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Los finales más exóticos de las cenizas de nuestros seres queridos

17/08/2017 20:15 hs
¿Qué hacer con los muertos? Es un verdadero problema.

¿Qué hacer con los muertos? Es un verdadero problema. Alguien a quien amas muere, su esencia se diluye en el éter y tú te quedas con su caparazón vacío, un recipiente de carne en rápido proceso de descomposición. No puedes tirarlo al contenedor de biocontaminantes sin más, pero de alguna manera tienes que deshacerte de él.

 

Las soluciones varían según el lugar del mundo en que te encuentres. En el Tíbet, por ejemplo, los cadáveres se trocean y se dan de comer a los buitres. Los huesos se muelen y mezclan con harina de cebada para elaborar pasteles en forma de pico. En Madagascar, los malgaches dejan los restos de sus seres queridos bajo tierra durante siete años y luego desentierran los esqueletos y bailan con ellos alrededor de la tumba. En muchos países de Europa, en cambio, el final más habitual es el horno.


En España, pese a que es el país europeo con más crematorios, se incinera aproximadamente el 36 por ciento de los cadáveres. En el Reino Unido, casi tres cuartas partes de los difuntos son incinerados. El proceso es impresionante: se lanza un chorro de gas a 600 °C sobre el torso del difunto durante dos o tres horas. Durante ese tiempo, las extremidades empiezan a flexionarse debido a la tensión de los músculos y la carne desaparece calcinada. Los huesos chamuscados se pasan por un potente escáner electromagnético que recoge empastes e implantes de cadera; a continuación, se muelen en una especie de molinillo gigantesco y finalmente se entregan los restos en una urna a los afligidos familiares.

 

Aunque la mayoría de las personas especifican si quieren o no que los incineren, muy pocos dejan dicho qué quieren que hagan con sus cenizas, decisión que queda finalmente a manos de los familiares. A veces simplemente las olvidan (muchas funerarias tienen una sala llena de urnas que nadie fue a recoger); otras descansan debajo del fregadero de la cocina. Si queremos evitar tener un final tan triste, habrá que empezar a pensar en estas cosas mientras estemos vivos. Llamamos a varios de nuestros amigos para que nos dieran ideas y consejos.

 

Liam Lever, 32 años, guitarrista de LTNT

VICE: Hola, Liam. ¿Cómo acabó tu abuelo dentro de tu guitarra?


Liam Lever: Pues murió, obviamente. Había dicho que quería que lo incineraran y yo fui quien recogió las cenizas. Una vez tuve que hacer un agujero en una guitarra y pensé que sería buena idea poner un poco de los restos de mi abuelo ahí dentro. La guitarra reaccionó de forma muy extraña y ahumó toda la parte trasera del golpeador. No sé qué es lo que queman cuando incineran a alguien, pero parece que el electroimán de la pastilla de la guitarra lo está atrayendo, porque se ven trocitos salir poco a poco del agujero. Es raro porque está completamente sellado.

 

¿Crees que le habría parecido bien que lo pusieras ahí?


Le gusta la música que compongo y ha oído muchos de mis temas. Yo creo que le hará gracia subir conmigo al escenario allá donde vamos a tocar. Esta conexión que tenemos es muy positiva para mí. Él siempre ha sido muy buena persona y yo a veces no lo soy. Me gusta tenerlo cerca para recordarme que no sea mala persona.

 

¿Alguna vez estuviste tentado de hacer algo más con las cenizas?


La idea se me ocurrió mientras estábamos en la furgoneta y alguien propuso aspirar unas rayas de cenizas de mi abuelo. Desde entonces, un montón de amigos se han metido rayas de esa bolsa. Ya sé que es de mal gusto y un poco tópico, pero ha servido para unir a la gente. Muchos lo conocían. Incluso ha servido de inspiración para bautizar la banda de un amigo, Grave Lines. Luego pensé que en breve media Europa se habría aspirado a mi abuelo, por lo que decidí guardar un poco de las cenizas en la guitarra antes de que desaparecieran.

 

Madre mía. ¿Cuánta gente ha aspirado a tu abuelo?


Pues calculo que unas cuarenta. Ocurre en momentos decisivos en la furgoneta. Si la machacas bien no está tan mal. Me he metido cosas peores. Era un tipo muy amable, y supongo que eso se nota también.

 

Alicia, 25 años, adivina

Hola, Alicia. ¿Cuál es tu historia con cenizas de un familiar?


Alice: Mi madre está en una lata supercutre en un altillo del lavabo, junto a un montón de trastos. Nadie le presta mucha atención.

 

¿Cómo acabó ahí?


Murió de cáncer. Mi madre nació en un pequeño pueblo muy conservador de Francia, y allí mismo murió. Ya llevaba tiempo enferma. Murió el mismo día que llegamos a su pueblo. Después de la ceremonia, la metimos en el coche y volvimos a Londres. Supongo que acabó en una estantería porque mi padre se sentía un poco abrumado. Yo tenía diez años y mi hermano, cuatro, y de repente, mi padre se vio con dos niños a su cargo a los que nunca se le había dado muy bien cuidar. Aquello lo superó.

 

Debe de ser un poco raro tener a tu madre vigilando desde las alturas del baño.


Era bastante inestable y autoritaria, no sé cómo nos habría manejado de adolescentes. En cierto modo, creo que tenerla ahí arriba, siendo testigo de todos los cambios físicos que experimentamos -atravesar la pubertad o vomitar después de una noche de juerga-, es la mejor relación que podíamos tener. Ha estado ahí para presenciar los momentos más íntimos y horribles, pero sin poder hacer nada al respecto.

 

Jason Shulman, escultor

Hola, Jason. ¿Cómo acabó tu padre en el interior de esta pieza de arte?


Jason Schulman: En primer lugar, tuvo que morir. Cuando iba en el autobús, de vuelta del funeral, recordé que de crío leí una vez las cosas que se podían obtener a partir de tu cuerpo, como 12 lápices, tres clavos de herradura, determinada cantidad de sal, etc. Se me ocurrió que podría comprobar si realmente había tanto hierro en el cuerpo como dicen. Cogí un imán de neodimio enorme, lo metí en las cenizas, lo agité un poco y, ¡tachán! Había pequeños fragmentos de hierro pegados al imán. Intenté atraer todo el hierro que pude, simplemente porque sí, y mientras lo hacía vi que algunos trocitos de hueso se habían oxidado y habían adquirido varios tonos de amarillo, verde y rojo. Luego me pasé tres meses con unas gafas de aumento y unas pinzas separando los fragmentos de hueso en montoncitos por colores. Luego los metí en un tubito estratificado, con el montoncito de hierro en la parte superior, lo colgué de un hilo a la altura de su cabeza, puse un imán muy potente justo encima, pegado al techo, y lo dejé ahí, flotando. Queda precioso, y recuerda un poco a las distintas capas de la Tierra o a los anillos de los árboles.

 

¿Crees que tu padre es feliz ahí dentro?


Era un hombre con un ego enorme, así que creo que estaría encantado de que se siga hablando tanto de él después de muerto.

 

Steph Wilson, 25 años, fotógrafa

Hola, Steph. ¿Cómo acabó tu padre en el interior de este sauce?


Steph Wilson: Murió de cáncer de páncreas hace tres años. Su apodo era Willow [sauce en inglés], y en el jardín de la casa en la que vivíamos de pequeños, nuestro árbol favorito era un sauce, que talaron unos dos años antes de que mi padre muriera. Pensamos que sería muy apropiado volver a plantar un sauce en el mismo sitio que el antiguo. Durante el velatorio, mi hermano echó las cenizas en un pequeño hoyo y luego plantamos el sauce encima. Creció muy bien. Luego mi madre decidió vender la casa, así que todos nos llevamos pequeñas ramas del árbol. Seguramente tendremos un dedo del pie o de la mano en esas ramas. La idea es plantarlas en nuestros jardines.

 

Muy bonito. ¿Tu padre era un hombre espiritual?


Era el paradigma del empresario capitalista. Si estuviera vivo, no sé si nos hablaríamos. Nos llevábamos muy bien, pero también éramos enemigos acérrimos. Yo soy extremadamente feminista y socialista, cosa que no gustaba mucho a mi padre. Era un hombre muy sensible y creativo, pero no diría que estuviera muy en contacto con la naturaleza. La verdad es que era un poco extravagante.

 

¿Qué te gustaría que hicieran con tu cuerpo cuando mueras?


Supongo que querría que me incineraran, pero si me tuvieran que enterrar, me gustaría que hicieran una escultura de piedra de Tomato "mi pequeño loro azul de cuatro años, que es como mi novio y mi primer hijo a la vez" y la pusieran sobre mi lápida para que velara por mí. El resto me da igual.

 

Fuente: Vice

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