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El festejo que nadie vio de la Selección: videos en el vestuario y un abrazo eterno entre Messi y Tapia

11/10/2017 08:15 hs
La clasificación al Mundial desató una gran celebración del plantel argentino en el estadio Atahualpa de Quito.

Ya sin camiseta, cubierto por la remera térmica blanca que llevaba debajo, Lionel Messi sube las escaleras del túnel que lo trajeron de la cancha, donde acaba de consumar una obra gloriosa, y se encuentra de frente con Chiqui Tapia. Y cuando Messi quiere, quiere: él abraza al presidente de la AFA, que lo besa en la mejilla y le dice algo al oído. Se sueltan pero se vuelven a abrazar, hasta que el capitán, feliz, camina tres metros, le da un beso a Luis Juez y se mete en el vestuario a iniciar el festejo íntimo. Catorce segundos.


A un costado de Tapia, Daniel Angelici espera a ver si para él también hay un gesto, pero Messi hace como ya había hecho con los ecuatorianos: lo gambetea y sigue su camino.


La selección argentina vivió su noche más feliz en mucho tiempo porque lo que en otras ocasiones fue un trámite -clasificarse a un mundial-, esta vez costó como pocas.


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La felicidad es la cara de Ángel Di María, que se le acerca al 10 y le dice: "Sos el mejor, lejos", algo que él mismo contaría después. Es el propio Messi subido a los bancos del vestuario, cantando. Es Gabriel Mercado, grabando todo con su teléfono.


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Es Javier Mascherano yendo de un lado al otro del vestuario, arengando con una mano y grabando él también, con la otra. Todo va a su álbum personal: "En Rusia me despido de la selección", diría de cara a las cámaras de la televisión el subcapitán. Es Oscar Ruggeri entrando a ese recinto al que los jugadores no dejan ingresar a cualquiera, saludando a todos, felicitándolos.



Otro que mandó su saludo fue un integrante habitual del plantel, ahora relegado por Jorge Sampaoli: Gonzalo Higuaín se sumó a la celebración a través de su cuenta de Instagram. Las redes sociales son las que permitieron que esa intimidad del vestuario pudiera ser vista por cualquiera: varios jugadores las utilizaron para mostrar imágenes de un momento que venían esperando desde hacía mucho tiempo.


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Antes, mientras el triunfo se amasaba, los dirigentes lo vivían desde dos palcos privados de la platea principal. En uno estaba Luis Juez, el embajador argentino en este país, acompañado por su familia y la comitiva oficial. El dirigente se quedó con las ganas de extender el festejo: tenía preparado un asado para agasajar a los jugadores en su residencia, para el que había traído carne especialmente desde la Argentina. Pero los jugadores eligieron pasar por el hotel al que habían llegado al mediodía, cenar y partir, algunos hacia la Argentina en el chárter que los había traído, y otros a Europa, con Messi a la cabeza. Así que el asado, al final, terminó siendo para los íntimos.


En el otro palco, el festejo fue más estruendoso. Tapia y Angelici se ubicaron en la primera fila, acompañados por Jorge Burruchaga. Más atrás estaba Jorge Miadosqui, secretario de selecciones, y el resto de los dirigentes. A cada gol de Messi iban subiendo el volumen del festejo, hasta terminar en la explosión del tercero, el que sentenció el triunfo y el pasaje a Rusia. Antes del final del partido ya no estaban: se habían ido a la zona de vestuarios a esperar a los jugadores. Era el prólogo del abrazo de Tapia y Messi.

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