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Beatriz Sarlo criticó a Mauricio Macri y comparó el caso Maldonado con Kosteki y Santillán

19/10/2017 21:22 hs
La analista especializada en letras se animó a hablar del momento particular que atraviesa la sociedad con el caso Maldonado.

Extraído de la revista Playboy

 

Su actividad como analista política se fue desplegando de distintos modos desde aquellos años. Y sus apariciones televisivas actuales tienen casi exclusivamente que ver con eso. Últimamente se mostró interesada en la novedad de la asociación entre Sergio Massa, "un peronista nuevo", y Margarita Stolbizer, "alguien que groseramente se podría decir gorila". Su oposición al kirchnerismo durante casi sus tres mandatos le dio credenciales para criticar -duramente- al macrismo, lo cual ha descolocado a más de uno y enfurecido a muchos oficialistas. Beatriz, sin embargo, conserva la prudencia. No se suma al espantado llanto que riega ciertos círculos progresistas. Y quizás aquello tenga que ver con su desdén por la nostalgia: "Eso de los viejos buenos tiempos es otra huevada. Es una configuración psicólogica para anotar en la lista de mi defectos que yo sea tan despegada de mi propio pasado: no puedo sentir nostalgia". El pasado de Beatriz, sin embargo, está. Es visible y está marcado por una autodeterminación infranqueable que la conduce por lo menos desde sus 17 años, cuando se fue de su casa. Esta es su versión de los hechos:


"Hoy parece una resolución casi consoladora para cualquier familia, pero en ese momento era una especie de catástrofe. Decidí estudiar Letras y se precipitaron las situaciones. Con intermitencias durante todo ese año, el 59, con 17 recién cumplidos, entré a la facultad y me fui de casa. La familia se fue desagregando, por otra parte. Mi papá ya estaba viviendo parcialmente en La Plata. O sea, todo estaba en proceso de desagregación. Muy temprana para una familia muy tradicional".

 

PLAYBOY: ¿Y adónde te fuiste?

 

BEATRIZ SARLO: Me fui a diversos lugares. En general, trataba de conseguir gente en la facultad que tuviera buenos apuntes. Y un lugar para mí, desde ya. Una compañera que después terminó siendo una notable escritora de literatura infantil, Graciela Cavan, tenía una madre que cocinaba muy bien y ahí estuve un buen rato. Después tuve sucesivas relaciones, viví en lugares hoy totalmente inverosímiles: en un gran conventillo, donde un pintor que se había ido a Paris me dejó su taller; digamos, como uno se las rebusca a esa edad.

 

PLAYBOY: ¿Cómo recordás esa época?

 

SARLO: De manera neutral. No había ni enormes sufrimientos ni alegría permanente. Me costaba ganarme la vida, pero por suerte el inglés me ayudó mucho: subsistía un colegio de monjas en Buenos Aires que enseñaba latín en inglés. Yo sabía muy bien latín y muy bien inglés, era la única persona en el mundo que podía preparar a esas estudiantes. Y con eso financié veranos y pilchas. Luego entré muy temprano en Eudeba, como secretaria cadete de las colecciones que dirigía Aníbal Ford. Ahí, aunque los sueldos eran muy bajos, se podía tener un relativo nivel de independencia.

 

PLAYBOY: ¿Cómo era tu relación con la política?

 

SARLO: Nula. No hice política universitaria y mi mundo no era el de la facultad. Mi mundo era el de la calle Florida, que era un verdadero hub cultural. Estaba el Instituto de Arte Moderno, donde había teatro y vi a los 17 años a Petraglia haciendo Becket, que por supuesto me partió la cabeza en dos sin entender absolutamente nada. Todo mi proceso cultural fue comenzar no entendiendo. Sigo creyendo que es el mejor proceso que se puede hacer. En cuanto empezás a entender, se establece una relación burocrática con la cultura. Todo mi proceso fue no entender.

 

PLAYBOY: ¿Lo que te atrapa del arte es no entenderlo?

 

SARLO: Bueno, hoy quisiera que no fuera así (ríe). Recuerdo como intensísimos recuerdos estéticos no entender. Es decir, todo lo que fue mi relación con la música contemporánea en esa década del 60, por ejemplo. Yo además había empezado a trabajar en la radio del Instituto Di Tella, donde tenía la ventaja infinita de ser completamente invisible: no me conocían ni las ratas. Estuve en la cola de los primeros que entraron a Menesunda, no porque supiera lo que era un happening. Estaba ahí, simplemente.

 

PLAYBOY: ¿Las drogas te interesaban en esa época?

 

SARLO: Era difícil que te pudieran interesar como te pueden interesar ahora. Tenías que estar muy metido en la cuestión. La marihuana yo diría que poquísimo. Lo que sí vi fue merca, como podría haber visto champagne. La cuestión era tomar. En el bar Florida donde yo paraba, la cuestión era tomarse unos faroles grandes de semillón que es probable que nos comieran la cabeza el resto del día del mismo modo.

 

PLAYBOY: ¿Anfetaminas tampoco?

 

SARLO: Sí, anfetas sí. Yo me recibí gracias a... bueno, esto no lo digamos porque no es bienpensante. Actimil era la más brutal de las anfetas y la podías comprar en todas las farmacias como hoy en cualquier kiosco compras Geniol. Pero para mí, drogas y pastillas estaban separadas.

 

PLAYBOY: ¿Y ácido, Beatriz? En esa época estaba el doctor Fontana y sus terapias de ácido lisérgico.

 

SARLO: Los envidiábamos enormemente. Rafael Filipelli estaba con Fontana y no hacía sino contarme las sesiones de lisérgico. Los envidiábamos terriblemente pero tenías que tener un ingreso para eso, lo cual implicaba ser un tipo mucho mayor que yo. O sea, mi relación con las drogas es lejanísima. Además después viene el corte de las hiperpolitizaciones y la dictadura. ¿Qué te puedo decir? Una droga a la que le tengo terror porque sé que va con mi afinidad es la merca. Prefiero prescindir. Porque además, para muchos de mí generación el elemento que había que moderar, o al cual uno se podía entregar, era el alcohol. Recuerdo a un amigo mío que en mi casa abrió la heladera y dijo: "Nunca hay nada para comer y siempre hay dos botellas de ginebra, ¡dos, Beatriz!" Por las dudas, viste...

 

PLAYBOY: ¿Cómo se fueron mezclando esos mundos, el mundo Di Tella y el de la radicalidad política?

 

SARLO: Había cruces, siempre los hubo. Desde el 66 mi vida efectivamente se politiza. Me hago peronista, saco una revista peronista para un sindicalista de sanidad de La Plata que se llamaba, naturalmente, Mundo peronista; era la peroniticidad esencial. Y el que la hizo conmigo fue el tipo que dirigía el programa de radio del Di Tella. ¿Cómo se cruza eso? No lo sé.

 

PLAYBOY: ¿Dónde resultaba más incongruente eso, en el mundo peronista o en el mundo Di Tella?

 

SARLO: En el mundo peronista no se preocupaban, nadie te iba a preguntar si te gustaba John Cage; en el mundo peronista, los compañeros llegan, las compañeras llegan, y hacen lo que tienen que hacer. Y en el otro mundo, tampoco. Quizás había un principio de esquizofrenia, digamos. Tampoco nunca se me preguntó sobre mi peronismo. De a poco fui entrando a la CGT de Paseo Colón, donde lo vi trabajar a Rodolfo Walsh, y después en el 70 me ofrecen irme a dar un cuatrimestre en la Universidad Nacional del Sur, en Trelew. Y ahí yo voy con la misión de hacer la Juventud Peronista del Chubut. Desastre que cometí finalmente, porque me relacioné con un tipo cuyo cuñado había estado en Taco Ralo (N. del E: experiencia proto guerrillera de la resistencia peronista) y que era el sodero del pueblo. Y en efecto, hicimos una pequeña Juventud Peronista. Imaginate a la Directora del Instituto Universitario de Trelew: le chimentan que la veinteañera profesora de Buenos Aires anda subida al camión del sodero visitando barrios carenciados. No era lo esperado, porque por otra parte era un muy buen contrato el de la Universidad. En ese momento se empieza a producir un debate sobre la violencia y desde ese momento yo me doy cuenta de que para mí ese no era el camino. Y que era inevitable. Y ahí es donde se cruza el Partido Comunista Revolucionario en mi vida.

 

PLAYBOY: Pero el maoísmo tampoco es muy refractario a la violencia política.

 

SARLO: Pero en China habían hecho una guerra popular prolongada. La violencia tenía para mí un carácter aristocrático. Yo nunca había sido guevarista. Nunca. El Che Guevara me merece todo el respeto pero yo no soy guevarista, no tengo simpatías ideológicas por el aristocratismo de alguien que se lanza a una misión redentora tirando tiros por América Latina. Yo conocí la zona donde el Che lanzó la guerrilla en un viaje por Bolivia, unos meses antes. Era demente lanzar la guerrilla ahí como lo sabe todo el mundo.

 

PLAYBOY: ¿Cuál fue tu reacción frente al asesinato de Aramburu?

 

SARLO: Cuando lo mataron a Aramburu dije, bueno, éste estuvo implicado en el derrocamiento a Perón, que lo maten. Una posición horrible y equivocada. No podía trasladarse eso a ese desconocido deseable al que nosotros llamábamos la clase obrera: la clase obrera no estaba tirando tiros. Pero vayamos al clima de la época: Anagrama tenía unos libritos chiquitos del maoísmo de 90 páginas, y hay uno que recuerdo y recordaré hasta que cierre los ojos en esta vida. Se llamaba El principio de la contradicción y la conservación de los tomates. No era humor, ni un libro de filosofía paródica. Era un libro que leíamos en serio.

 

PLAYBOY: ¿Tu perspectiva ahí era optimista?

 

SARLO: Totalmente optimista. Quizás yo no sea una gran analista política y por tanto no hago sino equivocarme a lo largo de las décadas, pero era totalmente optimista con Salamanca (N. del E: Secretario General del SMATA cordobés, también miembro del PCR).

 

PLAYBOY: ¿Y cuál fue el primer atisbo de lo que se venía?

 

SARLO: Bueno, el PC empezó a denunciar el golpe muy tempranamente. Claro que la manera en la que lo denunció fue extraña: un golpe pro soviético que encabezaba Videla. En efecto, todo se había vuelto muy difícil de entender. Yo en ese momento trabajaba con gente de fábricas en Standard Electric, en Boulogne y me daba cuenta de que aunque los compañeros leían impecablemente La Nación (todos los militantes leían el diario de la oligarquía), no entendían lo que estaba pasando. Yo le reconozco al PCR que nos había sometido a un régimen de clandestinidad y por tanto no nos agarró desprevenidos en ningún sentido. Eso marca por qué cayó tan poca gente del PCR y por qué cayó en una sola noche tanta gente del PC, en agosto del 78.

 

PLAYBOY: ¿Qué recordás de la vuelta de Perón en el 73?

 

SARLO: Si bien yo ya no era peronista, no lo había sido durante ocho años para perderme el descenso de Perón en Ezeiza. Pedí permiso a (el máximo dirigente del PCR) Otto Vargas y fui con la excusa de escribir una crónica para el periódico del partido. Salimos desde una Unidad Básica de Mataderos, la marcha era alegre y entusiasta, sin duda, hasta que llegamos a los bosques. Yo, con mi propensión a lo simbólico, tenía una boina roja y una escarapela argentina, uniendo el frente nacional, popular y revolucionario. Y antes de que empezara el tiroteo viene alguien corriendo y me dice: "Pelotuda, sacate esa boina". Después, recuerdo que corrimos. Corrimos, corrimos. Hasta llegar a Liniers y nos metimos en una pizzería sin entender nada, absolutamente nada.

 

PLAYBOY: ¿Te sentías una revolucionaria?

 

SARLO: Sí, sí, ¿viste los afiches de Unión Soviética de la mujer con el pañuelo rojo? Te puede parecer una fantasía absolutamente ridícula: yo pensaba que íbamos a entrar a la casa de gobierno con ese pañuelo. Yo deliraba con esas imágenes de la revolución.

 

PLAYBOY: ¿Cómo se financió la revista Punto de vista?

 

SARLO: Vanguardia Comunista nos dejó plata. La gente nos decía: ustedes están locos. Pero no lo sabía nadie, porque si se lo decíamos, los comprometíamos mucho más. Esa plata debe haber durado un año, o algo más. Después la repartía yo en los kioscos, así que todo lo que entraba era nuestro. Y además, mucha gente se movió para que se suscribieran las universidades de Estados Unidos, lo que generó que muchas otras se sumaran. Terminamos teniendo 300, 400 suscripciones en dólares.

 

PLAYBOY: ¿Cómo fue la transformación en tu círculo, de la revolución a la democracia?

 

SARLO: Hubo discusiones terribles en Punto de vista, había algunas personas con vínculos no tanto políticos sino experienciales e ideológicos con el ERP. Y esa discusión fue terrible porque si había un enemigo principal que había que liquidar teóricamente era el ERP. Montoneros había confirmado lo que el peronismo podía hacer con la violencia. Pero el ERP tenía una teoría coherente sobre el foco. Esas discusiones fueron terribles, duraron más de un año.

 

PLAYBOY: ¿Y cuándo se da esa conversión en tu cabeza? ¿Queda algo de esa izquierda revolucionaria?

 

SARLO: Yo creo que ya no me dura. No soy consciente de cuánto conservo ese pasado. Efectivamente, en una reunión política, así como Macri instala la palabra felicidad, yo instalo la palabra izquierda.

 

PLAYBOY: ¿Cómo fue tu vínculo con el FREPASO? ¿Te entusiasmaste con Chacho Álvarez?

 

SARLO: Sí, yo estuve ahí. Podés ponerlo en la lista con el resto de mis errores. Chacho iba a la librería Ghandi, circulaba por los mismos lugares que yo circulaba. Era encantador, simpatiquísimo, inteligente, gran analista político. Poco después, Carlos Ahuyero me presenta a Graciela Fernández Meijie y poco después ya estaba en la sede del FREPASO. Éramos un equipo, hacíamos las elecciones cuando Graciela se convirtió en una máquina de ganar elecciones. La  acompañábamos a filmar las publicidades, discutir con los publicitarios si los chicos que aparecían estaban bien o no, o tenían que ser menos clase media, recuerdo todo eso. No estaba rentada, nunca fui una militante rentada. Pero estaba todos los días.

 

PLAYBOY: ¿La Alianza te pareció un error?

 

SARLO: Sí. Hubo un día en que el Chacho me invita a cenar y Graciela a almorzar. Y me propusieron lo mismo: "Pedí licencia donde estés y te venís con nosotros". Y a los dos les contesté lo mismo, que les deseaba lo mayor de la fortunas pero que yo no estaba de acuerdo con esa alianza y por lo tanto me alejaba de la organización. Ahí terminó mi aventura en la política.

 

PLAYBOY: ¿Veías venir el colapso?

 

SARLO: Sería fácil decir que la vi venir, pero no estoy segura. En esos años recuerdo algo que me pasó por primera vez, en una ciudad que yo consideraba mía y en la que me movía como si fuera la cocina de mi casa. Estoy caminando por Pueyrredón, es de noche tarde y siento tanto miedo de alguien que viene caminando hacia mí, que me va a encarar: siento miedo; le vi la cara y siento miedo. La otra experiencia fue durante el menemismo, yo estaba mirando hacia Buenos Aires creo que desde el puente Alsina y de repente siento un ruido atrás, no sé qué estaba haciendo. Me doy vuelta y eran los cartoneros que entraban para la noche. Nunca había visto algo organizado, sistematizado, con mujeres, con chicos, como son los cartoneros hoy. Me di vuelta y esto pasó, me tendría que haber dado cuenta antes, me dije a mí misma, no sabía que esto se venía. Lo que me pregunto hoy es, cuando estemos en Pompeya o donde sea, qué nos vamos a encontrar cuando nos demos vuelta. Ya nos acostumbramos a ver pibes fisurados a la tarde, ¿qué es lo que vamos a ver ahora?

 

PLAYBOY: ¿Es inevitable ese descenso social?

 

SARLO: Ya descendieron, ya están ahí. No sé si Macri va a aumentar el número de los que están ahí. Pero las chicas que tienen 14 años y te cuentan que tienen 3 hijos y 3 asignaciones, ¿cómo salen? Cuenta la gente que hace trabajo territorial que antes con las changas llegaban pero ahora no hay changas. El almacenero del barrio pobre que le quería poner un techito al garage para cuidar la pick up ya no puede hacer ese techito. Pero no digo que Macri lo aumente; no estoy haciendo un juicio económico político.


PLAYBOY: ¿Qué pensás de la desaparición de Santiago Maldonado? ¿Te parece que marca o va a marcar una especie de época?

 

SARLO: Me preocupa que haya políticos que no se hayan pronunciado al respecto: nosotros somos conscientes de que el Estado tiene que custodiar la inmunidad de todos los ciudadanos. Me preocupa que el Presidente de la Nación haya tenido solo una intervención fugaz en un pasillo oscuro. Se trata de una consciencia constitucional, ni de izquierda ni de derecha.

 

PLAYBOY: ¿Te parece que el feminismo puede articular identidades políticas en el plano electoral?

 

SARLO: Yo creo que en esas entidades tan individualizadas, realmente no, no creo. Partido feminista... lista solo de mujeres para compensar que en los últimos 300 años las listas fueron solo de hombres... no creo en ese modelo.

 

PLAYBOY: ¿Te sentís feminista vos?

 

SARLO: Soy feminista por todos los motivos. Por todos. Pero me interesan otros fenómenos de la liberación además de los que pone en escena el feminismo en general. Por ejemplo, el normalismo de la escuela laica argentina, que sacó a las mujeres de sus tareas cotidianas, sometidas a sus maridos que después del primer tortazo a la mañana la mandaban a hachar leña, a cuidar a los hijos, a hacer la comida y lavar la ropa. Digo, esa me parece una problemática. Ahora, estoy con todas las banderas feministas, he marchado en todas las marchas, pero la idea de una constitución sobre la base de identidades de ese tipo no me convence en absoluto. Yo sé lo que hago cuando tengo que defender el derecho al aborto: escribo una nota y digo que aborté seis veces en mi vida y nunca sentí culpa. Eso causó escándalo en su momento. Fue una iniciativa extraordinaria de Claudia Acuña en la revista Tres puntos. En esa nota había mujeres que se habían quedado llenas de culpa. Yo no. Por otra parte, yo estoy de acuerdo con Roberto Gargarella cuando dice que todas las cosas tienen que ser motivo de plebiscito. Pero desearía que no se hiciera hoy un plebiscito sobre el aborto. Las mismas chicas que están marchando por Ni una menos no sé cómo votan en un plebiscito sobre el aborto.

 

PLAYBOY: Vos hacés una crítica a la orientación de la discusión sobre el aborto en términos de salud pública. La tuya es una posición filosófica sobre la libertad de la mujer para decidir sobre su cuerpo.

 

SARLO: Yo no tengo una posición filosófica porque no soy filósofa, tengo una posición contraria a la de Esteban Bullrich. Él dice que una vez que una mujer está embarazada, no es dueña de su cuerpo. Yo digo que una mujer es dueña de su cuerpo SIEMPRE. Punto. Bullrich lo dice desde la religión, entonces yo lo diría desde el ateísmo. Para mí, es una de las cuestiones de la libertad personal básica.

 

PLAYBOY: ¿Estamos en un momento en el que reclamamos más por identidades que por proyectos más colectivos?

 

SARLO: Eso es completamente cierto porque, además, las identidades crecen a una velocidad insólita. Es decir, Buenos Aires, en su proceso de modernización había ido abandonando sus identidades barriales y últimamente las ha acentuado. Lo que en algún momento se llamaron tribus culturales crecen de manera insólita, lo cual no es contrario a los procesos de globalización. Los procesos de globalización son procesos que te sacan el norte, el rumbo y evidentemente vos tendés al refugio en identidades que te sean más próximas. Ni qué decir de las identidades de género. Yo, el principio con el cual pienso es el de la desigualdad. Ese para mí es el principio que me organiza el mundo. Por supuesto que sé perfectamente que la desigualdad no toca del mismo modo a un pobre trava que a un pobre no trava, que los toca de manera diferente y que tienen problemáticas para moderar los efectos de la desigualdad. Pero para mí, el principio es el de la desigualdad. Por eso la cuestión de la pobreza organiza mi paisaje social. Yo te diría que más que filosófica o política, es mi forma de experimentar el mundo. Muchas veces me dicen: no me vas a decir que no podés dejar de viajar en transporte público, ¿no tenés plata para un taxi? Y, en efecto, yo estoy constituida en la desigualdad, en una desigualdad que me ha favorecido. Eso es todo lo que puedo decirte. Todas las luchas identitarias que confluyen a esa morigeración, para decirlo de algún modo, me parecen extraordinarias y las apoyo.

 

PLAYBOY: ¿Cómo viviste vos el hecho de ser mujer en los ámbitos en los que te movías?

 

SARLO: Ni mis parejas ni mi mundo de pertenencia fue machista. A lo mejor alguien podrá decir que en el PCR las mujeres no llegaban a la comisión política del comité central tan rápido. Podés decir que yo soy como una millonaria que dice "yo nunca tuve hambre" y, a lo mejor, sí. Yo no tengo una experiencia en ese sentido. A ver, el día que la Universidad de Buenos Aires tenga una decana en la facultad de Medicina, prometo un asado a todos los aquí presentes. En la facultad de Filosofía y Letras es distinto. Siempre fue distinto.

 

PLAYBOY: Hay una novedad en la política argentina que se llama Durán Barba y que cambia algunas cosas. Ya no se trata de proponer algo deseable o justo sino ver qué es lo que la sociedad considera deseable a través de un algoritmo y seguirlo. El caso Maldonado es un ejemplo: a la gente no le interesa Maldonado, no incide en las encuestas, etcétera. El problema aparece cuando Maldonado sí aparece en un focus group.

 

SARLO: No hace falta un algoritmo para prever que la palabra desaparecido va a generar algo en la sociedad argentina. No desapareció la palabra desaparecido. Como no desaparecen los pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo: hasta los chicos de 20 años saben que eso es una marca de heroísmo. Entonces, para mandarme el feed de noticias de la mañana, los algoritmos son infalibles. Pero para decidir si la Presidente de la república tenía que haber estado en la estación de Once después del accidente, ¿necesitás un algoritmo? Para que un Jefe de Gobierno pueda continuar su carrera en la Ciudad de Buenos Aires, ¿tenía que estar en Cromañón? Sí. Eso no lo puede decidir el algoritmo, tenés que ir a dar la cara en la tragedia. La política tiene un momento que es el arte de la creatividad. Alfonsín vio algo diferente en 1983, vio que iba a tener apoyo social para el Juicio a las Juntas. Eso no lo hubiera podido determinar ningún algoritmo: el algoritmo es la repetición de lo siempre igual. ¿Quién hubiera previsto que Merkel le iba a marcar a Europa que tenía que recibir a los refugiados?

 

PLAYBOY: Siguiendo ese planteo, hace poco dijiste que nunca votaste al peronismo pero que sí lo hubieras votado a Duhalde, de haber tenido esa posibilidad: ¿qué virtud le reconocés?

 

SARLO: Es increíble que Duhalde fuera borrado de la historia como el presidente que sacó a la república de la crisis. Simplemente eso. Agarró esto en 2001, que era una hecatombe; llamó a un buen economista como Lavagna y lo dejó a Felipe Solá tirando a una provincia que era verdaderamente un incendio. Y por otro lado, inventó los planes Trabajar. Los Kirchner los habrán multiplicado, pero él los inventó. Y una cosa muy importante: cuando le tiraron dos cadáveres, lejos de callarse la boca como Macri, se fue al Parlamento para decir que no se presentaba en las elecciones y que las anticipa. Yo creo que la de Duhalde es la gran biografía política de los últimos 30 años.

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