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Consejo de oro: nunca seas una mujer comprensiva

05/04/2013 14:29 hs
Las mujeres podemos ser divididas de distintos modos: jóvenes y viejas, tetonas y tablas, linda y fuleras, y cuando el tiempo avanza va quedando de cada una su condición esencial, esa que se mantiene en alto cuando las lolas se han caído.
Cristina Wargon
Por Cristina Wargon
Periodista

Por Cristina Wargon

@CWargon


Hay un momento entonces que la calificación puede pasar por entre muchas otras en: iracunda o mansas, generosas o amarretas, intolerantes o comprensivas. Me detengo en estas y alzo mi voz de alerta: si pueden elegir, ¡nunca sean una mujer comprensiva!

 

Esta clase de hermanas comienzan su carrera de niñitas pensando que el crápula de compañerito que jamás llevo un útil de puro vago, les roba sus lapicitos porque "el pobre se los olvida". Continúan en la adolescencia creyendo que ese mal nacido que se fue sin decir adiós (¿quién de nostras no ha tenido alguno?) lo hizo porque en realidad se cayó bajo un subte y la noticia no apareció en los diarios.

 

Comprenden también cuando un prófugo regresa y en el acto entienden que viene en busca del amor, cuando el guanaco trae tres forros en el bolsillo.

 

Por ese largo camino de la comprensión, se explican perfectamente que su marido  (cuando lo tienen) salga todos lo jueves, viernes y sábado por la noche porque:"necesita su espacio, viste". A jugar al truco, las bolitas o la mona peluda (¿debo explicar que a esta altura sus cuernos invaden todo el barrio?)

 

A la hora de ser mamá, son capaces de dar la teta hasta los catorce años, y dejarlos dormir en su cama hasta los veinticinco.

 

Soportan con una sonrisa los portazos de la adolescencia y los desamores de la adultez Su palabra favorita es "pobrecito" y parecen tan buenas pero tan buenas que cualquier día  como Remedios, la bella,  pueden a subir al cielo mientras sacuden una sábana y perdiéndose  para siempre "en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria"

 

Puaj ¡Ni la incierta recompensa del cielo (si existe no pude estar lleno de semejantes  aparatos) justifican esa comprensión que lleva a la santidad o a la categoría mas alta de la boluda total.

 

Más allá de calificativos tan despectivos, es interesante preguntarse por qué son tan buenas estas señoras  buenas. Sencillamente porque al contrario de lo que aparentan, el prójimo les importa un cuerno. Trabajan en pos de una vida tranquila y como la palabra "tranquila" es incompatible con la palabra "vida", sencillamente se inventan una, donde la cruel encarnadura del prójimo no tiene cabida.

 

Avanzan entonces sin estridencias, aceptando todo y lustrando su patente de comprensivas. Desconociendo que para ser "buenos" a veces es necesario poder ser un poco malo.

 

Y como "todo ángel es atroz", ejercen la maldad de la inocencia. Son campeonas en preguntas simples que caen como un cross en la mandíbula  a quien las escucha: ¿Tu ex marido se casó con Martita, que raro no? ¿No era Martita tu mejor amiga? ¿Tu hijo mayor al que mandabas a karate, está estudiando danzas clásicas, no?

 

Además una se siente mal con tanta ganas de ahorcarlas, porque hay que ser muy yegua para querer retorcerle cogote a un alma tan comprensiva ¡!! Que alguien me las saque de adelante por favor!!! Y chicas, reitero, mejor ser una yegua que una comprensiva. Amén.

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