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¿Chiqui Tapia les pasó la escoba a todos?

17/08/2018 09:17 hs
Nuestra selección a tocado fondo y eso no es malo. Ya no hay nada por debajo ni nada que rascar en la olla del reparto.

La quietud, el silencio y el vacío existentes desde el regreso sin gloria, una vez más, de la última alta competencia de nuestro seleccionado nacional de fútbol sirvieron y mucho para la búsqueda del ordenamiento, la reflexión y la autocrítica.


Una Asociación del Futbol Argentino (AFA) añeja de historia pero con un recambio novato obligado a regenerarse desde las más remotas células futboleras se convierte en el punto de partida para intentar ver a nuestra selección como un modelo y no como un simple, e inalcanzable, concepto. Nuestra Selección, como un conjunto de entidades escogidas y no como un rejunte de voluntades, poderes y egos dispersos.

 

 

 

Nuestra selección a tocado fondo y eso no es malo. Ya no hay nada por debajo ni nada que rascar en la olla del reparto. Hoy, no es casual sino causal, quizás, que la asociación que nuclea a nuestro futbol se vea presidida, tal comentan en las grandes ligas, no por un empresario o un ejecutivo de sillón sino por la representatividad conjunta del potrero, el barrio y también la pobreza. El futbol es ante todos el dios de los pobres. Aunque hoy, el mismo, esté plagado de millonarios que parecen haber perdido la nostalgia de su primer pelota superados por la fálica necesidad de mostrar la ultima Cupé alemana o la camioneta 4x4 italiana más ostentosa o la cabellera recortada por el ultimo estilista fashion francés.


Sin lugar a dudas, los que nos miran desde afuera, no se equivocan.


Hoy la AFA esta presidida en la institucionalidad de un Tapia más cerca del niño soñador del asentamiento pobre queriendo jugarun mundial y mucho más lejano a los trajes razados de los Blatter, Platini o Infantino.


Habiendo emigrado de su San Juan natal, nuestro presidente, jugó al futbol en Barracas Central y como el dinero no alcanzaba trabajaba al mismo tiempo como barrendero de la vieja Manliba. Luego ascendería al puesto de recolector y finalmente de inspector; también desempeñando tareas cerca del, también ultra futbolero, gremio de los camioneros.

 

 

 

Todos tenemos la disposición necesaria, pero solo unos pocos la utilizan.


Es de público conocimiento que su primer logro como presidente de una institución fue haber sacado del abismo al humilde Barracas Central, allí afianzó la constitución de su temperamento y no, por nada, los hinchas decidieron que el estadio de Barracas Central lleve con orgullo su nombre. Ocupó cargos en la divisional C y también en primera B, hasta llegar al sillón preciado de AFA.


Al morocho robusto, hincha confeso de Boca Juniors pero hijo de un gran cuervo, su carisma y conocimiento lo transformaron en líder, encontrando con mucho esfuerzo los mejores y adecuados caminos, tomando decisiones, utilizando tácticas y  estrategias que fueron propias, y no de manual, actuando también con perseverancia, humildad e iniciativa propia, mostrando el temple necesario para soportar los momentos adversos y avanzar en el diseño de proyectos ambiciosos.


Dicen que su oratoria no es buena, pero los discursos elegantes y elocuentes de muchos no obtuvieron esos resultados y dejaron como remanente una crítica desmesurada, confusa y divagante. Cuando la intención es subestimarlo lo acoplan al villano de turno. Chiqui no es Angelici, ni Moyano, ni Grondona.


Es más, Tapia ya no es tan chiqui.

 

 

Es Fabián Tapia el personaje enigmático que demostró tener una capacidad de liderazgo que resalta el recurso más importante: La capacidad dirígencial que supo imponer desde muy joven.

Y en este plan de reconciliación y resucitación de los valores y amores por nuestra Selección Nacional no sorprendió ver cerca suyo, pero por ahora en off, a un Psiconalista especializado en grupos de deportivos y campeones mundiales(Ricardo Antonowicz) de distintas disciplinas deportivas o a un Manager de Medios (Jorge Zonzini) para intentar reconectar con un fuerte estilo comunicacional vanguardista "la pasión del periodismo deportivo", "los deseos del hincha" y "el hambre de gloria de los nuevos futbolistas seleccionados".


Parecería, por mensajes subliminales que emanan desde la AFA  que Tapia percibió, entre tantos otros factores, que el ciclo recientemente finalizado, falló en la fortaleza psicológica del grupo y en la línea comunicacional para que todos, absolutamente todos nos sintamos parte.


Ahora, a este presidente, quizás  no le perdonan que con un origen humilde sea el decisor de acciones modernas e innovadoras, o que en su haber cuente con logros que lo colocan a la altura de muchos otros presidentes, de aquí y de afuera, muchísimo mejor preparados que el desde lo intelectual.

 

 

La pregunta de presente pero con visión futurista es ¿Cuántos dirigentes con múltiples y mejores recursos económicos e intelectuales quisieran estar ahí?


Pero el cargo no se compra, se logra.


A veces un simple barrendero, y su escoba mágica, pueden llegar al poder solo por la decisión social impregnada en un hombre capaz de barrer los prejuicios, la propaganda barata y los panfletos discriminadores.


Sobre todo, un presidente de la AFA, con la capacidad de barrer el histórico y enquistado odio de todos contra todos cuando lo importante es, volver al sueño de tener algún día la mejor Selección Nacional de fútbol del mundo.

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