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Los secretos más oscuros del matrimonio Kirchner: Máximo y Florencia, los hijos del poder

03/04/2018 10:24 hs
Mariana Zuvic, Parlamentaria del Mercosur por Argentina por el bloque Cambiemos, reveló los misterios en su nuevo libro.
Mariana Zuvic, Parlamentaria del Mercosur por Argentina por el bloque Cambiemos, reveló en su nuevo libro "El origen" todos los misterios de la vida de Néstor y Cristina Kirchner.

En DiarioVeloz.com te mostraremos en capítulos una de las historias más oscuras de la historia argentina. Cómo se generó el patrimonio de la familia Kirchner, la relación de Néstor y Cristina con la Dictadura Militar, la violencia familiar, entre otros puntos clave de la vida de dos de los presidentes más importantes de nuestro país. Hoy: Máximo y Florencia, los hijos del poder

Los hijos del poder 

Néstor y Cristina Kirchner siempre mantuvieron a sus hijos al margen de la política mientras gobernaron Santa Cruz. No los llevaban con ellos a los actos, no se los veía en público, no tenían ningún tipo de participación en las campañas.

Máximo estudió en el colegio con mi hermana Cecilia. Ella lo quería mucho. Decía que era un chico bueno, muy vulnerable, bastante inteligente, pero con dificultades con el estudio y muchos problemas de disciplina. Desde muy chico se escapaba de la escuela o de su casa y se refugiaba en lo de mi tía, que vivía al lado. De todos modos, pudo hacerse un grupo de amigos en el secundario que terminaron ocupando cargos clave en la administración nacional y en organismos públicos de Santa Cruz. Florencia, en cambio, tuvo que cambiarse del Poplars School, un colegio bilingüe y exigente, porque tenía problemas de inserción y de relación con sus compañeras. Era una chica con pocas amigas, con las que sostenía una relación tirante. Era parecida a Cristina, con quien tenía una mala relación. Con Néstor era diferente. Por él sentía amor incondicional.

La casa de los Kirchner no era muy concurrida; tampoco había un vínculo familiar fuerte. De hecho, ninguno de los hijos fue criado por Néstor y Cristina, sino por la abuela María, la mamá de Néstor, y por dos personas ajenas a la familia: Milena García, la primera esposa de Daniel Muñoz, secretario privado de Néstor, que manejaba la educación de Florencia, iba a las reuniones del colegio y la acompañaba con las tareas, y Rudy Ulloa, que se encargaba de Máximo y, como podía, trataba de contenerlo. Máximo no era entonces un muchacho prepotente, ni era conocido fuera del entorno santacruceño. De algún modo, era muy "galleguense", porque encontraba satisfacción en juntarse con sus amigos, ir a tomar algo a la confitería del Hotel Santa Cruz y no mucho más. Por eso fue el que más sufrió, casi padeció la vida política de sus padres, en especial cuando ellos se mudaron a Buenos Aires en 2003 y él se quedó en Río Gallegos, cobrando alquileres en la inmobiliaria. Su vida era muy simple: iba de la inmobiliaria a la casa y de la casa a la inmobiliaria. Rudy decía que Máximo no hacía nada más que mirar la televisión y leer historias y anécdotas sobre Racing, el club del que es fanático. Pero la muerte de Néstor en 2010 cambió todo.
Fue en ese momento cuando Cristina Kirchner comenzó a involucrar a sus hijos en la vida pública. Empezó a hacer polí tica con ellos y Máximo adquirió rasgos que hasta entonces solo pertenecían a sus padres. El día que trasladaron los restos de Néstor Kirchner de El Calafate al mausoleo en Río Gallegos, un fotógrafo quiso sacar una foto por encima del cerco y, a pedido de Máximo, sus custodios le sacaron la cámara y le pegaron. A la mañana siguiente, pidió en Migraciones el listado de las personas que se habían ido a Punta Arenas ese día y las llamó, una por una, para recriminarles por no haber estado presentes en el entierro de su papá. Así empezó a hacerse cargo de esas gestiones personales, políticas y familiares en partes iguales, que cada vez con más frecuencia e intensidad empezaron a derivar en amenazas cuando alguien se atrevía a desafiar sus órdenes.

Pero la muerte de Néstor no solo alteró la estructura de la familia Kirchner. También dejó al descubierto cómo se había ejercido el poder durante veinte años en la provincia de Santa Cruz: de una forma totalitaria, abrasiva, corrupta y discrecional. Su muerte expuso todas las miserias que durante tantos años el matrimonio Kirchner había intentado ocultarle al resto de los argentinos a pesar de que las habían trasladado, casi calcadas, a la Nación.

Yo estaba en Río Gallegos cuando Néstor murió y fui una de las primeras personas que se enteró de lo que había pasado. Ese día, mi cuñado me llamó a las siete de la mañana para decirme que Néstor había muerto de un infarto masivo. Él se había enterado a través de Sergio Gotti, a quien se lo contó Lázaro Báez, de quien se convirtió en socio después de haber traicionado a su familia. Según el diagnóstico del médico de Néstor, Luis Buonomo, que en ese momento estaba distanciado de su paciente porque se había cansado de que no escuchara sus recomendaciones, ya sufría un cuadro "panvascular severo", tenía la carótida complicada y sus arterias estaban al borde del colapso. Néstor Kirchner también había tenido una hemorragia interna a causa de una úlcera perforada, agravada por una medicación para un dolor de muelas, y cuando lo internaron no se dejó poner la sonda nasogástrica. Buonomo le había dicho que su vida a partir de ese momento tenía que ser "en bata y pantuflas". Por supuesto, Néstor no le hizo caso y en octubre de 2010 participó de un acto en el Boxing Club de Río Gallegos en el que se lo vio mal. Buonomo no sabía qué más hacer. Estaba desesperado. Fue el último discurso de Néstor Kirchner. Dieciocho días más tarde había fallecido.

Encontraron el cuerpo varias horas después de que murió. En la casa de El Calafate solo había un médico presidencial. Le hicieron tácticas de reanimación, pero estas no sirvieron de nada porque ya era demasiado tarde. Cristina estaba histérica. Le gritaba al cadáver: "¡Hijo de puta, me dejás sola con este quilombo! ¡Despierten a este hijo de puta!". No permitía que lo subieran a la ambulancia ni quería que le hicieran una autopsia, un procedimiento de rutina en esos casos. Al final lograron subirlo y lo llevaron al hospital. El informe médico de Presidencia dijo que Néstor Kirchner murió a las 9.15 de la mañana, pero la verdad es que había muerto varias horas antes.

Cuando volvieron a llevar el cuerpo a la casa, Cristina lo vistió con su ropa preferida y pidió que lo acostaran en la cama, con la cabeza sobre la almohada como si estuviese durmiendo. El cuerpo estaba hinchado por todas las sustancias que le habían inyectado y después de tantas horas tenía rigor mortis.Cristina mandó a pedir un cajón a la casa funeraria de los Hilero. Era el primer cajón de todos los que entraron ese día a la casa. El cuerpo de Néstor no cabía. Le dijeron que en la cochería Rams tenían un cajón más grande. Salió entonces desde Río Gallegos el segundo cajón hacia El Calafate. Néstor tampoco entraba en ese cajón. Entonces llegó Buonomo y pidió que todos salieran de la habitación. Tomó el cuerpo de Néstor Kirchner del cinturón y lo quebró. Entonces sí, finalmente, se pudo cumplir la orden de cerrar el cajón del ex presidente de la Nación, que nunca más volvió a abrirse.
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