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Linchamiento de chorros: la "doctrina Zaffaroni" produjo el crecimiento de la justicia por mano propia

28/08/2018 09:39 hs
Era previsible que ocurriera y ya pasa en todo el país. Ladrón capturado por el vecindario recibe furibundas palizas.
Jorge Boimvaser
Por Jorge Boimvaser
Periodista
Por Jorge D. Boimvaser

@boimvaser

 

Ya se produjo, la doctrina abolicionistas que le permite a criminales y violadores la fácil excarcelación de los jueces garantistas, vuelven a reincidir y la gente ya no tolera más. Consecuencia de ello: Linchamientos colectivos a granel en todo el país cuando los delincuentes caen presa de los vecinos indignados.

 

No hay estadística de cuántos se produjeron este año, pero los noticieros muestran a diario a vecinos indignados dándoles soberanas palizas y dejando maltrechos a los chorros que caen en sus manos.

 

Es como llevar a la práctica la esencia de un notable film del cineasta alemán Werner Herzog .de 1972, titulado "Aguirre, la ira de Dios".

 

Se basa en el diario de viaje (no era un cuaderno Gloria) de un conquistador español llamado Lope de Aguirre que Herzog filmó en el Amazonas.

 

Aguirre decía (el tipo era muy chiflado) que cuando Dios se enojaba con algo o con alguien, lo utilizaba al conquistador para canalizar su ira. El conquistador convencido de ello hacía justicia por mano propia contra sus pares y los indios amazónicos. "Yo soy la ira de Dios", decía en su diario de viaje.

 

Los argentinos cansados del crecimiento furibundo del delito violento, es como si pensaran de igual forma. "Si jueces y fiscales dejan libre a lo peor de la criminalidad, en base a la garantista doctrina Zaffaroni, nosotros representamos la ira de Dios frente a la injusticia".

 

Las imágenes grabadas con teléfonos celulares muestran a chorros golpeados con saña... en estaciones de servicio, en comercios asaltados en la vía pública.

 

Donde pueden darle caza a esos sátrapas, ya no esperan que venga la policía a llevárselos. Los uniformados apenas pueden salvarlos porque los linchamientos son brutales.

 

Sabemos que si los detienen habrá un juez o fiscal que los libere, temprano o tarde, vuelven a salir y no les importa asesinar mujeres o chicos. Ahí está sólo como ejemplo el caso de la Carolina Píparo y su bebé en gestación muerto de un balazo por asesinos despiadados.

 

Es como si todos adoptáramos el criterio de Lope de Aguirre: Somos la ira de Dios cuando la justicia los libera con el argumento hipócrita que ellos son las víctimas del sistema y el resto de los argentinos culpables

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