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Un juez viajó con su secretaria a Chile con pasajes comprados por la pareja de un preso

09/02/2019 10:10 hs
Es Martín Ordoqui, del Tribunal de Casación Penal bonaerense, quien está suspendido. En paralelo al viaje, le dio la libertad al detenido.

Martín Ordoqui lo fue casi todo en la vida. Abogado de la Municipalidad de Quilmes cuando el intendente era Aníbal Fernández, se dice que fue él quien manejó el Peugeot 504 en cuyo baúl el propio Aníbal siempre negó haber escapado de la Policía en 1994 cuando fueron a detenerlo a la sede comunal por una causa de corrupción. Ordoqui fue también su defensor en aquella causa penal y al poco tiempo se convirtió en secretario letrado del entonces flamante Tribunal de Casación bonaerense, el máximo organismo de la Justicia Penal de la provincia. Después fue nombrado juez en un Tribunal Oral de Quilmes y luego saltó a lo que es hoy: juez del propio Tribunal de Casación.


Ordoqui también fue dirigente del Club Estudiantes de La Plata, coleccionista de autos clásicos, afiliado radical y simpatizante kirchnerista.


Ahora está al borde de ser el primer juez del Tribunal de Casación destituido por corrupción, en una derivación de la causa que investiga a la banda del ex juez platense César Melazo. Pero no todo está perdido aún para Ordoqui: la propia Justicia está haciendo emotivos esfuerzos por salvarlo.


Ordoqui cayó en desgracia el año pasado cuando un vendedor de autos procesado por doble asesinato, Javier Ronco, denunció que le había pagado 1.700.000 pesos para que le consiguiera la prisión domiciliaria con tobillera electrónica. Incluso, como prueba de su relación, mostró una cupé Torino roja que le habría comprado al juez.


El magistrado fue suspendido en su cargo por 90 días y se le inició un juicio político, que aún no avanzó. En el medio, apareció una segunda causa penal contra él, aún más complicada, porque está basada en escuchas telefónicas demoledoras.


Pero igual la Justicia está tratando de desactivarlo todo.


En esta segunda causa, Ordoqui está sospechado de haberle vendido la libertad condicional a Ariel Heine, un hombre con antecedentes por robo que montó un próspero negocio en la zona de San Vicente: usurpar terrenos públicos, alambrarlos, lotearlos y venderlos como si se tratara de barrios privados.


Alguna vez relacionado por la prensa local con el intendente Daniel Di Sabatino, Heine tenía dos inmobiliarias donde también vendía propiedades privadas usurpadas a sus dueños con una banda mixta de barrabravas, matapolicías y otras especies.


Preso por primera vez, Heine limó los barrotes de una celda de la comisaría de San Miguel del Monte y recuperó la libertad. Montó una inmobiliaria en Adrogué para volver a la venta de propiedades usurpadas pero, en diciembre de 2013, nuevas denuncias por estafa lo empujaron de regreso a prisión.


No fue por mucho tiempo. Las escuchas telefónicas encargadas en esa investigación revelaron cómo compró su sueño de libertad.



Según el expediente que llevan adelante la fiscal platense Bettina Lacki y la jueza Marcela Garmendia, un operador judicial llamado Enrique Petrullo -hoy preso en la causa Melazo- habría hecho de intermediario entre Heine y el juez Ordoqui. Para eso, puso en contacto a la pareja del usurpador, Lidia Perna, con María Eugenia Mercado, amiga íntima del magistrado y jefa de despacho interina de la Sala V del Tribunal de Casación.


Los empleados de ese tribunal revelarían que Lidia Perna empezó a aparecer por allí cada vez más seguido., señalaron. La mujer de Heine iba a ver a María Eugenia Mercado o al propio juez. En las escuchas quedaría reflejado para qué: Heine presentó el pedido de prisión domiciliaria y Ordoqui se la concedió el 1° de marzo de 2018.


Lacki y Garmendia sospechan que no lo hizo por amor al garantismo. En las escuchas realizadas en aquel mes de marzo, Lidia Perna -pareja del usurpador Heine- dejó grabada su voz comprando dos pasajes de avión para otra pareja:


-Operadora: Muy buenas tardes, bienvenida a Latam, ¿en qué puedo ayudarla?

-Perna: .

-O: A ver, sí, claro, eh, usted ¿ya tiene su reserva? ¿O desea realizar una nueva?

P:  (...) 

-O: A ver, por favor, ¿me los podría brindar?

-P: María Eugenia Mercado ¿Te figura la reserva?

-O: Eh, no señorita, todavía no.

-P: Está una a nombre de ella y otro...¿Querés que te de el otro documento?

-O: Sí, por favor.

-P: Martín Manuel Ordoqui

-O: ¿Martín Manuel?

-P: Ordoqui

-O: Ok (...) Le sale el precio de 30.392,80 pesos argentinos.

-P: Está bien, mientras pueda subir al avión no hay problema ¿Podemos hacerlo con débito?


El juez Ordoqui y su jefa de despacho volaron finalmente a Chile, en un romántico viaje de Semana Santa que se convertiría, sin que lo supieran, en uno de los casos de coimas más comprobados de la historia judicial argentina.


Pero el problema fue que, pese al vuelo de los tórtolos, Heine no salió de prisión, porque el fiscal Carlos Altuve apeló la resolución de Ordoqui y todo se complicó. Ante esto, según la investigación, el usurpador se puso tan nervioso que el magistrado tuvo que ir en persona a verlo a la cárcel.


El chofer oficial de Ordoqui declararía que,, su jefe le pidió que lo llevara hasta la Unidad Penitenciaria N° 9 -donde estaba preso Heine- acompañado por su novia, Lidia Perna, y por María Eugenia Mercado. El dato se conocía pero ahora aparecieron escuchas telefónicas que lo convierten, directamente, en un escándalo.


El 16 de junio de 2018, al fin, Heine salió caminando por la puerta principal de la cárcel gracias a la prisión domiciliaria otorgada por Ordoqui. Sin embargo, la libertad sólo le duró hasta octubre, cuando la jueza Garmendia ordenó a la División Delitos Violentos de la Policía Federal su arresto junto al de Lidia Perna, al del "operador" Petrullo, al de María Eugenia Mercado y al del juez.


A Ordoqui no lo pudieron detener porque aún tiene fueros. Mercado, en tanto, se refugió en la casa del magistrado -los fueros también protegen la propiedad- hasta diciembre, cuando finalmente se dejó arrestar.


Quizás, para entonces, ya sabía que la Justicia iba a darles una mano.


A fines de diciembre, la causa llegó a la Cámara de Apelaciones y los jueces naturales, María Cecilia Oyhamburu y Raúl Dalto, confirmaron todos los procesamientos por "asociación ilícita", "cohecho agravado" (coimas) y "tráfico de influencias". Lo insólito llegó días más tarde: la defensa de María Eugenia Mercado presentó un habeas corpus y, como Dalto ya estaba de vacaciones, se armó una Sala de Feria para resolverlo.


Allí se produjo la movida. El 15 de enero los camaristas de feria Laura Irma Lasaga y Sergio Ramón Almeida, que nunca antes habían leído el expediente, resolvieron suavizar la calificación del delito contra María Eugenia Mercado: le eliminaron el delito de "asociación ilícita", la ubicaron como partícipe secundaria del "cohecho" y le concedieron la prisión domiciliaria, pese al voto minoritario en contrario de Oyhamburu.


Fue una jugada a dos bandas para favorecer a Ordoqui, con un fuerte olor a la vieja escuela quilmeña. Por empezar, el juez está acusado de "asociación ilícita" (formar parte de una banda de tres o más personas), pero al eliminar esa imputación contra Mercado la acusación contra el magistrado se queda sin el mínimo de integrantes para configurarse. Por otro lado, esta empleada judicial era la que más chances tenía de, en prisión, convertirse en arrepentida y contar todo lo que sabe. Liberada y alojada en casa del juez esa opción parece imposible.


La libertad de Mercado aún no se hizo efectiva porque el fiscal general platense, Hugo Vogliolo, la apeló. Su presentación fue a parar al Tribunal de Casación, más precisamente a la Sala que integra el juez Fernando "Pipi" Mancini, quien ahora debe resolver si confirma la libertad o la rechaza.


Lo absurdo, entre tantos absurdos judiciales, es que "Pipi" Mancini es ni más ni menos que el tío de María Eugenia Mercado.











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