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Ahora, el Gobierno busca apoyo de Schiaretti y el guiño de las listas cortas

13/06/2019 07:20 hs
Intenta que varias provincias opositoras no lleven candidato a presidente. Y trata de contenter a Monzó.
Una muestra de apertura, una decisión para robustecer la gobernabilidad de cara a un eventual nuevo mandato, otra señal al mercado. Un alto funcionario enumeraba los motivos de Mauricio Macri en la elección de Miguel Pichetto como candidato a vicepresidente hasta que se detuvo en el que acaso le provocó más entusiasmo: "Ya no existe la unidad del peronismo. Están golpeados", celebró con una sonrisa, aunque sin dar por ganada ninguna batalla.

Para el Gobierno estaba cumplido el objetivo de retomar la iniciativa política y opacar el acuerdo del kirchnerismo con el Frente Renovador. Y no habían pasado unas horas de la confirmación oficial de la fórmula cuando empezaron a correr posibles esquemas para atraer a otros referentes peronistas. Los principales, Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey. El salteño cerró con Roberto Lavagna; con el cordobés el macrismo buscará llegar a un acuerdo.

"¿El Gringo va a jugar su lista de legisladores con Lavagna-Urtubey o con Mauricio, que en Córdoba puede sacar 50 puntos?", plantearon en la Casa Rosada, dispuestos a intercalar los postulantes propios con los de Schiaretti. También con explorar un entendimiento con boleta corta. Hacemos por Córdoba inscribió su frente para presentar postulantes a diputados "propios" aunque habrá negociaciones hasta el 22, confirmó a Clarín uno de los principales negociadores del gobernador.

Macri se involucró en el objetivo: ya había intentado convencer a Urtubey en su paso por Salta y volvió a tantearlo con un llamado en el que le comunicó la decisión sobre Pichetto. Quedará en todo caso para un eventual balotaje.

La candidatura Lavagna-Urtubey incomoda al macrismo, en tanto los puntos que consigan los "comen" más de la fórmula oficialista que del kirchnerismo, advirtieron los integrantes de la mesa política.

Más allá de la viabilidad de los acuerdos formales, con la incorporación de Pichetto, en la Casa Rosada también reforzaron la expectativa de que los gobernadores peronistas no jueguen a fondo por la fórmula Fernández-Fernández, aun los que se pronunciaron en ese sentido. "Hay que mirar cómo se mueven después de haber sido reelectos, y Miguel como interlocutor puede ser atractivo para ellos", dejaron el escenario abierto en plena etapa de negociaciones.

También habrá conversaciones con los mandatarios apoyados en partidos provinciales. En Río Negro, el Gobierno busca candidatear a senador a Alberto Weretilneck. Y si no hay acuerdo, que se presente con boleta corta (sin postulante a presidente). Lo mismo en Neuquén con el MPN. En Chubut ya lo hizo el gobernador filomassista Mariano Arcioni, y en Misiones el Frente de la Concordia de Hugo Passalacqua. Para la Rosada ya es conveniente que al menos no empujen la fórmula Fernández-Fernández.

En esa línea, en el Gobierno consideraron que la salida de Emilio Monzó sería contradictoria. Apartado de las decisiones, el titular de Diputados le había pedido a Macri la embajada en España como salida elegante. "Sería raro pedirles que se sumen si se están yendo otros peronistas por la puerta de atrás", indicaron en la mesa de Cambiemos. El macrismo hará el intento por retenerlo, con el objetivo de dar otra muestra de apertura y señal a los mercados.

"Ahora tenemos que salir ilesos del cierre de listas", marcó otro hombre fuerte del PRO, con la mirada en las pujas internas. Los apoyos de Elisa Carrió y los referentes radicales a Pichetto blindaron el anuncio de Macri, aunque ya arrancaron las negociaciones y las próximas jornadas serán intensas (ver aparte). Uno de los miembros de la mesa política desestimó una eventual compensación a la UCR con la presidencia de Diputados para Alfredo Cornejo, por el "compromiso" de ese lugar para Cristian Ritondo, el ministro de Seguridad bonaerense. Otro anzuelo para el peronismo: en caso de un triunfo de Macri, las dos cámaras serían manejadas por dirigentes provenientes de ese espacio. A los correligionarios les quedaría pelear por casilleros en las listas de legisladores y espacios en el Ejecutivo.
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