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Por qué "El salto de papá" de Martín Sivak es uno de los libros del año

28/10/2017 12:16 hs
La reconstrucción conmovedora de la vida de Jorge Sivak, refleja las contradicciones y absurdos de la alta burguesía argentina.

Extraído de Los Inrockuptibles

Por Malena Rey


Martín Sivak consiguió un prodigio con el emocionante El salto de papá: publicar un libro que es a la vez profundamente íntimo y político. Un libro de esos que a partir de una historia particular y familiar habla de la sociedad argentina en su totalidad, desde lo más hondo de sus contradicciones. Un libro que se hace cargo de las ambigüedades y de los absurdos.

 

 Y si bien se concentra en su padre, el excéntrico banquero comunista (la primera de las contradicciones) Jorge Sivak, hermano de Osvaldo Sivak, secuestrado dos veces y finalmente asesinado -el resonante "Caso Sivak" es parte fundamental de esta historia-, la reconstrucción que el autor hizo de su familia no tiene nada que envidiarle a la investigación periodística, ya que se basa en la pesquisa y en la consulta de fuentes diversas, todas cosas que Martín ya había realizado para sus otros libros -Jefazo, un perfil extenso y preciso de Evo Morales, o en los dos tomos de su imprescindible historia de Clarín-.

 

El salto de papá no es un libro conmovedor solamente por el hecho de tratarse de un hijo que recuerda con amor, por momentos con desdén, a su padre -y que trata de explicarse su suicidio, ocurrido cuando Martín tenía quince años- sino que además es el relato por la cual el hijo va escribiendo con dificultad el libro, preguntándose cómo hacerlo, buscándole la vuelta mientras trata de seguir con su vida y se convierte él también en padre.


Aquí las fuentes son los diarios de la época, el psicoanalista de Jorge, la memoria de Daniel Viglietti (íntimo amigo de la familia), una serie de fotografías, pero también el testimonio de militantes de los setenta, ex funcionarios como José Luis Manzano y los custodios que acompañaron la vida cotidiana del clan cuando estaban muy expuestos por los secuestros y las movidas políticas de turno.

 

¿Quién era Jorge Sivak, el personaje que desencadena el libro en cuestión? Sus diversos perfiles se multiplican como reflejados en un prisma deforme a medida que nos metemos más y más en su historia. Es, antes que nada, como explicita su hijo en la primera página, un suicida que se tira del piso dieciséis de un coqueto edificio de Barrio Norte el día en el que quiebra su banco, el Buenos Aires Building, otro de los protagonistas del libro, fundado por su padre Samuel con fondos no declarados del Partido Comunista.

 

 Es también un abogado defensor de varios presos políticos. Un exiliado de lujo en Punta del Este durante los setenta. Un fanático de Independiente que se codea con Bochini. Un buen tipo, un buen amigo, un poco ingenuo por momentos a la hora de manejar la fortuna familiar. Un interesado por la música clásica, por la política y el diálogo, al punto de invitar a jefes militares o a ex presidentes a almorzar a su casa de Vicente López. Un bonachón delirante que como empresario llegó a querer exportar las hamburguesas de Pumper Nic a Polonia, y al que, por supuesto, le fue mal.


Un hombre rico y desprolijo, que se vio más de una vez en medio de la escena pública visitando a fiscales, ministros, o acudiendo a los medios, al ponerse al hombro la investigación sobre el secuestro de su hermano (junto con su polémica esposa, que sale muy mal parada en este libro, Marta Oyhanarte).


¿Y su hijo? El hecho de que Martín Sivak revele la intimidad familiar, las anécdotas entrañables de su vínculo con el padre, y a la vez cuente el proceso de investigación y los vaivenes de la escritura, esa búsqueda constante del tono que quiere darle a su tragedia familiar, hacen que El salto de papá se aparte de un plumazo de la melancolía y de los lugares comunes de cualquier familia recordada o enaltecida con recursos literarios.

 

Ahí, en el resquicio conmovedor de no saber, por ejemplo, cómo terminar de contar esta historia y dejar descansar al padre, es donde parece que el hijo inventa un género, que toma prestados, sí, elementos de las autobiografías, de las crónicas periodísticas y de las memorias históricas, pero que consigue su propio peso y estructura. El autor es sensible y valiente por muchos motivos, sobre todo porque se hace cargo de qué hablar de su padre es también hablar de sí mismo, y casi sin quererlo, de la cultura y de la alta burguesía argentina de los setenta a esta parte.

 

Hay una vasta tradición literaria de libros sobre la relación de padres e hijos escritos por estos últimos que Sivak confiesa haber consultado casi obsesivamente, y un subgrupo curioso dentro de la literatura nacional reciente -el emocionante Mi libro enterrado, de Mauro Libertella, en el que plasma el vínculo con su padre escritor Héctor Libertella, y el interesante Un padre extranjero, de Eduardo Berti, por mencionar dos ejemplos- al que viene a sumarse ahora El salto de papá. "Al comienzo quise saber por qué se había suicidado. Como quien resuelve una ecuación o las palabras cruzadas. Conseguí hipótesis prestadas.


Mi mamá responsabilizaba a la familia Sivak por haberlo abandonado. Horacio, su hermano científico, sostenía que hubo mala praxis de los psiquiatras y psicoanalistas. Su amigo Daniel Viglietti, en una carta, escribió que el sistema capitalista se va comiendo a las buenas personas. Sumé otras hipótesis. Papá temía quedar detenido por la quiebra de su banco.

 

Hubiese sido la peor deshonra: sentía cierto orgullo por haber sido preso político de gobiernos militares veinte años atrás y le resultaba intolerable la idea de la cárcel por un delito económico. Además, lo perseguía la culpa por el secuestro y el asesinato de su hermano mayor y la desaparición, apenas empezó la dictadura de 1976, de su mejor amigo y compañero de militancia. Me resigné, sin embargo, a no encontrar una respuesta definitiva", dice Sivak en el libro, pero esa resignación por suerte sí encontró una forma de plasmarse: se convirtió justamente en El salto de papá.

 


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