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La compañera argentina en la cárcel de Ana Julia Quezada, la madrastra que mató al pequeño Gabriel Cruz

19/03/2018 12:35 hs
La mujer, condenada por matar a su marido, controla las 24 horas a Ana Julia Quezada para evitar que se suicide.

Ana Julia Quezada, la madrastra dominicana que confesó el crimen del hijo de su pareja, enfrenta una segura condena a perpetua. La mujer espera el juicio en una cárcel española, bajo estrictas medidas de seguridad para evitar que se suicide: la controla una presa argentina.


El crimen de Gabriel Cruz conmueve a España y al mundo. El nene tenía 8 años y estuvo 12 días sin que se supiera nada de él: su desaparición movilizó la búsqueda de una persona más grande en la historia del país. El 11 de marzo, encontraron su cuerpo en el baúl de un auto. El coche lo conducía Ana Julia, pareja del padre del chico. La mujer confesó posteriormente que lo asfixió, lo enterró y lo tapó con piedras


Después, al verse cercada, trasladó el cuerpo desde el pozo donde lo había depositado. Allí fue cuando la detuvo la Policía.


Como era de esperar, la condena pública ya la llegó a la mujer, de 43 años y madre de dos hijas, una de las cuales murió en circunstancias confusas cuando era una niña. Por eso, las autoridades temen que Quezada quiera quitarse la vida.


La mujer fue trasladada a una prisión en Almería, El Acebuche. Le están administrando ansiolíticos y, aseguran, está arrepentida por lo que hizo. Una de las medidas que dispusieron los responsables del penal fue asignarle una "presa sombra", para que la controle permanentemente, como parte de un protocolo antisuicidios. Según reveló el sitio El Español, la "presa sombra" de Ana Julia es una argentina.


No trascendió su nombre, pero sí que la mujer tiene 46 años y cumple condena desde hace 10 por matar a su marido. Se presentó de manera voluntaria y recibirá beneficios penitenciarios.


Las dos mujeres pasan más de 20 horas al día en la celda individual que comparten en el penal, donde residen unas 60 detenidas. Ana Julia tiene tres horas al día en las que puede salir al patio, de 13.30 a 16.30, en un horario que no coincide con el resto de las reclusas. Si quiere salir, tiene que hacerlo con su presa sombra. Tampoco coincide con las otras detenidas en el horario de comida.


En su celda, la mujer tiene televisor y puede fumar. Su abogado, Esteban Hernández, dijo que tenía temor antes de ser trasladada a la cárcel porque "estaba preocupada de encontrarse con otras internas", pero que ahora está mejor: "Está menos angustiada que cuando estaba en dependencias policiales, más tranquila y serena".

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