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Dinero, cigarrilos importados y alcohol: los "incentivos" del presunto abusador serial Gustavo Rivas

30/07/2017 08:05 hs
Los testimonios empiezan a acumularse contra el abogado y ex candidato a gobernador de Entre Ríos.

La casa está en silencio. Solo se escucha la vibración constante de un sillón masajeador. Suena el teléfono y la conversación es breve. "Ya sé, ya me avisaron", dice Gustavo Rivas (72). La llamada de su amigo -y hoy su abogado- Raúl Jurado trae malas noticias. Le cuenta que en una revista de Paraná lo acusan de más de 2 mil abusos sexuales contra menores en los últimos 40 años. Que se prepare porque se vienen días movidos, le advierte. "No te preocupes, va a estar todo bien", responde Rivas.


Justo esta semana se había comprado el sillón masajeador, que instaló en su casa de Mitre 7, en pleno centro de Gualeguaychú. Al otro día, Rivas sale al balcón de su casa y declara a los medios locales: "El 95% de la denuncia es falsa". Horas después deberá aclarar su fallido: "El 5% que está bien tiene que ver con mis datos personales. Es verdad que yo tenía un barco y una casa de fin de semana, por ejemplo".


Un fiscal que leyó la nota ya inició una investigación de oficio. Ese mismo jueves, toca la puerta de la casa de Rivas -que está a media cuadra de la Jefatura Departamental de Gualeguaychú- y empieza un allanamiento que dura seis horas. Se llevan más de 100 videos de todos los formatos, desde Super 8 y VHS hasta DVDs. El caso ya tiene alcance nacional: Rivas, que fue candidato a diputado nacional y a gobernador, es el "ciudadano ilustre" de Gualeguaychú que enfrenta una gravísima denuncia.


Según Daniel Enz, autor de la nota, es el caso de corrupción de menores más grave de la historia argentina. El jefe de los fiscales de Entre Ríos dice que "los hechos que aparentan irse confirmando ocasionan pavor". Pero a nivel local nadie se sorprende. Más bien, la denuncia pública a Rivas pareciera reflotar miles de historias y recrear leyendas que no se condicen con el perfil público y la reputación del abogado.


"'Arrancó el piquetillo', ¿te acordás?", escribe un hombre de unos 40 años a sus amigos en el grupo de Whatsapp. Algunos se ríen, otros prefieren olvidar. Pero todos saben de lo que se está hablando: "Arrancó el piquetillo" era la clave que tenía Rivas para invitar a los jóvenes a que tuvieran sexo con él. Un código compartido por varias generaciones de chicos de Gualeguaychú y que ahora se hizo público, con historias truculentas y sórdidas.


"Lo primero que te puedo decir es que todo lo que dice la nota es verdad. Y lo segundo que me sale decirte es que más allá de lo grotesco del caso, para mí lo más terrible es que toda la sociedad -y cuando digo toda me incluyo- lo supimos siempre", dice Bruno, nacido y criado en Gualeguaychú.


Clarín consultó a cinco hombres de entre 20 y 40 años y todos confirman la denuncia periodística. El caso sacudió la vida cotidiana de Gualeguaychú, pero no sorprendió a nadie. "No hay pibe de mi generación que no lo supiera. Y el que dice que no, miente", confía a Clarín un vecino de Gualeguaychú de unos 35 años, que visitó la casa de Rivas.


"El tipo te daba bebidas blancas fuertes, como para que todos nos voláramos la cabeza. Imaginate que teníamos 14 o 15 años. En un momento de la noche él decía 'arrancó el piquetillo' y el que quería subía a la habitación. Algunos lo recuerdan y se ríen, pero también hay que pensar que el tipo traumó a muchos pibes y les cagó la cabeza. A mí me angustia volver a recordar todo lo que se está hablando ahora", relata otro joven.


Según los testimonios, Rivas ponía películas pornográficas para que los chicos tuvieran erecciones y pudieran penetrarlo. También se hacía introducir objetos: "Esta semana escuché de todo: matafuegos, linternas, hasta salamines. Todo es posible. A Rivas lo veíamos como a un personaje bizarro, que bajaba vestido con una bata y abajo estaba en bolas. También se ponía ropa interior femenina".


Las visitas a lo de Rivas se daban los fines de semana y tenían horario: "Él te citaba a las 11 y te tenías que ir a la una menos cuarto de la mañana. Cuando llegabas veías que había vasos usados en la cocina, como que un grupo había estado antes. Y seguramente a la una llegaban otros", recuerda Bruno. "Tenía cigarrillos marca More. ¿Sabés lo que era tener 16 años y fumar uno de esos importados en la casa de un tipo que además ponía bebida?" "Era parte del folclore de la ciudad, ir a la previa los fines de semana a lo de Gustavo. Tenía cerveza fría, cigarrillos importados. Y en algún momento el que quería subía a la pieza y lo penetraba", admite. "Nadie pensaba que eso era un abuso, hace diez o veinte años no estaba tan claro como ahora. Y si bien es cierto que el tipo no te obligaba a que tuvieras sexo con él, también era un manipulador total. Cuando tenía confianza y medio que se calentaba con alguno, lo marcaba con un apodo casi siempre terminado en 'engue' o 'ísimo'. O sea, en tu caso sería 'Dieguengue', 'Dieguísimo' o 'Redieguísimo'".


En la nota se habla de 2 mil abusos, un cálculo aproximado desde que Rivas habría empezado estas prácticas, a principios de los 70. "La cifra es discutible: si me preguntás cuántos chicos fueron a la casa de Gustavo, te digo que se queda cortísima. Pero no todos tenían sexo con él, es relativo".


Muy pocos se animan a dar su nombre, pero ya hay al menos tres personas que ratificaron la denuncia en la Justicia, frente al fiscal Lisandro Beherán, que ya le impuso la prohibición de salir del país. Ayer se allanó su casa de fin de semana y en los próximos días el fiscal espera sumar más testimonios. La nota completa, publicada en la revista Análisis, tiene detalles de una sordidez absoluta. Se habla de "fiestas" en yates y también de abusos a chicos que tenían necesidades económicas.


Rivas es una persona pública muy conocida en Gualeguaychú. Fue presidente del Colegio de Abogados local, profesor de Instrucción Cívica en un tradicional colegio e incursionó en política. Muchos vecinos hoy insisten en defenderlo: "Ayudó a muchos jóvenes de la ciudad, les dio ropa, zapatillas y hasta ha contribuido a pagar viajes de egresados a Bariloche". Pero la denuncia señala que esos regalos tenían una contraprestación siempre relacionada con el sexo: "Había una tarifa si te dejabas hacer sexo oral, otra si lo penetrabas. Ponele que eran el equivalente a unos 200 o 300 pesos de hoy".


En 2015, festejó sus 70 años con una fiesta en el Club Libanés de Gualeguaychú. Cantó el Himno y una versión de "La Donna e Mobile". Sabe que ante una condena podría pedir la domiciliaria. "Estoy preparado", le dijo a su abogado, desde su flamante sillón masajeador.


(Fuente: Clarín)

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