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"No aguanto más": la última queja del hombre que murió en una sala de espera de un hospital tras horas sin ser atendido

27/07/2019 12:34 hs
"Voy a mover cielo y tierra para obtener justicia", dijo su mujer.

Juan Carlos Borini tenía 64 años. La semana próxima hubiese cumplido 65 y ya proyectaba iniciar los trámites jubilatorios. Soñaba con obtener algunos beneficios que le permitieran viajar. Sin hijos, el hombre vivía del alquiler de tres habitaciones de una casa amplia, ubicada en la zona Sur de Rosario. Eso, más el trabajo de su pareja, que limpiaba casas o vendía choripanes en eventos y ferias, les permitían vivir con lo justo.


No le sobraba nada. Y su salud, además, estaba afectada: lo perseguía una diabetes y una cirrosis por el consumo de alcohol, un vicio que logró abandonar hace cinco años, pero que le afectó severamente el hígado. El martes, después de esperar más de seis horas sin que lo atendieran en la guardia del Hospital Provincial del Centenario de Rosario, falleció.


El caso es investigado por la Justicia y por el ministerio de Salud de Santa Fe. Silvia tiene 52 años. Vivió nueve años con Juan Carlos. "No lo puedo creer. No caigo", repite. El lunes acompañó a su pareja al hospital, donde hace un par de meses le amputaron una de sus piernas por una úlcera que derivó en una infección. No se sentía bien, pero cuando le informaron que para ser atendido debía aguardar nueve horas prefirió volver al día siguiente.


La mujer no se quedó tranquila. No lo veía bien y decidió llamar a una ambulancia del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (Sies). "Lo revisaron y me dijeron que le entraba bien aire en los pulmones y que lo lleve a control al otro día", le cuenta a Clarín.


Silvia asegura haber llegado a la guardia a las tres de la tarde del martes. "Andá a decirles que me duele, que no puedo aguantar más", le decía Juan Carlos. "¿No lo podés atender? Porque no lo veo bien. Me dijeron que no porque adelante tenía ocho personas. Me dijeron que estaban saturados y que no me podían dejar pasar", recuerda la mujer.


Ella le pedía que aguantara y él le respondía que le dolía mucho. A las 21 se bajó la gorrita. A ella le pareció que eso podía ayudarlo: quizás dormía un rato y eso le permitía hacer más liviana la espera. "Me tocó la mano. Pero estaba muy quietito y me parecía raro porque si no a cada rato me llamaba. A los cinco minutos le levanto la gorrita y ya se le caía la baba. Estaba muerto", se conmueve Silvia.


El ministerio de Salud admitió una demora "importante", pero planteó que no existían síntomas en el cuadro que permitieran esperar un desenlace fatal. De todas maneras abrió un sumario para investigar lo sucedido.


Las escenas más dramáticas en la guardia fueron filmadas por los otros pacientes que aguardaban para ser atendidos. "Este hombre estaba esperando y se murió. Qué vergüenza", se escucha que grita una mujer mientras se ve a Juan Carlos en su silla de ruedas, la misma que ayer estaba vacía en su casa de la calle Sarmiento, en la zona sur de Rosario.


"Yo quiero justicia, nada más. No puede ser esto. Así como me pasó a mí le va a pasar a mucha gente. Voy a mover cielo y tierra para tener justicia", dice Silvia. Ayer a Juan Carlos lo enterraron en el cementerio La Piedad. Su pareja dice que el lunes iniciará la batalla legal. Ella también tiene problemas de salud. Como a él la persigue una diabetes. Dice que está sola. Que él no tenía hijos. Sólo una hermana con la que no mantenía relación.


El fiscal de la Unidad de Homicidios Culposos, Walter Jurado, trabaja el caso. Pidió el resultado de la autopsia y la historia clínica que estaba en el hospital. Juan Carlos y Silvia también tramitaban por esos papeles. Los necesitaban para iniciar la jubilación y concretar el sueño de hacer algún viaje de placer por Argentina.

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