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La increíble historia de la primera princesa argentina y el extravagante reino de Siam

03/02/2019 12:57 hs
Mucho antes de que Máxima Zorreguieta se convirtiera en princesa, otra argentina llegó al mundo de los royals.

Por Julio Lagos, extraído del portal Infobae


Un día de 1949, su alteza de Siam el príncipe Birabongse Bhanutej Bhanubandh, más conocido como Bira, llegó a la Argentina. Venía a participar de una carrera de autos. Alguien le mostró la foto de una chica. Morocha. Bellísima.


Se enamoró de ella a primera vista. Parece la escena de una película. Pero es el principio de un romance auténtico que ahora relata Chelita -Celia Howard según sus documentos-, su protagonista, en una nota exclusiva de Infobae.


- Cómo tengo que decirte? ¿Celia, Chelita? ¿O princesa?


-¡Princesa ya fui!


-Eso no prescribe.


-Vos sabés que cuando camino por Diego Palma (San Isidro) algunos me saludan y me dicen "adiós princesa"...


-Ya ves... Además, vos salís linda en todas las fotos.


-96 años tengo.


- ¡No te puedo creer!


-Sí, si vos sabés que tengo 96... Lo que pasa es que me ven linda... y todavía tengo la mente... A esta edad no todos tienen la mente... Y me ven pícara...


Es imposible no enamorarse de esta mujer. Porque, como ella lo sabe y lo dice, es linda y pícara. Tiene una sonrisa perfecta y la mirada de fuego.


El príncipe Bira se dio cuenta mucho antes que este cronista:


-Él era corredor de autos y venía a la Argentina a participar de una competencia. Viajaba en el barco Conte Grande y traía su auto. Estaba deprimido, porque se acababa de separar de Cheryl Heycock, su primera esposa. Entre los pasajeros estaba mi amigo Fernando Segura, que era hijo del director del Hospital de Clínicas. Ellos se conocían, habían estado juntos en Europa. Y Fernando le dijo: "Levantá el ánimo... Cuando lleguemos yo te voy a presentar a las mujeres más lindas de Buenos Aires...".


Chelita sigue contando:


-Nosotros teníamos una barra de amigas y amigos, salíamos a navegar por el río... Mi amiga íntima era Chaly Pizarro Lastra, la madre de quien con los años fue el juez que condenó a Monzón... Un día, Fernando lo llevó a este príncipe Bira, y al principio le presentó a Anita Larronde, que era bellísima. Pero no congeniaron, a él le pareció muy sofisticada. Entonces le mostraron mi foto, y le dijeron "si querés te presentamos a esta criollita hermosa"... El príncipe se entusiasmó y dijo "ésta, ésta"... Pero yo le dije a Fernando, "dejame de joder, yo no salgo con un tintorero...".


El fastuoso Reino de Siam estaba integrado por tres países del sudeste asiático (Tailandia, Camboya y Laos) y fue símbolo de esplendor y refinamiento desde el siglo 14. Su monarca más famoso fue el Rey Mongkut, que gobernó desde 1851 hasta su muerte en 1868. Tuvo 82 hijos y 100 mujeres, entre esposas y concubinas. Para que su gran familia aprendiese a hablar inglés contrató a una profesora galesa llamada Anna Leonowens, episodio que inspiró la novela Anna and the king of Siam de Margaret Landon, en 1944. Luego vino la comedia musical The King and I, de Rodgers & Hammerstein y las tres versiones cinematográficas: la de 1946, con Irene Dunne y Rex Harrison, la de 1956 con Yul Brinner, Deborah Kerr y Rita Moreno, y la 1999 con Jodie Foster.


El Rey Mongkut fue el abuelo del "tintorero" al que Chelita inicialmente rechazó, es decir el príncipe Bira. Había nacido en 1914 y como su padre era alcohólico un hermanastro llamado Chula se ocupó de su educación. Y para eso lo llevó a estudiar a Inglaterra. Primero cursó en Eaton y luego en Cambridge.


Pero además, el joven príncipe estudió dibujo y escultura, actividad esta última en la que se destacó especialmente. Aunque lo que más le gustaba eran las carreras de autos.

 

Chelita y Bira: "Fue amor a primera vista"


Con la ayuda económica de Chula compró varios coches y participó en muchas competencias antes de la Segunda Guerra Mundial. Tenía voluntad, garra y ganas de aprender, lo que le permitía contrarrestar una limitación visual que lo obligaba a correr con anteojos ahumados recetados.


Fue un verdadero piloto, no un simple millonario aficionado que se permitía un hobby carísimo. Por eso, finalizada la guerra, volvió a los circuitos y manejó una Maseratti.


Así fue que llegó a la Argentina, para participar en el Gran Premio Eva Perón de 1949, que se corrió en Palermo. Pocas semanas después, en Mar del Plata, llegó segundo, detrás de Juan Manuel Fangio. Con el tiempo se hicieron muy amigos y muchas veces -en Europa- Fangio era pasajero del avión privado de Bira.


Hoy, la nueva estrella de la Fórmula Uno es el tailandés Alexander Albon. Tiene 22 años, integra la escudería de Toro Rosso y todas las crónicas lo señalan como el heredero deportivo del príncipe Bira.


-Chelita, ¿entonces no quisiste salir con el príncipe, pese a la insistencia de tus amigos?


-Él estaba encandilado conmigo. Y consiguió la dirección de mi casa. Yo vivía con mi hermana y mi hermano en Chacabuco 178, muy cerquita de la confitería Los Dos Chinos, que estaba en la esquina de Alsina. Un día sonó el timbre, yo estaba sola. Fui a abrir... ¡y era el príncipe Bira!Me asusté... "¡Qué hace acá!", le dije... "Go away, go away", lo eché en inglés. Mi abuela, que me crió porque mi mamá murió cuando yo tenía diez años, me había mandado a la Pitman. Yo hablaba inglés, era dactilógrafa, sabía contabilidad, tenía el diploma... Bueno, yo insistía: "Por favor, váyase, va a venir mi hermano". Todavía sentíamos ese respeto familiar. Y él, nada... Me dijo: "La espero en la confitería de la esquina".


-¿Y vos qué hiciste?


-Me puse un vestido hermoso, que me había hecho, de tres colores, escotado y sin mangas... Cuando me vio, arreglada y pintadita, se volvió más loco. "No la dejo más -me dijo- ¡no se despegue de mí!".


-¿Te convenció?


-De entrada le dije "Are you crazy?". Pero me dijo que quería hablar con mi hermano.


-¿Tu hermano Juan Carlos, el pianista de tango?


-¡Sí, el autor de Y te parece todavía! -y Cholita, la princesa de 96 años, se puso a cantar -"...Vos serás como una herida, para el resto de mi vida... ¡pero otra cosa, jamás!...".


Habla con orgullo de su hermano:


-Llegó a tener su orquesta, fue famoso. Era el pianista de Héctor Varela. También compuso Melodía oriental. Paraba en Callao y Corrientes, en un café de los músicos. Todos jugadores, se quedaban sin un mango, jugaban a la generala.Yo le daba todos los días plata a él, 10 pesos, que era plata...


El hermano mayor, finalmente, aceptó la pretensión romántica del príncipe, quien aseguró su promesa formal:


-Le dijo que estaba locamente enamorado de mí, que nunca había visto una mujer tan bella y que nos íbamos a casar.


Y así, previa escapada a Punta del Este ("yo no tenía ropa, me tuve que poner una camisa de él") la pareja se fue a Europa.


-Viajamos en el barco "Presidente Perón".


Cuando Chelita menciona a Perón, le muestro una foto en la que ella está en el medio, entre Bira y el entonces presidente:


-¡Esta foto vale millones! Lo que has trabajado, mirá las cosas que conseguiste. Te cuento la historia de esta foto... En una reunión con los corredores de autos, Perón los fue saludando a todos y cuando llegó a Bira le dijo: "Felicitaciones príncipe, usted se ha casado con una paisana nuestra que es muy bonita". Entonces Bira le contestó: "Cuando usted quiera se la presento, general". La respuesta de Perón fue: "Pero por supuesto, estoy ansioso por conocerla"


La princesa continúa entusiasmada con el relato:


-Estábamos en el departamento comiendo fideos con manteca y queso, que a Bira le encantaban, y suena el teléfono... ¡Era de la Presidencia! Dijeron que "el Excelentísimo Señor Presidente espera mañana a las diez de la mañana a su Alteza Real y a su esposa". ¡Imaginate! Cuando llegamos nos advirtieron que la entrevista iba a ser de diez minutos, porque Perón tenía dos audiencias con embajadores ¿Sabés cuánto nos quedamos? ¡45 minutos! Cuando salimos, los pobres embajadores estaban esperando...


Le sigo mostrando fotos. Aparecen Chelita y el príncipe Bira en cenas de gala, con autos de lujo, en viajes por el mundo. Pero hay una que la conmueve especialmente. Es la foto en la que están arrodillados, en el Palacio Real de Bangkok, recibiendo la bendición del Rey, al llegar a Siam en viaje de luna de miel:


- ¡Ay, me quedo helada...! ¡Escalofríos me da...! ¿Cómo hiciste para conseguir esa foto? ¡No lo puedo creer! Bira le había prometido al Rey que la luna de miel iba a ser en Bangkok, veníamos de Europa.


El placentero viaje de los recién casado, de todas maneras, había tenido algunas particularidades:


-Era el avión de Chula. El avión era de madera, muy dura... celeste, dos motores. Salimos de Inglaterra, pasamos por Arabia. Yo tomé clases de tiro, para defenderme, para defendernos por si nos atacaban cuando hacíamos las escalas cuando teníamos que cargar combustibles. Bira tenía el puñal para matarlos... Yo tenía el revólver y él tenía el cuchillo...


-¿Me estás diciendo que ustedes estaban armados?


-¡¡¡¿¿¿Armados???!!!... Habíamos tomado clases, para defendernos. Por cualquier cosa...(hace ruidos y dispara al aire)... ¡¡¡pan pan pan!!!...


El 18 de diciembre de 1951, el casamiento del príncipe Bira con Chelita Howard fue un hecho periodístico y un acontecimiento social.


La ceremonia, que se desarrolló en la sede de la Embajada del Reino de Siam en París, fue profusamente difundida por los medios.


Algunos diarios de Buenos Aires hablaron de la "porteñita", de la "criollita" y de la "pompa oriental".


"By earth, by water" -(Por tierra, por agua)-, dijo un diario inglés hablando del rito de la ceremonia.


L 'Aurore de París tituló: "La belle argentine a épousé á Paris le prince siamois" (La bella argentina se casó en parís con el príncipe de Siam).


Con información de la Agencia France-Presse, La Razón lo contó así: "Se realizó un sueño de hadas: ya es Princesa la ex-empleada del Automóvil Club; a su boda fueron príncipes, diplomáticos y deportistas".


Le muestro el fantástico archivo del British Movietone es el documento insuperable del momento en el que Chelita pasa a ser la Princesa.


Al verse en estas imágenes, sonriente y cortando la torta, Chelita comenta:


-¡Ay, qué hemosa que era!... Che, soy más linda que la otra princesa...


Con una mezcla de ingenuidad y picardía, se refería a Máxima Zorreguieta, quien habría de nacer en 1971, veinte años después.


Cuando le comenté que dos veces consecutivas ella había evitado besar en la boca a Bira, me dijo:


-Querido, estaba lleno de gente. Y yo siempre fui tímida.


No es fácil imaginar esa condición en una mujer que fue figura principal en las cortes europeas y los palacios asiáticos, que vivía en Cannes, lucía joyas costosísimas y manejaba autos de alta gama:


-Hay una foto en la que estoy con un Aston Martin blanco, que me regaló Bira... Y la casa de Cannes fue un regalo del príncipe Chula, mi cuñado, que me regalaba de todo. Un anillo, maravilloso, que en Cartier de París lo cotizaron casi en un millón de dólares... Yo hoy sería más que Susana Giménez, pero...


-¿Gastaste todo?


-No tengo nada. Pero la pasé. La viví. La gocé. Y perdí. Como todo en la vida, se va. La vida, esa ruleta en la que estamos todos. ¡La viví, la viví, la viví!... Conozco todo de la vida... Menos la droga, que es terrible.


El amor también pasa. Y un día, el matrimonio de Chelita y el Príncipe Bira terminó:


-Yo venía de viaje, llegaba a Bangkok con mi hijo Biradej. Bira me estaba esperando en el aeropuerto, con un amigo común. Al llegar, apenas bajé del avión, me regaló un anillo impresionante. Hacía unos días que había viajado a Cuba, donde proyectaba hacer una refinería de azúcar, pero Fidel Castro lo echó. Llegamos a la casa, al palacio, y estaban todos sus primos. Lo primero que vi, en una mesa, fue un portarrretrato con dos fotos juntas: la mía y la de otra mujer. Era una broma de sus primos, unos guarangos..."¡¡¡Qué eso eso!!!", grité. Él me dijo "después te explico". Yo, con mi temperamento, exploté. Y él me quería tranquilizar."Chelita, recién llegás... después te explico...".


Pero Chelita no estaba decidida a esperar:


-¡Me lo explicás ahora!


-Es una chica que conocí en un avión. Me sigue a todos lados, no se separa de mí, no se despega. Me dice que se enamoró de mí.


La porteñita, la criollita, la chica que había conseguido su diploma en la Pitman y que terminó viviendo en Cannes rodeada de lujo, explotó:


-¡¡¡Qué me estás diciendo!!! Yo vine acá a ver a mi marido, al que le prometió a mi hermano que se iba a casar conmigo, con el que íbamos a formar una familia. Hicimos un varón, yo quiero más hijos, pero no los voy a tener, porque ahora mismo te dejo ¡¡¡Llamá un taxi!!! No quiero saber más nada con vos...


Tantos años después, su relato conserva una firmeza que el tiempo no ha podido borrar. Golpea la mesa repetidamente y dice:


-¡Y me fui, con las mismas valijas con las que acababa de llegar y que no había abierto!


Celia Howard hoy, a los 96 años, sigue siendo una mujer fascinante. Con un notable parecido a la Reina Letizia de España, su magnetismo es irresistible.


Cuando se separó del príncipe Bira tenía 32 años. Nadie puede cometer el desatino de suponer que desde entonces no hubo otras historias de amor en su vida.


Tampoco este cronista, que prefiere resguardar la complicidad con la que la princesa contestó esta pregunta:


-¿Cuál fue el hombre que más amaste en tu vida?


-Creo que fue Bira. Porque lo otro es piel.


Es probable que haya habido otras historias, sí. Quizás en New York. Pero fue en otra ciudad, en Londres, donde este cuento de hadas tuvo su final.



El 23 de diciembre de 1985 Birabongse Bhanutej Bhanubandh, su Alteza Real el Príncipe Bira, estaba esperando el subte en la estación Barons Court del metro londinense. Iba a comprar los regalos de Navidad. Un infarto de miocardio lo derrumbó en el andén. Tenía 71 años y había salido sin sus documentos. Scotland Yard tardó un par de días en identificarlo.


Chelita, la criollita pícara y mundana, pone un velo de ternura en su mirada de fuego:


-Bira siempre me decía: "Vos te apoderaste de mi cuerpo, de mi alma, de mis sentimientos. Yo moriré con vos". Estoy segura, Dios me dice que murió recordándome en ese momento...


Y en los cuentos, las princesas siempre tienen razón.

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