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Los secretos de "El Marcador" el ladrón que marcó el futuro de Carolina Píparo que hoy tiene prisión domiciliaria

14/07/2018 09:10 hs
El tribunal tuvo en cuenta el "avanzado deterioro" de su estado de salud de "Pimienta" Silva, condenado a 23 años de cárcel.

Su talento es ser un canalla eficiente. Sabe la manera exacta de confundirse entre la gente hasta hacerse casi invisible, aunque no tanto como para convertirse en sospechoso, sino apenas lo suficiente para que se lo perciba como alguien en quien no vale la pena invertir siquiera dos segundos de atención. Tiene muy claro lo esencial que resulta que le permiten acercarse a ver lo que luego va a contar, aquello que después va a delatar, pero siempre con la hiel bien disimulada bajo la miel. Su ojo está entrenado como el de pocos.


Tiene minutos, y a veces sólo segundos, para detectar una presa útil entre tantas otras que no valdrán la pena. Es como un mercader que debe descubrir oportunidad en medio de la confusión. Se mueve rápido pero sin apuro aparente para establecer, también, cuál de todas estará más indefensa frente a lo que sucederá más tarde.

 

Porque si algo sabe El Marcador es que sobre aquel a quien elija se desencadenará una tragedia de proporciones incalculables.

 

Como la de Carolina Píparo, por ejemplo, que no terminará nunca.

 

"Se me acusa de que soy un marcador y de eso me hago cargo", admitió Miguel Ángel "Pimienta" Silva en el juicio contra los cinco acusados de haberle hecho a Carolina la salidera más brutal y costosa de la historia. A ella no sólo le robaron los 10.000 dólares y los 13.000 pesos que acababa de retirar de un banco para comprar una casa, sino también la vida de su primer hijo.


"Pimienta" Silva fue clave en esto porque fue él quien eligió a Carolina como protagonista de su propia tragedia. Nada le hubiera pasado a ella ni a su hijo si aquel jueves 29 de julio de 2010, al verla cargar su panza embarazada de nueve meses por la sucursal que el banco Santander Río tiene en el centro de La Plata, El Marcador se hubiera apiadado.

 

Es que, en algún punto, el caso Píparo se reduce a la decisión que tomó Silva. Era él quien tenía que elegir entre obtener el porcentaje del botín que le habían prometido por su tarea y el bienestar de una mujer embarazada, cuya cesárea estaba programada para sólo cinco días después.

 

Y eligió el dinero: 1.000 pesos, según declararía.


Aquel día, Carolina entró al banco de avenida 7 y 41 acompañada por María Emma, su mamá. Eran las 11.07 cuando las dos cruzaron la puerta, según las cámaras de seguridad. Fueron hasta el mostrador y pidieron que les entregaran el dinero que habían solicitado extraer sin éxito el día anterior.

 

La panza se ve clara en las filmaciones. También a "Pimienta" Silva, que había ingresado al banco unos segundos antes, a las 11.06. El Marcador se acercó a las víctimas, esperó a que las llamaran para darles la plata y entonces salió, a las 11.15. Fue hacia el estacionamiento, adonde vio cómo Carolina se subía al asiento del conductor del auto a las 11.17, y se alejó unos metros.

 

Concienzudo, al notar que el coche no arrancaba, "Pimienta" Silva regresó al playón cuarenta segundos más tarde, para reconfirmar que Carolina y la cartera donde llevaba el dinero se pusieran en marcha. Eso por fin pasó a las 11.18, con una cierta demora debido a las dificultades que tenía ella para acomodar su panza sin que tocara el volante.

 

Y entonces, Silva llamó por teléfono.

 

"La primera llamada que desencadena la secuencia de comunicaciones es la que proviene del teléfono utilizado por Miguel Silva", señalarían tres años después los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal N° 2 de La Plata. "Ahí empezó un fluido tráfico de comunicaciones, que recién empezaron a dispersarse a las 11.33".

 

En los 15 minutos que pasaron desde que Silva llamó a sus cómplices hasta que todos cerraron los teléfonos, Carolina y su madre se dirigieron hacia su casa sin saber que las seguían, entre otros, una camioneta EcoSport negra conducida por "Pimienta" y una moto Yamaha YBR. Eran en total cinco hombres, si se los puede llamar así.

 

El Marcador había decidido seguir a la presa señalada hasta ver con sus propios ojos el resultado. Tan consciente sería de lo que había hecho que, al día siguiente, se cambiaría el corte de pelo y le revendería la camioneta al concesionario adonde la había comprado tan sólo un mes antes. Cincuenta mil pesos le darían, más de lo robado a Carolina.

 

En cuanto estacionó frente a su casa, en calle 21 entre 35 y 36, un asaltante se fue encima de su auto. Otra vez sin consideración alguna por su embarazo, le abrió la puerta por la fuerza y la sacó del coche tirando de su cartera.

 

-Dame la guita que sacaste del banco, hija de puta, le gritó.

 

-¡No!, respondió Carolina, como un reflejo.

 

El ladrón le empezó a pegar en la cabeza con la culata de un arma, hasta que la sangre brotó. Y fue peor. La agarró del pelo y la arrancó del auto, para hacerla rodar y dejarla de rodillas sobre la vereda.

 

-¡No me hagas nada, te doy todo, estoy embarazada!, gritaba ella, preguntándose si acaso el ladrón no había notado los 25 kilos que había aumentado en el embarazo.

 

Y ahí llegó el disparo, que le atravesó el mentón, salió y volvió a entrar a su cuerpo por el esternón para atravesar su vientre. El poder de daño del proyectil estaba asegurado de antemano: habían cargado la pistola con balas de punta hueca.

 

Carolina sólo sintió que le costaba respirar, nunca notó el disparo. Luego, apenas podía pensar que si se mantenía consciente el bebé estaría bien. Jamás imaginó que Isidro corría peligro. "Si yo me muero ¿qué va a ser de mi marido solo con el bebé?", se preguntaba.


Mientras, el autor del disparo, Carlos Moreno, se alejó corriendo con el botín y se subió a la Yamaha. Luego se pasaría a la camioneta de "Pimienta" Silva, quien se lo llevó lejos de la escena del ataque. A él y a los restos de la cartera de Carolina, cuyas tiras habían quedado caídas en el piso junto a ella, su sangre y la de su hijo por nacer.

 

La mujer fue llevada de urgencia al hospital. Le hicieron una cesárea y lograron que su hijo Isidro naciera a las 12.10. Pero el bebé, herido de muerte, respiró por última vez el 5 de agosto, sin que ella llegara a conocerlo más que por fotos. Treinta y cinco días demoraría en irse de alta a su casa y a que le dieran la noticia, que en su interior ya sabía.


"Pimienta" Silva fue detenido el 11 de agosto junto a sus cuatro cómplices. En mayo de 2013 los juzgaron por el ataque a Carolina y por una salidera anterior, ocurrida seis días antes contra un hombre que había retirado 5.000 pesos de un banco Galicia de La Plata. Por este caso los absolvieron, pero no por el de Píparo.

 

Los jueces les dieron la misma pena a los cinco imputados, sin importar su rol: desde El Marcador hasta quien disparó, incluidos también Juan Manuel Calvimonte, Luciano López y y Carlos Jordán Juárez. Todos fueron hallados culpables de "intento de homicidio criminis causa (cometido para ocultar otro delito, el robo) contra Píparo, del "homicidio criminis causa" del bebé y del "robo calificado por el uso de arma de fuego".

 

El defensor oficial de "Pimienta", Claudio Ritter, pidió que consideraran como atenuantes sus "deficiencias en los mecanismos de socialización primaria y secundaria, precaria preparación para el mercado laboral de hoy y la situación de apremio familiar existente". Pero hasta el estudio socioambiental hecho en su casa de Rafael Castillo lo desmintió. Le dieron perpetua, igual que al resto.

Pero las defensas apelaron y, en febrero de 2015, la Justicia les hizo un guiño cómplice. Los jueces de la Sala I de Casación, Víctor Violini, Daniel Carral y Benjamín Sal Llargués, consideraron que la calificación del homicidio de Isidro no era "criminis causa" (delito que sólo contempla perpetua) sino "en ocasión de robo", por lo que la pena máxima era 25 años. Así, les bajaron las condenas a todos. A "Pimienta" Silva el beneficio lo dejó en 23 años de cárcel.

 

Pero sólo cumplió 8. Ayer, el Tribunal Oral N° 2 de La Plata le concedió una "excarcelación extraordinaria" al Marcador. Su defensor la había pedido con el argumento de que Silva sufrió dos ACV, de que por eso necesitaba ayuda para "alimentarse, higienizarse, vestirse y trasladarse" y no podía recibir atención adecuada en prisión.


Durante una audiencia para discutir esta excarcelación, el mes pasado, Carolina lo tuvo frente a frente. Sólo pidió que le hicieran una pericia psiquiátrica para asegurarse de que, estando fuera de prisión, no volviera a usar su olfato de Marcador para hacerles a otros lo que les hizo a ella y a su hijo: "Me gustaría ver un informe psicológico, porque Silva no hizo daño con su cuerpo, fue un organizador", dijo.

 

Y así se hizo. "Dado el daño neurológico y el trastorno del lenguaje que presenta, resulta imposible realizar pericias al imputado", respondieron los médicos. "El accidente afectó tanto la comprensión como la expresión del lenguaje de Silva como así también la motricidad", agregaron.


El Tribunal tuvo en cuenta dos factores más, que exponen las desgracias del sistema criminal. Silva (49) no puede cumplir su pena encerrado porque las cárceles no están preparadas para alojar a presos con enfermedades graves. La Unidad 22 de Olmos, pese a que tiene dentro el hospital penitenciario, no puede tratarlo. Para colmo, aún hoy "Pimienta" sigue con status de "procesado", ya que su condena ni siquiera está firme: falta que la Corte Suprema de la Nación se expida.

 

Con la sensibilidad que él no tuvo, Carolina se mostró de acuerdo con la excarcelación de Silva. Sólo aclaró que desea que se recupere pronto para que vuelva a la cárcel. Y que jamás perdonará a nadie en nombre de su hijo.


"No estoy de acuerdo con los extremos. No me identifico con esa expresión de que alguien 'se pudra' en la cárcel como tampoco con el extremo de ir a abrazar a quien mató a mi hijo y arruinó mi vida", escribió Carolina tras la primera audiencia. "Comprendí su estado porque él nos dejó en peor estado aún: a Isidro no sólo le quitaron la posibilidad de vivir sino también la de morir en mis brazos".

 

Su hijo Isidro debería estar en segundo grado, como hoy está el nieto que tuvo "Pimienta" en la misma semana en la que mataron al hijo de Carolina.


(Fuente Clarín)

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