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Historia Veloz: si de despedidas se trata...

03/03/2018 00:07 hs
"Nada es para siempre", dicen pero hasta que no nos toca de cerca la frase, es solo eso: una frase.
unarubiaveloz@gmail.com
@unarubiaveloz

No sé si será una condición sine qua non de las mujeres o tiene que ver con la edad, o mucho peor: con la combinación de ambas.

 

Cuando era adolescente parecía que nada pasaba, que el tiempo no pasaba, que los años en la secundaria eran eternos. Recuerdo que los días que la pasábamos bien, las semanas volaban, pero en la época de clases con temas aburridos y profesores tediosos, ¡urggg! quería terminar para poder "estudiar lo que yo quería".

 

Pero me olvidé de lo bueno, del disfrute. De entender que esas cosas eran parte del camino y que nunca más se iba a volver a repetir. No entendía aún que ese minuto en el que fuimos felices o la tensión por el famoso "saquen una hoja", jamás volvería. O si, volvería en la facultad, pero no era lo mismo, ahí esta menos permitido el error. O por lo menos yo lo consideré siempre así.

 

Un día de marzo, como este mes de repente no tuve que volver a ponerme el uniforme de la escuela, que ya no estaba limpio, sino dibujado por mis compañeros, claro, era el ultimo año. Nunca más usaría mi chomba blanca y mi pollera gris, la cual enroscaba un poco en el baño para que quedara más corta. Ya no volvería a tomar ese mismo desayuno. Ya nada sería como antes.

 

Pero en ese momento no se es consciente.

 

En ese momento la vida parece tan larga, tan infinita casi que quemamos los días, entre ansias y hormonas. Entre salidas y "rateadas". Entre faltazos y amigos.

 

Con algún noviecito que seguramente nos rompió el corazón por primera vez.

 

Y así se pasa, el tiempo, la vida y nos despedimos de situaciones malas y en ese momento el "nada es para siempre" es un bálsamo, un alivio necesario para superar el mal trago.

 

Pero que feo es el "nada es para siempre" cuando tenemos que despedirnos de hermosas situaciones, lugares de trabajo que más que lugares son como nuestra casa. ¡Qué horrible suena la frase en el momento en que abarca un ser querido! Es ahí cuando queremos que todo sea para siempre, hasta eligiendo que durasen en simultáneo los malos tragos.

 

Pero como nada es para siempre, lo único que puedo hacer es amar con intensidad a mis seres queridos, hacer el amor con mi compañero de ruta cada día como si existiera un mañana, dar lo mejor de mí en cada pequeño paso porque "nada es para siempre"...

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