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El ex novio de la turista argentina que murió buceando contó detalles de la tragedia

09/01/2019 20:02 hs
Rocío Gómez había contratado la actividad para bucear por primera vez. Su ex pareja, viajó para esparcir sus cenizas en el mar.

Rocío Gómez, oriunda de Villa Urquiza, emprendió un viaje sola por el sudeste asiático. Sin rumbo fijo, el 17 de diciembre amaneció en Tailandia, precisamente en la Koh Tao, una isla muy popular al sur de ese país. Había conocido mucha gente en el hostel Savage, donde se hospedaba, la muerte la encontró sin un amigo o familiar cerca.

 

Todo comenzó a siete metros de profundidad, cuando quedó inconsciente en el golfo tailandés. A sus 39 años, la turista argentina murió tras perderse durante su "bautismo" de buceo. Así se llama a la primera vez que se bucea en el mar.

 

La reanimaron en el barco dos turistas que de casualidad eran médicos. Luchó durante 4 días en tres hospitales de Bangkok pero murió el 21 de diciembre. Durante el segundo dive (inmersión) el instructor argentino que la acompañaba junto a una pareja de españoles -la mujer con experiencia y él principiante- declaró ante Phiyapong Boonkaew, jefe de la Policía de Kohmiró, que miró a su alrededor y "ya no estaba". Y que no la volvió a ver. Se llama Nahuel Oscar, tiene 28 años y es de Chivilcoy. En él está puesto en el foco de la "negligencia".


"Fue otro instructor, Guillermo Torres, que estaba haciendo buceo y la vio inconsciente, a siete metros de profundidad", cuenta a Clarín Franco Cetti (37). Lo leyó en el parte de la Policía tailandesa. El que habla es el ex novio de Rocío y el único que viajó a Tailandia apenas se enteró de lo que había pasado. Habían cortado en junio tras 3 años y medio de noviazgo.

 

"Viajé pensando que estaba con muerte cerebral. Cuando llegué a Tailandia me avisaron que había muerto", detalla. Sin importar el valor del pasaje, sacó un pasaje para él y su hermana y llegó a Bangkok el 24 de diciembre. El 29, día de su cumpleaños, fue el encargado de esparcir las cenizas de su ex novia en el mar tailandés. El deseo de cremarla -mediante la intervención de la embajada argentina- partió de su padre y su hermano. Él hubiese solicitado que le hagan una autopsia.


"Cuando fui a la escuela de buceo a buscar respuestas, la manager me dijo que la culpa fue de Rocío, que no había seguido el protocolo de seguridad, que el instructor no tenía nada que ver ¿De qué protocolo habla? ¿Qué tiene que saber alguien que nunca hizo buceo? ¿Te pueden perder de vista? Ella tuvo un problema con la máscara, el instructor creyó que lo había solucionado y volvió a bajar. No la cuidó. Dicen que ante cualquier problema ella tenía que esperar un minuto y emerger. Lo único claro acá, aunque la familia no haga juicio es que hubo negligencia", dice.

 

Rocío había contratado la excursión en una escuela Pura Vida Koh Tao, que tiene varias sedes en distintas islas paradisíacas y es muy conocida por ofrecer sus servicios con instructores que hablan en español, a precios low cost. Por eso es la más elegida por los mochileros como Rocío.

 

"En Tailandia no quieren que esto se sepa porque no es buena prensa la muerte de un turista. Y esta escuela es una de las que más factura", sigue Franco.

 

Patricio Kingslad, cónsul argentino en ese país, llamó a la tía de Rocío para contarle lo que había pasado, horas después del incidente. "Rocío todavía estaba viva. Llamó a la tía porque es el teléfono de emergencia que había puesto en la planilla antes de la excursión". Con su padre y su hermano no tenía mucha relación. Su madre, Estela, con la que era "muy pegada" había fallecido en mayo.

 

Cuando Franco fue al hospital de la isla de Samui, cercana a Koh Tao, y al de Bangkok, donde finalmente su ex novia falleció, recibió un informe de tres hojas "que era muy pobre". Hablaba de que tenía "un problema en el hígado", de "paros cardiorespiratorios" y "de anoxia (disminución de oxígeno)". Uno de los médicos que la atendió y hablaba inglés le dijo que "había estado mucho tiempo debajo del agua, que era imposible de reanimar".

 

También habló por WhatsApp con "Zigor", el español casado con una tailandesa que es dueño de la escuela. "Me llamó la atención que acompañaba a Rocío a todos lados. En el hospital, en cada traslado. Era muy obvia la actitud de culpa. También hasta el instructor quería participar de la ceremonia de las cenizas. Era todo muy extraño. Después entendí por qué, en el comunicado por Facebook en el que amenazan para que esto no se sepa", cuenta el hombre de 37 años que debe hacerse más para saber qué pasó con su ex novia.

 

Tiene una lista de abogados locales que le pasó la embajadora de Tailandia, pero no sabe si podrá seguir adelante con la causa porque no sabe cuál es su valor procesal "si la familia no hace la denuncia".


Los gastos médicos y de la cremación los pagó la compañía de asistencia al viajero -aunque Rocío no había pagado el extra de "actividad de riesgo"- y la de seguros de la escuela de buceos. "Eso no alcanza. Creen que está todo bien porque iba un instructor con tres personas (el máximo es cuatro). Pero no te pueden perder. Eso te lo dice cualquier instructor y me lo dijeron en Tailandia. Tenés qu estar casi de la mano con el instructor", cierra Franco.

 

Franco volvió a Buenos Aires el 31 de diciembre. Con las cosas que su ex novia había dejado en el locker del hostel en Tailandia. Como Rocío había caído tan bien y en la recepción lamentaron mucho su muerte, ahí lo dejaron hospedarse sin cobrarle la noche. También en ese hostel le contaron que vieron al instructor "divirtiéndose en un bar a los siete días de la muerte de Rocío".

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