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Abusos en la ORT: según las víctimas, la insitución sabía lo que hacía Alberto Cirulnik

21/12/2018 08:55 hs
En 1997, los directivos se habían reunido con la familia de uno de los denunciantes. Prometieron investigar, pero el pediatra siguió en su puesto.
Hace apenas tres días TN.com.ar reveló que la hija de Daniel Filmus y otros dos hombres denunciaron al médico pediatra Alberto Cirulnik -que trabajó en la ORT- por abuso sexual. A partir de allí, al menos otros 20 exalumnos se sumaron a la acusación. Pese al comunicado de la institución, las víctimas aseguran que la escuela de la comunidad judía tenía conocimiento de los hechos al menos desde 1997, cuando la familia de uno de los chicos se reunió con las autoridades. Sin embargo, no hicieron nada para detener el accionar del profesional. Los testimonios a los que accedió este sitio, confirman la versión de los exestudiantes.

Cuando Leandro Koch salió del consultorio de Cirulnik en la sede de Yatay, se quedó pensando unos minutos. Había atravesado con el médico una experiencia que lo confundía. "Le voy a decir a mi vieja que quiero que este tipo sea mi pediatra", decidió. Tenía en ese momento -marzo de 1997- 13 años recién cumplidos.

Cuando volvió al aula, de donde se había ido con la excusa de que le dolía la cabeza aunque en realidad quería salvarse de la clase de hebreo, sus compañeros le preguntaron por qué había tardado casi una hora y media. Se extrañaron cuando les dijo que había estado todo el tiempo con el doctor. Durante la jornada, lo invadieron sensaciones raras: tomó conciencia de que Cirulnik, tan abierto y simpático, había traspasado un límite, y le pareció prudente contárselo a su mamá.

Tuvo la suerte de que ella le creyera, lo escuchara y decidiera actuar. Al día siguiente, fue con él a la ORT en horario escolar y pidió hablar con una preceptora de primer año que conocía. Le comunicó lo que le había pasado a Leandro. Las preguntas sobre su sexualidad, de sus hábitos masturbatorios, el contacto del pene del médico con su cuerpito, la invitación a volver si tenía ganas de que "le tocara la cola". La mujer la escuchó, aseguró que iba a armar una reunión con los directivos del colegio y le indicó al nene que no pasara más por el consultorio hasta nuevo aviso.

Ese mismo día, entró al salón de clases un preceptor y preguntó en voz alta por Leandro Koch. Cuando él respondió, le comunicó que el doctor Cirulnik quería verlo. Leandro salió y en lugar de ir a la oficina de Cirulnik, se encerró en un baño un largo rato, con miedo. Después, volvió al curso como si nada. Con los años, se convenció de que el médico quería continuar el proceso de "ablandamiento" sin saber que su mamá ya lo había denunciado en la ORT.

Deseos sexuales proyectados
Los padres de Leandro tuvieron dos reuniones con las autoridades de la ORT en ese período. En la primera estuvieron presentes ellos y la rectora de la sede Yatay, Aliza Toker. Los Koch transmitieron lo que había vivido su hijo, y Toker convocó al mismísimo Cirulnik. El médico sostuvo frente a ellos sin titubear que Leandro era un adolescente con muchas preguntas y aseguró que el chico tenía "deseos sexuales proyectados en él".

Hubo una segunda reunión en la sede de Montañeses con el director pedagógico Baruj Zaidenknop, que dijo que el doctor era intachable y garantizó que jamás se había presentado una denuncia antes, pero que iban a estar muy atentos e iban a iniciar una investigación. Además, le otorgaron a Leandro permiso para irse de la escuela cuando se sintiera mal físicamente, sin necesidad de pasar por el consultorio de su abusador para que lo autorizara.

La familia nunca recibió una respuesta de la institución. Las condiciones en las que Cirulnik trabajaba no se modificaron. Ante la denuncia, el médico pediatra no fue separado ni siquiera preventivamente, y continuó atendiendo a solas a los chicos en sus consultorios escolares.

Leandro les contó lo que le había pasado a todos sus compañeros, por consejo de sus padres . Otro chico reveló haber sido víctima de la misma situación, pero su madre no quiso hacer la denuncia.

Recibió la propuesta de su familia de cambiarse de colegio. También pensaron en hacer una denuncia penal y consultaron un abogado. Pero eran otros tiempos, y tal vez no habría sido fácil llevar adelante un proceso.

Miedo al recreo

Leandro se quedó en la escuela, pero empezó a tener un temor irrefrenable de salir al recreo para no cruzarse con su abusador. Su vida social cambió. Estaba marcado por el trauma. Cuando lo veía, lo que sucedió muchísimas veces, Cirulnik le clavaba los ojos, desafiante.

A pesar de los comunicados oficiales de la ORT, hay indicios firmes de que la institución sabía de las conductas delictivas de Cirulnik desde marzo de 1997, cuando se reunió por lo menos dos veces con el padre y la madre de Leandro Koch. Recién cesó la relación laboral del pediatra en el 2011, por razones totalmente ajenas a las denuncias, según aseguró la coordinadora ejecutiva Florencia Rochistein en diálogo con este sitio.

Cirulnik fue médico y docente en el área de Ciencias Biológicas de la ORT hasta ese año, cuando formó una gerenciadora de prestaciones médicas a escuelas y ellos decidieron contratar una empresa de mayores dimensiones por el crecimiento del alumnado, de 6000 a 8000 en dos sedes y tres niveles. "Necesitamos horario corrido, mayor cobertura, incluso ambulancia", alegó Rochistein. Asegura haber recibido "un rumor " en 2012 acerca del supuesto abuso cometido por Cirulnik pero "en el ámbito del club Kadima" - donde se registró el delito cometido contra Darío Schvartz, hijo de un amigo y paciente de Cirulnik- y no en la ORT.

Afirma también desconocer las gestiones realizadas en su momento en la escuela por la madre y el padre de Leandro Koch, inmediatamente después de los hechos. Reitera que la salida de Cirulnik de la institución "no estuvo relacionadas con ninguna denuncia". Los denunciantes no creen en esta versión.

Las víctimas - que no se conocían con anterioridad a la denuncia que presentaron- aseguran que los directivos de la escuela de ese momento tuvieron en sus manos la posibilidad de evitar su dolor y el de todos los chicos que fueron abusados después, pero no lo hicieron.

Sostienen que el colegio conocía las acusaciones contra el médico y juzgan improbable que a lo largo de tantos años nadie más haya alzado la voz para revelar lo que pasaba puertas adentro de las oficinas de Cirulnik. No creen en la sinceridad de las recientes disculpas institucionales, sobre todo porque ninguno de ellos recibió un llamado de las actuales autoridades de la escuela ni de Zaidenknop, que ahora se desempeña en el área pública.

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