficio no servía es el propio Marcos. Prefería ser el vicepresidente. Para florearse, como la señora Gabriela Michetti, por los países extraños que a Macri no le interesa visitar.


Al aludir a Michetti se produce una extraña melancolía colectiva. Porque Gabriela hoy tiene las ambiciones quebradas. Desmoronadas.


Desde la misma noche de la consagración electoral. Cuando los exponentes de la nueva política bailaban a los saltitos, y desde abajo se envidiaba a los privilegiados que tenían las pulseritas para subir al escenario. Sin todas las pulseritas, Los Insustanciales no subían.


La problemática de Michetti puede interesar a las brujas de base, esotéricas de ramos generales. Las iniciadas que sirven para detectar la existencia del potente "trabajito".


Aparte del "trabajito" de "hacerle", claro, la casa.


La Gaby quedó congelada en la historia la noche misma de la consagración. Por la derivación del robo misterioso que nunca debió ser denunciado.


Cualquier exponente de la política vieja sabe que no se debe denunciar la falta del dinero que cuesta justificar.

 

La fábula de los ocho años

 

Pero Marcos, que pretendía el lugar de Gabriela, mantiene las ambiciones intactas.


Aparte, como se dijo en "Aproximaciones al peñismo", Macri es el primer peñista (segundo es Fulvio Pompeo).


Si Los Insustanciales logran hacer arrancar el camión, si no se estrellan contra ningún paredón, Marcos está prendido en la sucesión de lo que pudo haber sido. Aunque se le cruce, en el horizonte cercano, La Gobernadora, a través del sciolismo eficaz. Dispuesta a encarar el sciolismo ortodoxo durante los próximos dos años. Sin anotarse en ninguna de las cajas que se reproducen igual. Cajas que naufragan sin dueño. Cajas sin destino, entre el padecimiento.


"Así como Macri imita mal a Kirchner, la Gobernadora tiene derecho de imitar lo mejor de Scioli", confirma La Garganta.


Con la diferencia que debajo de Scioli había algo más que comunicación y marketing. Había ganas, por lo menos de evolucionar personalmente.


La incorporación de De la Torre, con su salto admirable, puede suplir la oquedad.

 

Al cierre del despacho, son pocos los que creen que Mauricio tiene resto en el carretel para quedarse los ocho años. O si puede cortar el pan dulce de Maradona apenas por tres años más.

El secreto deriva en el deseo del sector mayoritario de la sociedad que le tiene fe. Y espera obstinadamente que le arranque, de una vez por todas, el camión.


Tal vez le quede margen para convocar a otros tres retiros espirituales. En Tandil, en Embalse, aunque los ministros ya carezcan de espíritu.


Rodríguez Larreta implora por la fábula de los ocho años. Es el verdadero jefe de La Gobernadora. Ella se le reporta aún con devoción de discípula. Le va a costar enfrentarlo. O meramente, llegado el caso, competir.


En el redituable Maxiquiosco, Rodríguez Larreta planifica recaudar espiritualidad hasta 2019. Para dejarlo luego a Martín Lousteau, o acaso al Colorado postergado en la estampita actual.


Por lo tanto Rodríguez Larreta necesita que Mauricio tenga otro periodo electoral. Para ser de nuevo su experimentado Premier, y desde ahí...


Siempre que el camión, alguna vez, arranque. O se quede estampado culturalmente, entre las redes contagiosas del kirchnerismo.


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