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Tercios tristes

06/09/2018 08:43 hs
El テ]gel, La Doctora y el Peronismo Perdonable.
Jorge Asテュs
Por Jorge Asテュs
Escritor - Periodista

Un tercio de la poblaciテウn -entre el 33 y 35%- apoya al gobierno que estrepitosamente se estrella en el fracaso.


La evaluaciテウn dista de indicar que se lo apoya por amor -identificaciテウn o devociテウn- hacia su presidente, Mauricio, El テ]gel Exterminador.


En general, el triste tercio lo sostiene con テゥnfasis, y hasta con un fanatismo desafiante. Por el escatolテウgico terror que inspira, en los desilusionados, el posible regreso de la seテアora Cristina, Presidente anterior, La Doctora. Este tercio institucionalmente no la soporta.


Pese a las magistrales catテ。strofes de la corrupciテウn que se pregona cotidianamente, La Doctora mantiene el apoyo de otro tercio. Acaso de diferente nivel sociocultural. Pero con similar tristeza.
Queda entonces lugar para el tercer tercio. En una estructura racional serテュa el tercio tristemente decisorio.


Es donde se encuentran los numerosos desconformes con las dos propuestas esbozadas. Contiene una izquierda minoritaria pero intensa, y a los experimentados que prometen desde el Peronismo Perdonable. Los PP.


Oscilan entre dos riesgos. Persisten entre dos males.


Un primer riesgo implica fortalecer al テ]gel Exterminador. Servirles como "dadores voluntarios de gobernabilidad".


El otro riesgo, acaso para alguno peor, implica fortalecer a La Doctora.


Consta que la mayor parte de los PP acompaテアaron, obedientes y sumisos, la presidencia alborotada de La Doctora. La sirvieron con la misma sinceridad que utilizan hoy para alejarse.
Pero no pueden negar, y secretamente de admirar, la influencia legテュtima de la dama. Les lleva, a cada uno, un relativo campo de ventaja. Aunque sea estampada como jefa hereditaria y activa de la organizaciテウn ilテュcita.


Llamativamente, la influencia de La Doctora, en el electorado, consolida el apoyo del primer tercio al テ]gel Exterminador. Aunque su gobierno contenga, efectivamente, un altivo destino de desastre.


En su linea argumental de interpretaciテウn, no supieron, ni pudieron, resolver la crisis que La Doctora les dejテウ.


Resulta extraテアo. La fuerza que sostiene a La Doctora, entre la clase media baja y baja, funciona como el motivo principal de la atracciテウn que genera el テ]gel, entre la capa media alta y alta.

La bisectriz

El dilema del PP. No encuentra dテウnde trazar la bisectriz.


Uno de los exponentes mテ。s lテコcidos responde al senador Miguel Pichetto, El Sin Tierra. En el entrevero, Pichetto se diseテアテウ como precandidato presidencial, con un acto colmado de ausencias y todo.


El lテコcido pensador suele refugiarse entre los pliegues de la revista Movimiento 21. Con cierta audacia, propone que el Peronismo Federal (no lo denomina Perdonable), que hegemonizan los gobernadores, legisladores y buscapinas del justicialismo, conforme una tercera fuerza.
Para enfrentar, en simultテ。neo, a La Doctora y al テ]gel Exterminador.


Quiere construir un PP poderoso, aunque les alcance apenas para un cafテゥ en jarrito. Y deban optar, a lo sumo, en el invariable ballotage, por alguno de los dos adversarios. La Doctora o el テ]gel.
Al cierre del despacho, se duda por quiテゥn, en todo caso, pueden inclinarse.


ツソA quiテゥn prefieren, en el fondo, los PP?


Al contrario, Felipe Solテ。, Gran Cuadro del Felipismo, propone "la unidad". Significa, en la prテ。ctica, entenderse con La Doctora.


Que el テ]gel se encargue del trabajo de vencer a La Doctora es una idea que tienta a los PP que prefieren expulsarla, de la polテュtica. Aunque deban fumarse otro ciclo de quien se pone el paテュs de bufanda.


En la plenitud del descontrol, al borde del quebranto, el Tercer Gobierno Radical, en la insustancialidad del vacテュo, paradテウjicamente se agranda.


El TGR se entusiasma a fuerza de besitos en la mejilla de la seテアora Christine Lagarde, Madame Bovary, al ministro Nicolテ。s Dujovne, El Youtuber.


Y transmiten una fingida seguridad por el llamado telefテウnico de Donald Trump, para respaldar los mangazos al Fondo.


Aparte, se invita a delirar por los medios con un crテゥdito puente de la Reserva Federal. 15 mil palos verdes, una propina. Y hasta se ilusionan otra vez con la llegada de tres aviones cargados de dテウlares crocantes, reciテゥn horneados, termosellados, para detener la emotiva desapariciテウn de la confianza de sus propios votantes.


Son los partidarios que se aferran desesperadamente a la pasiテウn por la clorofila.


Los besitos dulces de Madame Bovary, al Youtuber, y la fantasテュa del apoyo en especies de Trump, incita al テ]gel a creer que, con su exclusivo tercio, le basta para dominar lo que llama el temporal.
Para alentar la confrontaciテウn exclusiva con La Doctora y no alcanzar ningテコn acuerdo con los PP. Aunque les pase la franela del mantenimiento, hasta superar el objetivo del presupuesto.


Un instrumento -el presupuesto- que los mテ。s racionales del PP, como Sergio, Titular de la Franja de Massa, no tiene reparos en facilitarle. Pero sin anexarse en la responsabilidad. "Es de ellos".
Entre los gobernadores del PP crece, aparte, el celo inconfesable, y se fomenta la desconfianza. Alguno, como Verna o Gildo, acaso la seテアora Bertone, tienden efectivas redes hacia La Doctora. Como si compartieran la teorテュa de Felipe. O de Josテゥ De la Sota, Hugo Boss.


Y otros, como "los Juanes", se muestran como los voceros mテ。s capacitados para erigirse como los interlocutores del PP ante el テ]gel. Pero son sistemテ。ticamente criticados.


"Vuelven -confirma un gobernador- con la identidad cambiada".


Como si fueran voceros de Mauricio, ante ellos. Pero es el celo. Macri aprendiテウ lo suficiente para manejar el poder de las imテ。genes. Saber -y demostrar- a quiテゥn se acerca mテ。s. A quiテゥn le sonrテュe, ignora o abraza.


Corruptos confesos

En elaboraciテウn queda la estrategia de la fuerza primordial del tercer tercio. Los PP.

Esclarecidos estテ。n solo los primeros dos. Tercios inmodificables que responden al テ]gel, aunque ni lo respeten por la pronunciada incompetencia. O a La Doctora, pese al espectテ。culo generoso de la corrupciテウn que ya no escandaliza a ninguna ama de casa. Un desfile inacabable, a partir de los cuadernos elaborados. Con las consecuencias que derrumbaron los pilares de la economテュa.


Porque se instala, en primera lテュnea, la imagen del empresario argentino corrupto. Diseテアo que facilita la fantasテュa del proyecto oculto. Intervenirles las empresas. Licitar de nuevo las obras que, de todos modos, no podrテ。n terminarse.


Es peor aテコn, porque emerge la imagen del empresario "corrupto confeso". El que supo amontonarse en la antesala de los despachos del ancho Carlos y del ancho Claudio. Para botonearse encima y rifar la dignidad. Algo mテ。s satisfactorio que pasarse tres dテュas, o un aテアo, preso.


Al cierre del despacho todavテュa no se atendiテウ otra faceta del escテ。ndalo. Indica que determinados empresarios, hoy "corruptos confesos", se robaban entre ellos.


Ceremonia que puede rastrearse entre las contabilidades de las UTES, Uniテウn Transitoria de Empresas. Las que tenテュan un sテウlo interlocutor con el gobierno. Un canal. Desde donde se "giraba" a los funcionarios respectivos.


Por ejemplo el empresario A de una UTE transmitテュa a los empresarios B, C y D.
"Julio pide un 15, o no hay caso". O Josテゥ. O directamente "El Malo".


Nadie iba a cometer la desprolijidad de averiguar, ante el coimero aludido, si iba a corresponderle un 15 o no.


"B, C y D estaban seguros que A los afanaba", confirma la Garganta. Pero ya iban a vengarse cuando les tocara interceder, en otra UTE.


Al funcionario girado, y coimeado, el coimeador lo conformaba tal vez con un 5.
En el festテュn impune, robar al colega era un acto lテュcito.


Como mejicanear al patriota que pretextaba robar para "la construcciテウn de la polテュtica".

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