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Causa ancestral, conflicto inmobiliario

22/09/2017 14:40 hs
La realidad se inspira, otra vez, en el arte. Del film Caleuche al Caso Maldonado.
Jorge Asís
Por Jorge Asís
Escritor - Periodista
escribe Carolina Mantegari,

editora del AsísCultural, especial

para JorgeAsísDigital

 

Caleuche

 

En 1995 se estrena "Caleuche, la nave de los locos", de Ricardo Wullicher.


Desde escenarios patagónicos, el film remite al desencuentro cultural. Entre los "blancos" y los mapuches "originarios".


A partir de la desaparición de Santiago Maldonado, la leyenda de Caleuche recupera inusitada relevancia.


Márquez, inversor sin escrúpulos de la época, para construir el gran complejo turístico remueve, mediante engaños, el "territorio sagrado del cementerio".


Entonces Pikumán, el Cacique mapuche, traicionado guardián de la memoria, incendia la construcción. Pero muere quemado el hijo del inversor. El cacique va preso.

 

Resta subrayar la magnífica actuación de la señora Inés Estévez, en el rol de la abogada porteña. La dama que se conmueve mientras descubre la otra cultura. Se introduce en el conflicto. Lo resuelve.


22 años después, el Caleuche de Wullicher permite constatar que la realidad se inspira, otra vez, en el arte. Lo persigue.


Se asiste a la represión por encargo. Al tratamiento con balas, a los piedrazos limpios. Con indiferencia total hacia la fábula de los ancestros.


Meros pretextos para ejercitar la simple delincuencia. O -por qué no- el terrorismo.

Así como se vendía barata la "tierra libre de indios", en la Patagonia de hoy se necesita la tierra libre de la militancia mapuche.


Para facilitar la llegada de los inversores imaginarios que prometen siempre el crecimiento, las fuentes de trabajo, la oralidad del progreso.

 

C.M.

 

La causa sagrada de los mapuches deriva en un conflicto inmobiliario.


Sin embargo, algún creativo publicista, de relativa luminosidad, puede garantizarle al conflicto la consagración internacional. Para atraer revolucionarios de los distintos confines. Rebeldes sensibles sin causas, predispuestos a inmolarse por alguna idea. Aunque sea mala.


Desde el encapuchado comandante Marcos, con el fondo zapatista de Chiapas, no se registraron litigios nobles que fascinaran a los profesores europeos. A las latinoamericanistas preparadas para vivir una aventura dramática. A los efectos de evocarla, con explícita nostalgia, en superiores tiempos de madurez.


Con la excepción del delirio confesional de Isis. O Daesh, que atrajo luchadores que atravesaban clandestinamente Turquía para llegar a Siria. Pero aquí los aspirantes debían tener algo de fe, de sumisión religiosa. Y el objetivo ilusorio de reinstalar el gran califato, pendiente desde la antigüedad.


Una idea, en el fondo, la del califato, casi argentina. Para mitificar el pasado de gloria que nunca -en definitiva- existió.

 

Colores de Benetton

 

La peripecia del Comandante Marcos resultó apasionante para los turistas inclinados hacia la epopeya. Sirvió de motivo publicitario para Benetton, en los cartelones que inspiraron a Mario Vargas Llosa.


Entonces Benetton explotaba la onda zapatista para vender las camisetas de colores y los jeans. Fondo abierto y azul.


Es llamativamente el mismo Benetton que se dispone, desde la majestuosidad del millón de hectáreas, a terminar ahora con la "causa ancestral" de los mapuches.


Brota otra vez el conflicto inmobiliario. La pugna por la tenencia de la tierra.


Para resolverlo, debe desmantelarse la arquitectura jurídica que transitoriamente los protege.


La ley 26.160 impide los desalojos compulsivos de los "pueblos originarios". Consta que en Argentina hay más de 1.500. Entre los originarios genuinos, y los aprovechadores excepcionales de ancestros desconocidos.


Con el cuento de los inversores reticentes, los terratenientes del sur supieron picar con facilidad el seso del Tercer Gobierno Radical, que preside Mauricio Macri.


Lo convencieron, pero no hacía falta. Sabía Macri que, para que desembarquen los inversores imaginarios, debía derogarse la ley.


La ley que "blindaba jurídicamente a los usurpadores".

 

¿Quién va a invertir en El Dorado de Vaca Muerta con estos subversivos sueltos? Los que "pretender formar otro Estado dentro del Estado".


Con el verso ancestral, estos "delincuentes" se organizan para cortar las cercas, robar el ganado y quemar los campos.


Aparte de tumbar la ley, se los debía "meter presos". A esos mapuches militarmente organizados con gomeras del RAM, que se distribuyen, por la parte argentina, entre El Bolsón y Esquel. Y alrededor de la Araucania, en el sur de Chile. Como si no existieran las fronteras de la modernidad.

Pronto lo entendió Macri. Se dispuso a cumplir con el pedido.


Se debía reprimir, a los cascotazos, y con el perfil más bajo, a los ancestrales que subvertían.

Sin inteligencia de campo, movilizaron a los privilegiados gendarmes para acabar con el corte de la Ruta 40. Pero con el ímpetu insensible del que debe despejar un corte de piqueteros en la 9 de Julio.


Era el delivery que encargaban mister Lewis y Benetton. Y el gobierno delivery cumplía para despejar el campo propicio para los inversores imaginarios.


Se transformó en instrucción para la señora ministra Bullrich. Dama experta que, para exhibir firmeza y temeridad, suele ataviarse de gendarme.


Con uniforme de civil, Bullrich envió sigilosamente a su colaborador Noceti. Para que maniobrara junto al juez federal Otranto y aplicaran, juntos, los mandamientos. Para brindar definitiva legitimidad a la barrida que reclamaban los inversores imaginarios, antes de poner, incluso, una miserable moneda.

 

Final con posters

 

En la proximidad del río Chubut, los gendarmes tuvieron la mala suerte de toparse con "el daño colateral". La fatalidad que iba a elevar el perfil del operativo encargado.


Se les iba a quedar, entre los revoltosos, uno. E infortunadamente no se trataba de ningún ancestral. Era más grave: se les quedaba un "blanco".


Un artesano de mirada franca. Por la reminiscencia gráfica, Maldonado remite al Che Guevara.

Barba ideal, tierna gestualidad para cautivar desde los posters. Para ilustrar paredes, componer afiches, estampar camisetas.


En otro momento de la historia, por la efectiva transparencia de la mirada, por el pelo excesivo como los tatuajes, y sobre todo la barba demagógica, Maldonado podía inspirar otro cartelón promocional de Benetton. Con el despliegue de colores y el fondo del lago sagrado, complementado por el cielo tenuemente azul, que representaba la salida. El horizonte de esperanza indispensable para un mundo más justo.


Consumir con moderación.


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