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Pichetto en versión anti China, Macri jefe y otra sesión opositora

01/04/2019 09:58 hs
El jefe de los senadores peronistas prepara un proyecto para congraciarse con Estados Unidos. El Presidente, con problemas de liderazgo.
Ignacio Zuleta
Por Ignacio Zuleta

Oficialismo y oposición en guerra fría de campaña


Las debilidades del oficialismo y la oposición, afectadas por cismas que benefician al adversario, obligan a agazapar las hostilidades de superficie y actuar en operaciones encubiertas. El oficialismo de Cambiemos les regala a los peronistas la fragilidad que transita el Partido del Balotaje, sostenido hoy por un arco que va de Olivos a Capilla del Señor, pasa de manera tenue por los cuarteles de Mario Negri en Córdoba, y se sostiene con alambre cerca de María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, más el comando de candidatos a gobernadores radicales en el resto del país. Es bastante para alimentar la noción que transmite el Gobierno de que domina el subconsciente electoral de los argentinos, porque expresa las demandas de los votantes de los grandes conglomerados urbanos: seis de las siete provincias más pobladas y con más votos. Este dominio contrasta con la irritación epitelial que recibe desde las encuestas y los medios, que festejan las divisiones en el oficialismo y un sector del radicalismo metropolitano, como juega el gato maula con el mísero ratón.


El peronismo levanta muros: EE.UU. o Cuba


El cisma sigue hiriendo también al peronismo, que busca ampliar las fronteras que alambran a sus candidatos. El Instituto Patria ha logrado que la causa de los cuadernos se pierda en sórdidas noticias policiales de espías y soplones. Cristina de Kirchner y sus exfuncionarios localizan la usina de las hostilidades contra ella, no en Olivos, ni en la ex SIDE, ni en Comodoro Py, sino en la embajada de los Estados Unidos, que es quien manda -con órdenes de Imperio- a pinchar teléfonos y movilizar a los agentes del recontra espionaje. La saga pasa, para ellos, de ser una novela de corruptos, a mostrarse como una trama de extorsionadores, o una especie de privatización de ese caso, que estalló en la esfera pública. Corrupción entre privados, diría alguno. Un cambio que favorece a los actores de la causa más peligrosa para el cristinismo, que daría todo para que se diluya en el aire enrarecido de los tribunales, como tantas otras.


Cristina sostiene desde hace años que su enemigo es el Imperio. En abril de 2015 se dio tiempo para entrevistarse en Moscú con Edward Snowden, el ex contratista de la NSA, quien delató en 2013 detalles de un plan de la Casa Blanca -dígase Barak Obama- para espiarla a ella y a muchos más. Te tiene que gustar el espionaje para buscarlo tan lejos a Snowden, que, como todo buen profesional de la alcahuetería, era un doble agente. Y más para creerle, siendo ella presidente y él un ciudadano exiliado en el llano.


Anticristinistas quieren vigilar mejor a los chinos


Los peronistas de enfrente no quieren ser arrastrados por esa presunción, que puede sacarlos del mapa, y responden con un contraataque grato a Washington: un proyecto para crear en el Congreso una comisión Bicameral de seguimiento del acuerdo con China, referido al Programa de Exploración de la Luna, que firmó el anterior gobierno en abril de 2014 y que fue aprobado por una ley. La iniciativa la conoce el embajador de ese país, el ex juez tejano Edward Prado, y la firma un arco de senadores del peronismo de inconfundible militancia federal y anti cristinista: Miguel Pichetto, Carlos Caserio -valedor de Juan Schiaretti en esa cámara-, Rodolfo, que es Urtubey; "Camau" Espínola, Pedro Guastavino y el fueguino José Anatolio Ojeda.


El proyecto busca establecer un mecanismo de vigilancia sobre la base militar que se construyó en Neuquén, y pide acceso irrestricto a sus miembros para entrar y salir de allí, y mirar toda la documentación, pública y reservada. Como toda comisión que se precie de tal, incluye un capítulo secreto y, seguramente, podrá contar -para preservarlo- con fondos también secretos o reservados. La propuesta es un arma arrojadiza, como todo gesto o palabra en una campaña, que busca desmarcar a este peronismo frente al del Instituto Patria, que mira a Washington desde La Habana. También, hacer un recuento de cuántos amigos tiene China en el Congreso y en el Ejecutivo. Algo así como pegarle al chancho hasta que aparezca el dueño, según una frase que oficializó Néstor Kirchner.


Pichetto presume que el gobierno de Mauricio Macri ha continuado, con cambios, el acuerdo de amistad con China. Eso pondría al país en un mapa distante de Estados Unidos y Brasil, y estos peronistas quieren dejarlo en evidencia. Para que no queden dudas de la música con la que quiere bailar este minué, Pichetto prepara las valijas para hablar en la tercera semana de abril en un seminario en la Universidad de Columbia dedicado a la Argentina. También tiene previsto una reunión con el grupo financiero Barclay's. Todo candidato a presidente se debe una gira por la costa Este de los Estados Unidos. Pichetto se recibirá de candidato con ese viaje iniciático.


Tiempo de descuento para recuperar a los aliados


El paso de las horas va a disipar los nubarrones, y va a quedar claro si Cambiemos tiene una estrategia firme para ir a las elecciones, conservando ese gran activo que fue en 2015 el Partido del Balotaje. O si, como parece en la superficie, es una formación que se encierra en el marketing de creer que una elección se gana con ondas de amor y paz, o con despliegues de coaching inspiracional, y exacerba lo que Elisa Carrió llama la endogamia del PRO. En esa superficie, el socio principal que es el radicalismo hace una competencia de opiniones encontradas, digna más de un concurso literario que de una formación política.


Hizo en 2015 a Macri presidente gracias a que antes de esa fecha tuvo una conducción con estrategia, que navegó hasta la convención de Gualeguaychú. Allí la mayoría apoyó la alianza exclusiva con el PRO. Mandaban dos cabezas que tuvieron posiciones contrarias, pero que zanjaron en una votación, como Ernesto Sanz y Gerardo Morales. Y había un combustible espiritual que era la lectura de la realidad que hacían los socios de este frente. El radicalismo se veía socio de una chance ganadora. La frase final del discurso de Sanz en Gualeguaychú fue: "Nuestra alianza está arriba de los 35 puntos: ¡hay balotaje en la Argentina!" Ese canto a las encuestas fue el otro ingrediente de la estrategia.


Radicales llaman a mesa de todos los jefes provinciales


Para 2019 faltan estos dos ingredientes: una jefatura nacional poderosa del partido y un clima de optimismo que salga de los sondeos, que hoy señalan dificultades que en 2015 no existían. Venía de gobernar el peronismo, con una agenda cascoteada y sin prestigio. Ahora Cambiemos vendrá de administrar cuatro años con una gestión resbaladiza de la economía. Le queda el prestigio en su público, que en el mejor de los casos está en aquel 35% que vaticinaba un balotaje en 2015, y que lo hace algo casi seguro en 2019. La UCR sufre, además, la kriptonita de Lavagna, que dividió al partido en 2007, cuando fue candidato junto a Morales, y que ilusiona a cierta dirigencia del área metropolitana -CABA, Buenos Aires- que ha estado más lejos de los socios del PRO, que en el resto del país. Lo único operativo en ese planeta es la reunión del jueves en Mendoza de Alfredo Cornejo con Enrique Nosiglia. Discutieron la fecha para reunir al Comité Federal de la UCR -mesa que integra la cúpula y los jefes de cada provincia- que se hará antes de la Convención, que no tiene fecha. Junio, se escuchó.


De ahí salieron algunas claridades: 1) nadie de ellos está cerca del proyecto Lavagna; 2) no peligra la UCR dentro de Cambiemos, pero eso es hoy, y hace falta una renegociación de la alianza; 3) Cornejo había hablado con Macri casi una hora por teléfono de esto el martes a la noche. ¿Habló Coti con Macri? No, pero el Presidente tiene embajadores permanentes ante Nosiglia, que trafican información sobre lo que piensa y dice cada cual del otro. Hay comarcas, es cierto, en donde la fila de quienes quieren tomar distancia de Macri parece más larga que la de quienes quieren acercarse. No ocurre eso en el resto del país, en donde los radicales encabezan la mayoría de las fórmulas a gobernadores, y han dado vuelta la hegemonía del PRO en la integración de las listas de 2017. Tampoco las críticas al PRO son todas del mismo tono. No es lo mismo Federico Storani -jefe del bloque pro-Macri en la convención de Gualeguaychú- que modera los reproches, y pide condiciones a cumplir para seguir en la alianza, que Jorge Sappia, jefe de la convención, que menea sus relaciones con Lavagna y predice el final de la UCR en Cambiemos.


Macri mantiene jefatura, tiene que recuperar liderazgo


La inteligencia de la que alardea el Gobierno sobre el rumbo de la conversación social es el argumento frente a la adversidad de esta crisis, que cuestiona: 1) la integridad del Partido del Balotaje; y 2) el liderazgo de Macri, que él mismo ha jibarizado para acomodarse a una jefatura.

Líder es quien arbitra por sobre las contradicciones del conjunto, mientras que jefe es quien arrastra a una de las tribus del conjunto, para dominar al resto. Macri se comportó como un líder en los dos primeros años de gobierno. Después de las elecciones de 2017 se encerró en la jefatura del PRO y, paradoja de las paradojas, fue soltando el lastre que le reclamaban los radicales. Estos socios le cambiaron la política de subsidios y tarifas, y le voltearon a su ministro predilecto, Juan José Aranguren. La crisis de jefatura arrastró a otros dos cerebros del primer tramo de su administración, Federico Sturzenegger y Jorge Triaca. Por mantener liderazgo con recetas erradas, perdió el liderazgo. Mantiene la jefatura, que es recurso que le puede permitir una fórmula de conciliación de las contradicciones, y mantener el Partido del Balotaje.


Mejor que lo cuiden a Negri


Esta tensión puede estallar en Córdoba o asegurar un round de recuperación. Depende de la suerte del solitario Negri, hoy el único representante de Macri en esa provincia. El jefe del interbloque, que enfrenta a la Lista 3 de Ramón Mestre por la gobernación provincial, se privó de bajar del avión junto al presidente, cuando éste llegó el miércoles a Córdoba para el Congreso de la Lengua.


Habían estado el martes en varios encuentros a lo largo del día. Primero en la sesión del gabinete -regreso del cordobés a esa tarea, que es ya una rutina de informes de ministros, sin nervio informativo-; por la noche en la cena que le dio el rey de España a Macri en el Four Seasons. Lo habían invitado a ir en el avión presidencial, pero Negri prefirió adelantar el regreso para evitar esa foto, que podía darle argumentos cordobesistas a Mestre. Estos cuidados de puercoespín entre los aliados del oficialismo no son ociosos. Negri demora la campaña a gobernador porque, dice, no tiene los recursos de sus competidores, que manejan la provincia y la Capital local. Cuando pasó por Buenos Aires nadie lo citó para discutir estrategias o efectividades conducentes. ¿Han imaginado en Olivos las consecuencias de que, sin apoyos, Negri decline la candidatura a gobernador? Mejor ni hablar de eso. Un médico por allí.


El peronismo prepara otra entradera en Diputados


Negri reaparecerá esta semana para reagrupar el interbloque de Cambiemos, que tiene que enfrentar la convocatoria del jueves a una sesión especial que ha hecho la oposición, para torear al Gobierno y forzarlo a discutir sobre tarifas, impuestos y jubilaciones, según un formato que puede desprestigiarlo más. La oposición puede tener número para arrancar la sesión, pero no los 2/3 para que se apruebe alguno de los proyectos que desbaraten la agenda del oficialismo. Esta convocatoria a sesión especial es un esfuerzo frentista: Agustín Rossi (FpV) pone el músculo, pero el cerebro lo pone Graciela Camaño, del bloque que inspira Sergio Massa y que integra Marco, que es Lavagna -como diría Cristina-. Y hablando de maldades, arrinconamientos y devolución de gentilezas, ese interbloque virtual de peronistas se anota para pedir otra sesión especial de Diputados, el próximo 24 de abril.


Es para tratar el DNU de extinción de dominio, que firmó Macri en enero, y precipitar su caída con el tratamiento de los dos dictámenes del peronismo, el del Senado y el de Diputados, a suerte o verdad. Todo con tal de hacerle daño al Gobierno, que ha desmantelado el frente legislativo: retira con escarnio a Emilio Monzó, apartó a Nicolás Massot de la estrategia en su propio distrito Córdoba, y lo mandó a Negri a bailar con la más fea en aquella provincia. Tampoco puede contar con Carrió, que recibe a radicales como Atilio Benedetti -candidato a gobernador de Entre Ríos- en su chacra de Capilla del Señor, pero que no estará en campaña hasta después de la Semana Santa. Suele respetar con rigor las liturgias de estas fechas, se mantiene en silencio y apenas abrió el juego a los propios para diseñar una agenda de viajes de campaña a Córdoba -favor de Negri-, Entre Ríos y Santa Fe. Sólo quebrará -fiel a su racionalidad- el silencio de Cuaresma si el jueves hace falta poner número para evitar la entradera de la oposición.

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