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De qué hablamos cuando hablamos de amor trans

21/10/2017 18:56 hs
Muchas veces nos deben haber escuchado a las travestis y trans decir: "No estamos incluidas en la agenda emocional de nuestro país".
Por Violeta Alegre

Muchas veces nos deben haber escuchado a las travestis y trans decir: "No estamos incluidas en la agenda emocional de nuestro país". Cuando hablamos de agenda emocional hacemos énfasis siempre en la falta interpelación por nuestras muertes, claro, pero también por el inacceso al trabajo, a la salud y vivienda. A esta lista de carencias, se suma otra, más invisible o invisibilizada: ¿quién nos quiere a las travas?, ¿quién quiere ser nuestra pareja?

No podemos negar que las cosas han avanzado en Argentina y, viéndolo en plazos históricos, bastante rápido. Todo ello se lo debemos a la lucha de nuestras grandes activistas y militantes por nuestros derechos y a una coyuntura política que nos permitió pensarnos como sujetxs de derechos. Una de ellas fue Lohana Berkinks. Y pienso en ella cuando hablo de agenda emocional, en particular en su participación en el programa televisivo Historias Debidas.

Cuando la entrevistadora le preguntó: "¿qué querrías de la persona que te amara, y te acompañara en la vida?", Lohana respondió: "me hubiera gustado que alguien me amara, que nos amaran a las travestis por lo que somos, y no desde el consumo. Es un tema que nosotras no nos hacemos cargo de hablar y es un paso que le falta a esta sociedad".

Cuerpos reemplazables


Es el paso que le falta a la sociedad, a las masculinidades más específicamente. Ellos no pueden corrernos del consumo y de ser "de catálogo", como nos ven en paginas web ofreciéndonos como acompañantes, servicios sexuales, en videos porno. Allí somos las "las reinas", "los amores prohibidos" y muchas veces nosotras mismas alimentamos el ego desde ahí, nos legitimamos, porque el chongo nos elige porque estamos buenas, voluptuosas, dotadas. Pero allí también somos altamente reemplazables por unos centímetros.

Con las trans no se pueden correr de la cosificación, del mercadeo. Podemos pensar que muchos varones "ahora se animan", y sí, se animan a ampliar sus universos sexuales, pero en muy raras excepciones el afectivo, en donde se sigue repitiendo el desprecio y seguimos sumando a la lista de degradación de la subjetividad.

Nos desprecia la familia, nos desprecian en las instituciones, en los trabajos, y a su vez, desde la propuesta posmoderna separatista de sexo-afecto le seguimos dando respuestas para que la reproducción del patriarcado tenga nuevos argumentos: "nunca lo hice, me gustaría probar", "me quiero deconstruir". Pero allí solo continúa la película porno que subjetivó el placer sexual.

¿Amor libre o invento capitalista?


No puedo dejar de sentir las propuestas "free love", "anti-monogamia", como estadios de libertad que nos vende el capitalismo, en este nuevo pisarnos los talones, o al menos quizá nos sea más difícil pensarnos a nosotras mismas, en que si realmente nos queremos sentir por fuera del mismo en una identidad que tuvimos que separar, o nos obligaron a separar casi TODO.

Al mismo tiempo creo que la revolución, también, se hace desde el cuerpo, pero quizá para muchas de nosotras sea conjugar el amor que nos fue negado en donde parte de la reconstrucción del autoestima tenga que ver con dejar de aceptar de que somos objetos de consumo, entre otras cosas que como mencioné, nos debe reparar un Estado ausente.

Lo personal, lo político

La virtualidad juega un rol que no podemos obviar en esta propuesta: nos conocemos, nos mandamos fotos, nos convencemos y tenemos sexo. Podemos tener una noche copada, con una rica cena, una película, y al otro día ser bloqueadas de la misma red social en donde 48 horas antes éramos las más deseables.

Recuerdo haber conocido a un flaco de unos 25 años en una red social, en donde charlamos varias noches hasta que decidimos vernos. Él no había tenido experiencias con ninguna trans (o al menos eso dijo).

El primer encuentro fue en un café, donde charlamos y nos divertimos mucho. Nos gustábamos, terminamos en el hotel más cercano al café y tuvimos sexo. Sexo que se repitió durante los tres días siguientes cuando cada unx terminaba sus actividades.

Hacerse cargo del deseo


Pero él no pudo seguir con "este juego", como lo llamó. Era demasiado para él, por más origen "progre" que tuviera, por más deconstrucción. Terminamos la relación, pero al tiempo se me apareció a la salida del trabajo. Y me dijo: "Podás hacer algo para dejar de gustarme. No quiero sentir esto por vos, no me lo puedo permitir".

Me quedé atónita, sin respuesta alguna para él y con varias preguntas para mí.

Él entendía que, como no podía eliminar su deseo, debía hacerlo yo por él. ¿Qué me estaba pidiendo?

Amor mercantil


Desde ahí me puse a pensar en la inmensa carga que tienen las masculinidades hegemónicas en donde el techo es bastante bajo a la hora de permitirse sentir con una trans, entonces, nos ubican y reubican siempre en el mismo plano.

A su vez, esta realidad nos ubica a nosotras mismas en un lugar completamente descreído de poder ser sujetas queribles, compañeras, alguien con quien compartir la vida. Y volvemos a caer en vínculos usufructuables, en donde el no lugar para el amor nos lleva a "vendernos" como objetos. Porque desde ahí sí alimentamos nuestros egos, desde ahí sí podemos responder al deseo del otro, pero difícilmente a nuestras necesidades humanas.

Como yo, muchísimas compañeras pueden relatar historias de amores, de deseos, de sufrimiento en vínculos que nos degradan. Comparto absolutamente que debemos pensar en vínculos por fuera de la heterosexualidad, y básicamente de cómo se redistribuyen tareas, la posesión, en que términos esta planteado el amor romántico, el respeto y el registro del/la otrx. Pero tendría cuidado y analizaría bien las nuevas propuestas del capitalismo en los vínculos que nos venden individualidad y cada vez mas mercantilización, las travas conocemos de eso.


La autora es activista travesti, consultora para el Banco Mundial y docente. La nota fue originalmente publicada por la Agencia Presentes.
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