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El peronismo unido pierde

04/04/2018 07:10 hs
DÉCADAS DEL XXI (III): El proyecto de Macri. Quedarse.
Jorge Asís
Por Jorge Asís
Escritor - Periodista

escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsisDigital


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Permanencias

Cuatro momentos relativamente extensos.


El alfonsinismo, de 1983 a 1989. El menemismo de 1989 a 1999. El kirchnerismo desde 2003 a 2015. El macrismo, desde 2015 en adelante.


Entre los dos primeros momentos, y los dos segundos, transcurrió el lapso que hilvana los fracasos.


Dos años del radical De la Rúa, de 1999 a 2001. Culminaron en el peronista Duhalde, polea de transmisión entre los peronismos antagónicos de Menem y de Kirchner.


Macri se dispone también a permanecer. Al menos ocho años (los categóricos hablan de veinte).


De los cuatro, hasta hoy, el kirchnerismo contuvo el proyecto más racional de permanencia. Planificó quedarse veinte años. Juntar recursos propios para "la política", sin depender de ningún grupo económico.


Los recursos, acumulados de sobra, hoy se ventilan en tribunales.
El esquema le falló, por la severa irresponsabilidad de su muerte.

 

Carolina Mantegari
Editora del AsisCultural

 

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Cuarto tramo de la democracia iniciada en 1983, el macrismo, a través del Colectivo Cambiemos, hoy desestructurado, decide apostar por la lógica permanencia.


Para no quedar estampillado como el "paréntesis banal de la historia".


Tiene que ser reelecto en 2019. Para lograrlo, no debe prosperar "la meticulosa preparación del ballotage".


El desafío consiste en ganar en la primera vuelta. Concentrarse en la estrategia keynesiana de la obra pública, para poner en movimiento la economía estancada. Y brindarle algún marco de legitimidad a la jactancia de los indicadores artificialmente favorables, que aluden al crecimiento invisible.


Los PPP, la "penúltima bala", proyectos de Participación Pública y Privada. Lanzar 30 mil millones de dólares para perforar, con polvos de ladrillo, montañas de cemento y bochinche de excavadoras, el bastión de la provincia de Buenos Aires. Ámbito tradicionalmente peronista donde desembarca, con éxito y billetes, el crédito principal de la organización. La señora gobernadora María Eugenia Vidal, a quien extrañamente no perturba la declinación paulatina del poder central. Negaciones simuladas a fuerza de elogios e indicadores artificiales.


En 2015, para Macri, resultó sustancial la capacidad de diseño del desplazado Emilio Monzó, a los efectos de construir la ceremonia artesanal del ballotage.


Para 2019, en cambio, el ballotage es lo que precisamente debe evitarse. Ni Monzó ni Durán Barba sirven para encarar la ceremonia contraria. Necesitan el triunfo inapelable, de entrada, para despejar el camino de la continuidad hasta 2023. Y seguir después con alguien del casting estable. Peña, Vidal, Quintana, Rodríguez Larreta.


Aunque no tomen en cuenta las líneas argumentales que emite el portal, la oposición peronista parece haber entendido que la alucinación de la unidad es exactamente perjudicial.


Para decirlo con crudeza menos prudente: que el peronismo, si va unido, seguramente pierde (si va separado tal vez pierde también).


En 2015 el Colectivo Cambiemos logró concentrar el no peronismo y aprovechó la división del peronismo partido. La fragmentación entonces le convenía. Como la existencia de Sergio Massa, al que Macri se proponía políticamente depilar. Hasta pelarlo.


En 2019, el Colectivo Cambiemos necesita lo contrario. Que el peronismo se unifique para concentrar al no peronismo y vencerlo mejor, sin atenuantes.


La unidad anhelada, en el peronismo, es causal definitiva de derrota.

 

Lanzamiento del peronismo perdonable

 

Por lo tanto, la idea que moviliza el senador Miguel Pichetto es pertinente. Acertada. Organizar al peronismo perdonable, presentable, aceptablemente racional, moderado y confiable para el capital, como lo fue siempre. Y para que no entre en conflicto inmediatamente directo con el poder central, sin comprometer, con premura, la gestión de los gobernadores, en el país del federalismo ficticio.


Gualeguaychú fue la ciudad emblemática para consagrar, en la convención radical, la candidatura de Macri.


Ahora Gualeguaychú se convierte en la ciudad fundamental para los peronistas perdonables que intenten sucederlo a Macri. O erigirse, al menos, como partenaires dignos en una sociedad madura.


Una lástima que solo esté presente el gobernador Bordet, en su condición de anfitrión. Ocurre que Pichetto planifica repetir el rito en otras provincias. Como si encabezara un show que sale de gira por los pueblos. Pichetto es quien canta, junto con diputados como Bossio y Kosiner, y asesores como Michel, que hacen el coro. Para escenificar un peronismo alejado del kirchnerismo que supieron integrar.


Mientras tanto La Doctora se aferra al frepasito tardío, donde incluye también algunos peronistas. Forman parte de la lista de invitados. Como los radicales anexados al estribo del Colectivo Cambiemos.


Sin embargo, por una cuestión de elegancia política, los peronistas perdonables deberían explicar los motivos por los que se quedaron hasta el último minuto en el cristinismo que hoy los espanta. No basta con la noción folklórica de la lealtad. La movida necesita agregar otros valores menos genéricos.


El embajador Puerta, pensador ecléctico que ahora reporta a Cambiemos, elevó en su momento la Tesis Puerta.


Indica que, para ser peronista, sólo basta con atreverse a decir que se lo es.


"Te atrevés a decir que sos peronista y ya sos peronista".


Con línea similar de interpretación, para dejar de ser kirchnerista bastaría con decir que ya no se lo es más.


"Decís que te alejaste del kirchnerismo y estás purgado, libre del virus".
Aunque se haya aplaudido, a La Doctora, hasta el final.


El segundo será el primero


Lo fundamental es que el peronismo perdonable, independientemente de lo que decida La Doctora, se lanza a construir meticulosamente el ballotage.


La presencia de dos (o tres) formaciones relativamente peronistas reeditan aquel escenario de 2003. Fue diseñado con tendenciosa perversidad por Eduardo Duhalde, para evitar que fuera ungido Carlos Menem.


Por efecto contagio, podría inferirse que la nueva construcción de ballotage es útil para evitar el resurgimiento de La Doctora. La única que cuenta con votos propios, como los tenía aquel Menem de 2003. Siempre y cuando La Doctora decida insistir y presentarse.


En 2019, como en 2003, el secreto consiste en salir segundo. Para resultar, después, elegido. El esquema se desmorona si quien sale segunda es La Doctora.


En la actualidad, por desestructurado, el Colectivo Cambiemos no tiene los 45 puntos necesarios. Tiene tiempo para juntarlos. Pero las diferencias internas comienzan tempranamente a percibirse.


El Tercer Gobierno Radical mantiene firmes a los radicales que mojaron bien la medialuna. Pero contiene demasiados desconformes, que ni siquiera tienen interés en mojarla.

Proliferan los radicales como Alfonsinito que miran con riesgosa simpatía lo que comienza a perfilarse en Santa Fe. El polo progresista, la cultura del centro izquierda, que es tan estimulante para conciliar el sueño, aunque no depare monedas. Con los mormones del socialismo puro, y con el costado bio, muy saludable, de la señora Stolbizer.


Remite a la copia, acaso perfeccionada, del experimento UNEN. Penúltima invención que fue precipitadamente demolida por la señora Carrió, durante aquel acto en que Solanas, pobre, se quedó con la palabra en la boca. Porque Carrió tomó su cartera, para irse a comer una altiva fugazzeta con fainá, y juntarse con quien era su límite. Mauricio.


Al cierre del despacho, mientras los radicales sin medialunas se sienten desplazados, con astucia infinita, Carrió paulatinamente toma distancias. Como si fuera otro potencial Chacho Álvarez. Fuertemente cruel con el socio presidente. A quien, en cierto modo, conduce. Pero lacera.

 

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