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La Navidad de las familias del submarino ARA San Juan: más de cuatro sillas vacías

25/12/2017 07:10 hs
Los tripulantes en el recuerdo de papás, de hermanos y de una esposa que pasó el último 25 de diciembre a bordo del submarino extraviado.

Hace 39 días que el submarino ARA San Juan emitió su última comunicación radial con la Base Naval Mar del Plata y las 44 vidas que viajan en el submarino se pusieron en pausa. Se convirtieron en una pregunta que movilizó al mundo entero y que todavía nadie pudo responder.

 

Desde el 15 de noviembre pasado las familias viven en la incertidumbre, entre la esperanza de que los tripulantes hayan logrado sobrevivir en el mar  y el pánico constante de que se abandone la búsqueda, de que al buque no se lo encuentre nunca más, de no saber nunca qué pasó.


Las familias sintieron la vorágine de ser el tema del momento, vieron a periodistas del mundo escarbar en sus vidas, publicar sus fotos. A la Armada Argentina darles cada semana menos información, tener menos respuestas. Aprendieron que las noticias dejan de ser noticia en días, ven cómo el ARA San Juan ya no ocupa las portadas de los diarios, cómo los recuadros son cada vez más chicos.


A poco más de un mes de la desaparición del buque, las fiestas los obligan a notar que los 44 tripulantes del San Juan todavía faltan. En una charla íntima con Infobae, cuatro familiares contaron cómo se enfrentan a las sillas vacías esta Navidad.

 

La Navidad pasada a Germán Suárez, el sonarista del ARA San Juan, le tocó tomar su guardia a las 6 de la mañana. Hacía calor, tenía puesto su uniforme de verano y estaba contento. Itatí Leguizamón, su esposa, fue con él a la Base con la excusa de cebarle mate, de hacerle compañía, con ganas de no despegarse de él ese día.

 

Él es oriundo de Santa Fe y ella de Formosa. Se conocieron en Mar del Plata y no necesitaron estar demasiados meses de novios para darse cuenta de que se querían de verdad. En 2014 se casaron y se fueron a vivir juntos a una casa, que hoy Itatí siente que le queda grande.


"Yo duermo de mi lado de la cama, como si él estuviera porque ese es su lugar", le confió Itatí a Infobae, que después del torbellino mediático, de los partes militares, de las entrevistas, recién estas últimas dos semanas, admite, empezó a sentir que Germán realmente puede que no vuelva más.

 

"Cuando me vine a vivir a Mar del Plata viví  un año sola nomás, después lo conocí a él, nos pusimos de novios y ya nos casamos", contó. La Navidad pasada él cocinó, sacaron la mesa al patio de la casa y estrenaron un mantel que les habían regalado para su casamiento. Comieron solos, fueron felices.

 

Al otro día salieron juntos camino a la base, se sacaron fotos con el submarino que hoy son parte de un álbum de Facebook al que Itatí nombró "Navidad para dos". "Tienen como un living, una tele, como una casa, es re chico el lugar, yo me golpeaba la cabeza", se acuerda Itatí, sobre la Navidad pasada a bordo de la misma embarcación que hoy nadie sabe dónde está.

 

La familia Villarreal pasa las fiestas en Punta Alta, cerca de la Base Puerto Belgrano. Fernando, el jefe de operaciones del San Juan, va a ser la primera Navidad que no viaje con Lucía, su mujer, y con su hija Martina (3), a visitar a sus papás, Jorge y María Rosa, que todavía lo esperan.

 

"No tenemos noticias pero ya armamos el arbolito y los estamos esperando", le dice Jorge a Infobae y comparte que "las fiestas y las vacaciones eran el momento de verlo, de disfrutarlo lo más posible" a Fernando que el resto del año estaba abocado a su trabajo en la Armada.


Desde los días en la base militar, cuando los familiares esperaban las primeras semanas cada nueva noticia del submarino, los Villarreal se mostraban con optimismo delante de los periodistas, de las cámaras, confiados de que en de un momento a otro el San Juan iba a aparecer navegando en el horizonte.


Antes de volver a Punta Alta, donde siguen esperando, grabaron un mensaje frente al mar en Mar del Plata en el que le hablan a su hijo. "Nosotros vamos a estar acá", le dicen en la grabación.  "No se me ocurre pensar nada malo", admite Jorge que agrega: "Tengo fe y esta Navidad si no es con su presencia vamos a hacer de cuenta que está navegando, que va a llegar pronto".


Claudio Rodríguez es el hermano mayor de Hernán, jefe de máquinas del ARA San Juan. Son oriundos de General Alvear, al sur de Mendoza, y lo primero que deja saber cuando empieza a hablar con Infobae es que nunca, desde que su hermano nació, estuvieron lejos para las fiestas.

 

"Si no era Navidad era Año Nuevo, pero una de las dos siempre las pasábamos juntos", explica Claudio y se queda en silencio, como si cayera en ese momento en la cuenta de que esta va a ser la primera vez en muchos años que no vea a su hermano.

 

"Somos muy unidos, siempre estábamos juntos, nos reíamos mucho. Yo toco la guitarra y él se había comprado un bombo, armábamos una peña ahí nomás", dice y se entusiasma con los recuerdos, que le llegan al ritmo de las canciones del Chaqueño Palavecino, del que Hernán era fanático.


Hoy Claudio invierte el tiempo que no tiene, suspende su vida, viaja a Mar del Plata, a Buenos Aires, da notas, investiga, aprende de submarinos, para que lo que sea que haya ocurrido con el ARA San Juan, no vuelva a pasar en la Armada.

 

"Estas navidades van a ser muy difíciles, día a día cuesta asimilar la situación, saber que no lo ves, que no está, que no sabemos un montón de cuestiones. Pero somos gente de fe, tenemos que seguir adelante por él, para descubrir esta historia y lo que más me urge hoy es que se investigue, que esto no le vuelva a pasar a ningún otro barco", remarca, a horas de esta primera Nochebuena y el primer Año Nuevo lejos de Hernán.


Luis Tagliapietra, papá de Alejandro, teniente de corbeta y tripulante del San Juan, dice que dejó de creer hace muchos años en la Navidad. Por "cuestiones de la vida", entre los que deja saber hay "muchos golpes" y "muchas pérdidas". Sin embargo rescata la fecha como "una buena excusa para una cena familiar, un brindis y un festejo".

 

"En mi casa siempre se festejó, yo con la madre de Alejandro estoy separado desde hace muchos años, pero la Navidad la pasamos juntos, en familia", explica y suma: "Mi hijo mayor obviamente la iba a pasar con nosotros, o las va a pasar con nosotros, todavía no sabemos".


"Él le iba a comprar en Ushuaia un perfume a la madre para regalárselo esta Navidad y estamos esperando que lo traiga", dice, y en esa espera se lee la esperanza, a pesar de todo, de volver a ver a Alejandro.

 

"No hay absolutamente nada que festejar, estamos en un momento de profundo dolor, de lucha, pero no hay por eso que dejar de estar juntos", resume, mientras toca con su mano derecha el anillo que lleva puesto hace tres semanas en la izquierda, el que le dieron a su hijo mayor cuando egresó como suboficial en la Armada, el que espera poder devolverle pronto.

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