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¿Por qué la gente cree en las pseudociencias y el esoterismo?

22/11/2013 10:39 hs
Muchos investigadores se han preguntado por qué la gente se siente tan fascinada con la astrología, las casas encantadas y cosas por el estilo.
Alejandro Borgo
Por Alejandro Borgo
Escritor - Periodista

Cuando decimos "pseudociencias", nos referimos a las falsas ciencias como la parapsicología, la astrología, las medicinas alternativas, la ufología y otras por el estilo. Cuando hablamos de lo esotérico nos referimos a la existencia de un mundo oculto poblado con fantasmas, espíritus de los muertos que supuestamente habitan en casas "encantadas", extraterrestres que provienen de otra dimensión, monstruos legendarios como el Yeti o el del lago Ness, poderes para hacer daño a la gente, hechizos, embrujos, daños, influencias telepáticas, la existencia de hadas y duendes, la levitación, la supervivencia a la muerte y toda una serie de cosas extrañas que supuestamente ocurren a cada minuto.

 

Psicólogos, sociólogos y otros estudiosos vienen preguntándose desde hace años, por qué la gente se siente tan fascinada por las pseudociencias y el esoterismo, por qué consulta a tarotistas, por qué cree en fantasmas y en toda una serie de cosas que parecen salidas de una película de terror o de ciencia-ficción. Esa parece ser la pregunta del millón. Y realmente no es fácil de contestar, aunque para algunos la explicación parece simple a primera vista.


 

Cosas raras, que las hay, las hay

 

Lo más extraño no es que alguien investigue si existen las casas encantadas, lo realmente extraño es por qué alguien puede creer, por ejemplo, que dichas casas existen de verdad.

 

El historiador de la ciencia y escritor, Michael Shermer, que dirige la Skeptic Society (Sociedad Escéptica) en California, EE.UU., escribió, entre otros un libro muy interesante donde examina estas cuestiones. Precisamente el libro en cuestión se llama "¿Por qué la gente cree en cosas raras?". Y en un párrafo se pregunta qué pasa en nuestra cultura y en nuestro pensamiento que lleva a tales creencias. Dice Shermer: "Las teorías de escépticos y científicos abundan: falta de educación, mala educación, falta de pensamiento crítico, religión, cultos, miedo a la ciencia, la Nueva Era, mucha televisión, poca lectura, lectura de libros equivocados, malos padres, malos profesores, y simplemente ignorancia y estupidez".

 

Pero Shermer también agrega que la gente cree en cosas raras sencillamente porque se siente bien haciéndolo, porque le gusta, porque da consuelo, porque es reconfortante.

 

Otra razón probablemente sea que para aprender una pseudociencia, uno no tiene que hacer un largo camino de investigación, y que apoyarla no requiere de grandes conocimientos científicos. En una palabra, las pseudociencias son fáciles, no requieren un gran esfuerzo y salvo contadas excepciones -como la homeopatía- no requieren título ni especialización oficial alguna. Uno pone un consultorio lleno de diplomas obtenidos en congresos de parapsicología o transcomunicación, o de reiki, llena una pared con ellos y así obtiene una aureola de "profesionalidad" y "sabiduría" que van a reforzar su estatus. El cliente, entonces, va a sentirse confiado porque está frente a una "autoridad".



La gente quiere saber

 

¿Qué es lo que espera la gente? ¡Cosas positivas, buenas, que confirmen sus creencias! Y también cualquier mancia -como el tarot o las runas- que le diga algo sobre su personalidad o su futuro.

 

Un caso realmente de locos es el del profesor José María Herrou Aragón, quien entre otras cosas escribió el libro "Telecomando sexual", en el cual explica cómo uno puede ¡excitar mujeres a distancia!

 

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Es decir, un sistema por el cual usted, estando en Buenos Aires, puede influir sobre una mujer de Miami, de manera que cuando llegue a esta ciudad, la mujer se sienta irresistiblemente atraída sexualmente hacia usted. Es increíble que alguien crea que esto pueda ser posible. Sin embargo, Herrou Aragón embolsó mucho dinero por atender consultas de este tipo. Lo peligroso es que también proclamaba poder solucionar otros problemas: judiciales, laborales, de alcoholismo, etc.

 

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Personalmente, tuve la oportunidad de hacer pruebas acerca de esta extraña habilidad de Herrou Aragón cuando visitó el Instituto Argentino de Parapsicología, donde yo investigaba este tipo de casos "extraños". En realidad, las pruebas que hicimos dieron resultados totalmente negativos. El profesor no demostró tener el menor poder para "excitar" a una mujer a distancia. Tampoco pudo probar sus dotes de psicoquinesis, esto es, la supuesta influencia de la mente sobre la materia. Sin embargo, al poco tiempo apareció publicitando su "Telecomando Sexual".

 


Otros motivos

 

También la gente puede acudir a la pseudociencia cuando está desesperada. Un hijo que se está por morir, una inminente condena legal por haber inflingido la ley, una relación matrimonial desgastada, con maltratos físicos y psicológicos, por citar algunos ejemplos.

 

La necesidad tiene cara de hereje, dicen. Así que frente a la adversidad extrema, vale la pena probar suerte con brujos que pueden "salvarnos" de una situación apremiante.

 

En definitiva, todo está servido en bandeja para que el charlatán, sea brujo, vidente, adivino, astrólogo, tarotista o "cazafantasmas" se salga con la suya.

 

Ellos buscan con avidez a un público desprevenido, que no sabe a lo que se expone, y así logran su cometido: lucrar con la desesperación ajena, o con la simple curiosidad de la gente. Y más todavía cuando saben que la gente puede obtener esperanzas.

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esoterismo, pseudociencia, parapsicología,
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