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Marketing macrista, Francisco 2018 y los errores de Lousteau y Massa

11/09/2017 09:36 hs
El Gobierno busca tapar con buenas noticias la polémica por el caso Maldonado. Mientras, dirigentes trabajan por una visita del Papa el año próximo. Las coincidencias entre dos derrotados de las PASO.
Ignacio Zuleta
Por Ignacio Zuleta

Por Ignacio Zuleta para Clarín


El Gobierno contraataca con marketing

 

Contraataca el Gobierno con marketing en los días previos al comienzo de la campaña electoral, que ocurrirá formalmente el domingo próximo. Acumula desde hoy señales de prestigio que le permiten superar el bajón anímico de las últimas dos semanas por el caso Maldonado. Los escenarios múltiples de la jornada los monta para que se hable bien del Gobierno. Al mediodía, Mauricio Macri almuerza con el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, y un pequeño grupo de ministros -Rogelio Frigerio, Luis Caputo, entre otros-. Parece una visita de rutina y sólo para producir gacetillas, pero con eso es suficiente.

 

"Moreno va a hablar bien del Gobierno y le vamos a pegar un mangazo de créditos, pero basta con lo primero", me dijo uno de los comensales invitados a ese encuentro. Un golpe de prestigio para compensar.

 

Por la tarde, otra anécdota si se quiere, como la presencia de "Bibi" Netanyahu en la AMIA, en el acto previo a su encuentro con el Gobierno. Hablará de las relaciones con esta nueva Argentina que dejó caer el acuerdo con Irán, y de la demora de los gobiernos peronistas en resolver el atentado a la mutual judía. Otro envión a favor, como el hecho mismo de que se trata de la primera vez que un primer ministro de Israel visita la Argentina.

 

Un Papa para 2018

 

Ni qué decir el entusiasmo que en algunas capas del Gobierno despertaron algunas señales que llegaron de Colombia. El Papa Francisco tiene en sus planes un viaje a la Argentina y Uruguay en 2018. Uno de los diseños pone una fecha entre el 18 y el 28 marzo próximo. Otro habla de una venida después de julio. En la visita a Colombia no viajó ningún funcionario de jerarquía, pero sí fueron amigos del Papa con llegada a los despachos oficiales, entre quienes circulan estas fechas de viaje.

 

 

De ahora hasta fin de año habrá un malón de argentinos que participarán de actividades en el Vaticano, y de esas rondas de conversación saldrá la definición. Para fin de año, además, se habrá cumplido otra de las condiciones de Francisco para acercase aquí: que cambie la cúpula del Episcopado y asuma una conducción más amistosa hacia él. El nominado con más posibilidades, entre los francisquistas, de reemplazar a José María Arancedo (quien sí viajó a Colombia) es el obispo de San Isidro Oscar Ojea.

 

Semana de dispersión antes de la campaña

 

Los escenarios internacionales suelen cautivar a la burguesía de nuestros países. Lula cuenta que cuando terminó su gobierno mandó a hacer una encuesta de balance. La mitad de los consultados no recordaba ninguna acción de su gestión, pero un 75% sí retenía en la memoria sus fotos con dignatarios internacionales. Por eso la atención que el Gobierno le prestará en esta semana a los visitantes extranjeros, al punto que Marcos Peña trataba anoche de adelantar para hoy la tradicional reunión de coordinación de estrategia de los martes. Una complicación, porque muchos de los asistentes a las peñas semanales de diversa jerarquía están distraídos por compromisos de campaña, o descansando para tomar envión para el tramo final.

 

 

Frigerio estuvo en Entre Ríos (cena de recaudación organizada por José Torello, lo acompañó Ernesto Sanz), Misiones (junto a Humberto Schiavoni, presidente del PRO nacional) y Córdoba (feria rural de Río Cuarto, la segunda en importancia del país después de la de Palermo) y se tiene que ir ahora a Jujuy. Elisa Carrió sigue en Israel, adonde fue en misión de espiritualidad, clave para el empeño político que viene, que se juega en un filo de victoria o derrota -en Buenos Aires por lo menos-.

 

Mario Negri hizo apariciones en Capital (sábado) y Entre Ríos (ayer). Sanz, que fue a esa provincia con el ministro del Interior, se toma esta semana de reflexión en el corazón de la montaña, lejos del mundanal ruido. Difícil que vaya a la Casa de Gobierno a coordinar nada esta semana.

 

Estrategia de mantenimiento

 

El esfuerzo por recuperar imagen se entiende en una campaña electoral, adonde todos despliegan herramientas de marketing que permitan sostener las estrategias propias y dañar las del adversario. Nadie puede creen en serio que una campaña de 15 días cambie las grandes tendencias del voto que se vieron en las PASO, y antes en la primera vuelta de 2015, cuando quedó congelado hasta nuevo aviso el mapa electoral argentino.

 

 

Macri avala los emprendimientos de marketing porque su fuerza necesita mantener ese mapa intacto para repetir mandato en 2019. Esto ocurrirá si se sostiene el mismo balance de fuerzas de 2015, que le permitió llegar al balotaje. Si se suman los votos de Cambiemos del 13 de agosto pasado en todo el país, son el 37%. La oposición cristinismo-peronismo llegó al 37,1%, pero el balance en un imaginario balotaje se vuelca hacia Cambiemos con el aporte de un 20,8% de "Otros", "Frente Renovador" y "Partidos locales". La oposición peronista podría sumar, cuanto más, un 5% de la izquierda, si es imaginable que todo ese espectro votaría al peronismo. Este cuadro no puede arriesgarse por la amenaza de un asunto de tanta alta exposición y visibilidad como el caso de la desaparición de Santiago Maldonado.

 

Maldonado, inquietud por las encuestas

 

Esta tragedia conclusa se convirtió en una tormenta de pantalla para el oficialismo, al que le sobran constancias de que las acusaciones que recibe no han dañado su intención voto. Pero les preocupa que, según el sondeo que anoche circulaba por el whatsapp de la primera línea de Gobierno, alcanza un nivel de conocimiento tan alto que es un riesgo de cuidado porque cualquier movimiento en falso puede ser una tormenta mayor. Ese índice de conocimiento alcanza al 75% en la provincia de Buenos Aires, escenario único de todos los desvelos.

 

En el análisis de fin de semana, el Gobierno también detectó que le soltaron la mano amigos de la prensa, que obligaron a que saliera a opinar -para compensar la orfandad dialéctica- el tridente de los aliados, dígase Elisa, Sanz o Negri. Como se habla aquí de política, y no de publicidad ni de análisis de estilo, importa calibrar dónde está el daño. Los opinadores pasaron en pocas horas de ser expertos en etnología mapuche, a ser psicólogos del ánimo presidencial, especulando sobre si siente o no las causas por derechos humanos, o si tiene empatía con algunas cuestiones y no otras.

 

El Gobierno, sometido a pruebas de destreza

 

Estas naderías encierran un reproche más grave: incurrir en el riesgo que describió con fineza el poeta Francisco Gorrindo, autor del tango Las Cuarenta: "Corrés el riesgo de que te bauticen gil". En el fondo, el malón quejoso por la conducta del Gobierno es por el estilo que ha mostrado para expresar el compromiso con esa desgracia. Nadie puede en serio alzar una acusación de responsabilidad; pero otra vez el Gobierno está ante un examen de astucia, algo que le pasó con las tarifas, el descuento a las jubilaciones, Panamá Papers, el Correo, etc. En todos esos casos un sector del público le tomó examen de destreza en el manejo de esas novedades. Una ralladura en la chapería, porque en ninguno de esos casos el malestar se trasladó a los votos.

 

Como ironizó uno de los punteros máximos del oficialismo cuando se conocieron los resultados de las PASO: "Bastante bien nos fue, porque en el mismo sobre en que le estregábamos el voto, le dábamos la factura con el aumento de la luz". El mismo público que valora las fotos con estadistas de afuera, también aprecia las señales de astucia. Un Presidente con leyenda de "gil", diría el tango, es grave. El problema es ser valorado por el público por lo que es, y no por lo que hace. Los adversarios de Macri lo atacan por lo que creen que Macri es, y no por lo que hace. Lo primero es falaz, pero es eficaz por inmodificable.

 

Candidaturas solapadas

 

Distraídos todos por las peripecias de los candidatos, quedan a veces al margen los gestos, también astutos, de quienes -sin serlo- preparan su futuro. El sábado por la noche Mirtha Legrand lo llevó a Mario Negri a su rutina gastronómica y le preguntó si será el próximo gobernador de Córdoba. El diputado no negó la pretensión: disparó con el habitual "no sé que pensarán los cordobeses". Tampoco desdeñó las posibilidades de ser el nuevo presidente del radicalismo, cargo al que se postuló hasta ahora sólo Federico Storani. Negri cree que ese cargo le restaría libertad de acción, pero ya antes Sanz fue titular del Comité Nacional y también senador nacional.

 

 

Negri es hoy el dirigente del partido que tiene mayor gravitación, pero esconde con sigilo sus proyectos. Sabe que toda iniciativa genera anticuerpos y eso lo obliga a suspender la respuesta sobre su futuro. Ya dijo sobre él un correligionario: "Mario es de cuidado: nunca una pelota al pie, todas a media altura, altas para patear, bajas para cabecear" (impecable retrato).

 

Massa y Lousteau, errores de diagnóstico

 

Otro que tiene que recuperar la astucia es Martín Lousteau, que reapareció para convencer a sus seguidores de que lo tienen que apoyar para la campaña a diputado en la Capital, que se polariza entre la lista oficialista de Carrió y el peronismo con Daniel Filmus. Tiene la misma desgracia de haberse decidido a jugar un partido en el cual no había lugar para él, como le ocurre a Sergio Massa.

 

 

Hasta las PASO tenían que convencer a sus seguidores, sponsors y financistas de que debían apoyarlos en un proyecto de poder. Ahora los tienen que apoyar apenas para tener una banca en el Congreso. En los dos hubo un error de diagnóstico que reconocen sólo en charlas muy a solas y en confianza. Massa creyó que Cristina se evaporaría después de la salida del gobierno. No ocurrió, pero él jugó todo a esa ficha. Lousteau creyó desde Washington que en este turno electoral habría algo para él, y que la división entre el macrismo y el peronismo no era tan profunda como para repetir la polarización de noviembre de 2015. Al igual que Massa, enfrenta la posibilidad de sacar el 22 de octubre menos votos que en las PASO.

 

¿Es responsable Massa de ese diagnóstico, o ha seguido la hoja de ruta de su jefa política Graciela Camaño? ¿Es responsable Lousteau del suyo, o ha intentado expresar la compleja relación con el Gobierno de sus mandantes políticos, Chrystian Colombo y Enrique Nosiglia, "el hombre que tiene un jugador en cada equipo, pero que no le importa a qué hora se juegan los partidos", como lo define otro correligionario? Toda una aventura la de estos dos.

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