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El voto de los bordes, la Córdoba macrista y un librero jefe de campaña

22/07/2019 09:22 hs
La polarización funciona a pleno. El Gobierno y sus cierres de cábala. La política y la campaña en tierras cordobesas.
Ignacio Zuleta
Por Ignacio Zuleta

Guerra de guerrillas en los bordes del electorado

 

La pelea por los bordes del electorado -aquellos que nunca votaron a Mauricio Macri ni al peronismo, sindicados hoy en el Instituto Patria, fórmula F&F- concentra los esfuerzos de oficialismo y oposición. La extrema polarización infla el fantasma de que uno u otro pueda llegar a los 40 puntos y precipitar un triunfo en primera vuelta. Por eso, los dos emblemas cultivarán, en los días que quedan para el 11 de agosto, fecha de las Primarias, en plazas en donde pueden estar esos votos.

 

Macri hará su segundo viaje de campaña a Córdoba, y recorrerá la cuenca lechera de San Francisco con un toque previo al lado santafesino. Es la ciudad de Martín Llaryora, delfín de Schiaretti, vicegobernador e intendente electo. Los campañólogos de Olivos le están refinando la cita. Habrá otra el 8 de agosto, para un cierre de campaña también en Córdoba. Estudian si conviene o no hacer otro, cabalístico, en las alturas de Humahuaca, como en elecciones anteriores.

 

María Eugenia Vidal hace lo mismo con insistencia en las grandes ciudades de Buenos Aires, en donde puede estar ese voto que falta. Diseña para el próximo viernes otra incursión a Mar del Plata. La hipótesis de estos movimientos es que hay un voto peronista no cristinista que pueden retener en la elección presidencial en la Provincia y que arrastre la boleta de Vidal-Salvador. La cantera para explotar es el voto del Interior, que es permeable al argumento de que hay una reactivación de la economía. También el segmento que respaldó antes a Sergio Massa, y que ya había capturado Francisco de Narváez, definido como anti cristinista.

 

El comando de Kicillof-Magario presume que Massa ha traído estos votos para su fórmula. Eso cifra su optimismo de ganar la Provincia. El Gobierno, en cambio, cree que hoy el electorado peronista no-K lo puede contener Pichetto, que les abrió esa ventanilla por su alianza con Macri. El cálculo oficial es que un 30% de los votos de Massa se los lleva F&F y que queda un 70% a repartir entre Macri y alguna tercera expresión como Lavagna. Quien votaba a Massa, dice el argumento, lo hacía porque era anti-Cristina y el pase de Sergio no los arrastra. Un tigre de papel. Por eso Pichetto tiene toda una agenda bonaerense que le arman día a día. Estará el viernes en Mar del Plata junto a Macri-Vidal y atiende demandas de dirigentes del peronismo oficialista para que los visite. No da abasto: el martes estará en Neuquén y Río Negro y el miércoles en Tucumán.

Citas con Cardoso, la contracara de Lula-Alberto

 

Estos espejismos de campaña intentan transmitir al público, que polariza las expectativas, señales de que hay poder y rumbo. Por eso Pichetto aceptó una sola gira al exterior antes de las elecciones. Será en setiembre a San Pablo, invitado a un seminario por el ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso, la contracara de la visita de Alberto Fernández a Lula en la prisión donde purga su condena. Cardoso estará antes aquí con Pichetto y otros dirigentes argentinos en una jornada del seminario "Democracia y Desarrollo", que organiza el grupo Clarín y que ya contó con la presencia de Felipe González, Ricardo Lagos y otros. Será el 22 de agosto, con los números de las PASO bien claritos.

 

Este acomodamiento de la agenda global le importa al oficialismo, que ya se benefició de los efectos de la gira de Pichetto a los Estados Unidos en abril pasado. Allí respaldó la agenda oficial ante organismos internacionales e inversores, y terminó de convencer a Macri de convocarlo a este "patriota", que descubrió en el Senado, y al que sus propios socios querían acercarlo desde 2016. Prefirieron tenerlo de opositor en el Senado, adonde separó el bloque federal del cristinismo, y encabezó las negociaciones con la Nación en nombre de los gobernadores. Su salida hacia la fórmula presidencial puso en evidencia que la división del peronismo no era un emprendimiento personal suyo.

Las razones del frenesí cordobés

 

La plaza de Córdoba es la clave de la elección. Por eso Alberto Fernández se internó de la mano de Carlos Caserio en ese distrito y lo dejó sin fecha a Miguel Pichetto, que iba a inaugurar un local partidario. En la semana que se inicia, Mauricio Macri hará la segunda incursión a Córdoba, adonde necesita sostener las banderas para repetir por lo menos los números de la primera vuelta de 2015, 53,22% -ahora le vaticinan sus pollsters que puede estar en los 50-. El cristinismo confía en aumentar el 19,26% de Scioli de 2015, uno de los números más pobres que tuvo esa fórmula entre las siete provincias con más cantidad de votos. Pese a ese número tan bajo en Córdoba, le ganó la primera vuelta a Macri, una razón de que el objetivo de F&F sea aumentar aquel resultado. Un punto de aumento en Córdoba vale mucho más votos que en cualquier otro distrito, en la suma total. El corte de boletas es la herramienta de Schiaretti para desmovilizar votos del peronismo local en las elecciones nacionales. El cristinismo siempre ha sospechado que la diferencia altísima que sacó Macri en las segunda vuelta en Córdoba -71,52% a 28,48%- se debió al desgano del peronismo local en la vigilancia y control de las urnas. De ahí que el Instituto Patria esté a la búsqueda de los 10 mil fiscales que necesita para despejar ese fantasma.

Caserio: hay vida después de Pichetto

 

Los últimos números del gobierno indican que en la presidencial Macri está ganando en Córdoba por 46% a 25%, y señalan que la lista a diputados mantiene el margen de chances que tuvieron los radicales en la elección a gobernador, algo así como 30%. Esto le hace difícil la faena a los Fernández que, encima, tienen que confiar por ahora en la colaboración de un peronista cordobesista que no es K, como Caserio. Les prepara las giras por Córdoba, pero juega con reservas en el orden nacional. El sucesor en la conducción del bloque federal no ha querido fusionarlo con el de Unión Ciudadana, que anima la ex presidente. Más aún, retuvo a los senadores de una posible migración hacia el pichettismo, y aferró las relaciones de su bloque independiente con el oficialismo. Caserio es un operador hábil y parlamentó con Federico Pinedo para renovar los votos de confianza que había tenido éste con Pichetto. Le costó, porque la decisión de Gabriela Michetti de suspender el canje de pasajes de los senadores por efectivo hirió a todos porque no le avisó ni a los propios. Pinedo se enteró por los diarios.

 

Caserio se enojó porque lo obligaron a acciones de fuerza, para demostrar que podía manejar las relaciones con los demás bloques como lo hacía Pichetto. Cree, en el fondo, que esa medida fue para herirlo a él. Ganó el round porque negoció una sesión el miércoles, en la que se aprobaron cerca de 20 pliegos de funcionarios judiciales, con el voto negativo del bloque cristinista. Con esto marcó diferencias. También permitió un acuerdo entre los bloques, que hizo que en una sola sesión de votaran 1.000 proyectos de todas las categorías, desde acuerdos al reconocimiento de la flor nacional, local y municipal. Michetti no presidió esa sesión, pero no se salvó de las críticas de los senadores. El esfuerzo negociador hizo que se aprobasen en comisiones cerca de 70 acuerdos que irán al recinto. Caserio trabaja hoy para la fórmula F&F, pero nadie se engaña. No es K y sostiene la independencia del bloque hasta conocer el resultado. Objetivamente trabaja en el mismo sentido de Schiaretti, el rey de la lista corta, y pudo probarles a quienes miran con lupa cada uno de sus actos, que hay vida después de Pichetto.

Las ventajas de cualquier oficialismo para hacer política

 

Es difícil abrir juicio sobre las herramientas de campaña de unos y otros. El Gobierno presume de tener ventajas en ese terreno tan resbaladizo de las campañas -nunca se sabe hasta el final si las decisiones fueron las acertadas.- Tiene al candidato en la cancha desde hace más de un año, y aportó con Pichetto un anabólico que espejó el paso al costado de Cristina en la fórmula. Sabe, además, que el único que puede hacer política de acá a las elecciones es el Gobierno.

 

¿Cómo paga adhesiones (políticamente, se entiende, porque de plata nadie habla) la oposición si no tiene el manejo de las grandes áreas de poder? Esto sólo lo puede hacer el oficialismo. Pichetto fue más que sincero al reconocerlo en el discurso de cierre del debate de la ley de financiamiento de campañas, en abril pasado: "Los oficialismos tienen una ventaja comparativa. Ser oficialista en el sistema electoral argentino es una ventaja impresionante: se arranca, en una carrera de 100 metros, 30 metros adelante del otro corredor. ¿Por qué? Porque el que gobierna tiene al Estado; tiene los recursos; tiene el esquema de asistencia; hace política siempre con las obras; se mueve al compás del proceso del gobierno. Por eso en los últimos tiempos, en general siempre ganan los oficialismos. Es muy difícil derrotar al oficialismo en una elección de los estados provinciales. Y por qué no decirlo, también a nivel del Estado nacional es complejo. En elecciones de medio tiempo es muy complicado".

Campañas: el conflicto de las interpretaciones

 

La oposición tiene dos comandos, uno en la calle México, adonde albergan los tecnólogos de Alberto, y el otro en el Instituto Patria, Rodríguez Peña 80. Actúan coordinados según los dictámenes del jefe de campaña, Santiago Cafiero, librero de San Isidro que debuta en tan altas responsabilidades. Encarna la fobia de Alberto por los Durán Barba, opción que le hace preferir a esta viuda de Randazzo, toda una marca dentro del peronismo. A Cristina la tienen guardada y la muestran en viajes al interior, en donde la oposición tiene que crecer y puede, con el justificativo de la presentación del libro. Le da la potencia electoral que necesita el conjunto y privilegia al entorno, que le administra los papeles en el Instituto Patria y audita lo que hace del resto.

 

Las rutinas son las conocidas de cuando eran gobierno, en especial en el tratamiento de la prensa. Sigue al respecto la misma estrategia de las presidencias Kirchner de deslegitimar a los medios y a su función como expresión de la sociedad. Remachan la idea de que los medios manipulan a la gente sin haberse convencido de que esa patraña interpretativa no expresa la realidad. El resultado que tuvo su captura de medios adictos en el pasado no ha bastado para convencerlos de lo contrario. Como, a cada rato, el papa Francisco les da la razón a esos argumentos, suman un fuerte motivo para no revisarlos. El objetivo de la deslegitimación de la prensa fue el centro de la estrategia de comunicación de Néstor Kirchner. Prohibió apenas asumió, que sus funcionarios tuvieran conversaciones off the record con periodistas, y consagró la táctica de nunca prestarse a la charla en público con los medios, en cualquier modalidad.

 

El Gato y Tío Alberto, por la 10 en la espalda

 

Cristina siguió esa estrategia de deslegitimación, que el ciclo del matrimonio logró extender hacia todos los centros de construcción de política: él y Cristina fueron hostiles hacia la prensa, pero también hacia las ligas empresariales como IDEA, los think tanks como el CARI, al que se quitó un subsidio histórico que tenía desde hacía décadas, la Iglesia, los militares, los sindicatos, los partidos políticos. Era explicable que un presidente como Néstor, que llegó al gobierno después de perder la elección en las urnas, buscase la legitimidad que no tenía -aun siendo legal su investidura como presidente- negándosela a los demás. Alberto replica ese síndrome de agresividad hacia los comunicadores, en particular los de medios audiovisuales, y distrae la campaña hacia grescas con locutores, movileros y animadores informativos. Cree que hace músculo con ese método, que ignora uno de los principios de la política: un candidato lo primero que tiene que ganar es la primaria de la prensa.

 

El formato de comunicación del peronismo es desde hace 30 años un largo debate entre la semiología de anteayer y el abismo de los big data. Hoy la mirada periodística identifica la modernidad del macrismo. El uso que hizo de las redes ya en 2015 sorprendió a los creadores de algunas de ellas, al enterarse de la cantidad de contactos que tenía Macri como candidato presidencial. Menos conocido es que la campaña de Daniel Scioli también ensayó ese camino. Pero ayer y hoy, pesa mucho en el peronismo la tradición de los semiólogos predigitales, como el de Eliseo Verón de "La vida por Perón" (clásico de los años '80) o el legado de los "Oscares" (Traversa, Steinberg, etc.) que inspiraron al peronismo de la renovación. Hoy son un retrato en sepia de lo que es la comunicación, pero esos conceptos setentistas animan centenares de cátedras en las escuelas y facultades de periodismo y de comunicación, que son verdaderos santuarios de la doctrina peronista. La única renovación que parece plumerear esos retratos desteñidos la aporta el comunicólogo Juan Courel, que se desempeña como consultor y que actuó como asesor de Daniel Scioli.

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