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Vacaciones de terror: un matrimonio fue secuestrado y desvalijado en Brasil

01/02/2017 19:40 hs
Una pareja oriunda de Salta vivió horas terribles durante su estadía en las playas del país vecino.

Una pareja de salteños vivió un verdadero calvario en Brasil: fueron secuestrados, desvalijados y hasta le robaron las alianzas de casamiento. El terror duró dos horas y media, tiempo en el que estuvieron a merced de un grupo comando integrado por seis personas, que los mantuvieron apuntándoles con un arma en la cabeza.


La odisea comenzó a la madrugada cuando, luego de cenar con dos amigos, Cándido Iradis y Silvia Aguilera decidieron volver al departamento que habían alquilado en Meia Praia, Itapema.


"Habíamos hecho unas tres cuadras cuando miro por el espejo retrovisor y observo que atrás mío venía un auto blanco, no llegué a divisar si trataba de un Volskwagen Fox o un Fiat Idea, que me seguía. Ese mismo automóvil ya lo había observado días anteriores cerca del departamento que alquilaba. Pensé entonces que se trataba de vecinos que vivían en la misma cuadra", relató Cándido al diario El Tribuno.


Y continuó: "Cuando llegamos al edificio abrimos con el control remoto la puerta del garaje, ingresé y estacioné en mi lugar. Ellos ingresaron atrás mío y estacionaron. Hasta ahí no había nada raro. Cuando estaba por bajarme del auto, veo tres tipos que me apuntan con un arma. Primero me encañonaron en el estómago, después en la cabeza".


"Ahí se suben al auto, nos llevan a mí, a mi mujer y a mi comadre a la parte de atrás, todos amontonados, pero siempre con uno de ellos con el arma apuntando a mi cabeza. Me pidieron que les enseñe a manejar mi auto (Toyota Corolla automático). Salimos del lugar y nos pedían dólares. Yo no tenía. Les dije que no era un hombre de dinero, que en el bolsillo tenía unos reales, nada más. Ahí me exigieron que les de mi tarjeta de débito y de crédito. Les aclaré, siempre para que se tranquilizaran, que sólo iban a poder sacar 7.500 pesos argentinos porque el cajero no les iba a permitir más. Tomaron los plásticos, se los pasaron a otros tres tipos que estaban en otro auto y nos llevaron a pasear por todo Meia Praia, Itapema, hasta Camboriú (se encuentra a unos 30 kilómetros del lugar). En todo el recorrido nos apuntaron con las armas directamente a la cabeza", agregó el hombre.


La pareja admitió que temían perder la vida. "Yo lo único que les suplicaba era que no nos maten, que se lleven todo, que se queden tranquilos. Esto lo hacía porque durante todo el trayecto estos tres delincuentes se drogaban y tomaban alcohol. Estaban en muy mal estado. Temía que en un ataque de ira nos maten a los tres", comentó Cándido.


Los secuestradores querían más. Les quitaron los celulares, las alianzas y todo lo que había de valor dentro del vehículo. "En todo momento nos amenazaban que nos iban a matar a los tres. En un momento tomé mi billetera y les enseñé las fotos de mis dos hijos, uno de 7 y otra de 11 años. Le marqué que debía criarlos. Que yo era el sostén de ellos. Que no nos hagan daño. Que se lleven todo, que nos dejen vivir. Ahí creo que se calmaron, porque nos llevaron hasta un río muy cerca de Camboriú, ingresaron a una calle de tierra y nos bajaron. Debimos caminar 2 kilómetros hasta llegar a la Autopista 101", afirmó el salteño.


Luego Cándido, su esposa y su comadre siguieron a pie hasta encontrar un destacamento de la Policía. "Ahí nos volvieron a apuntar a la cabeza con las armas. Hasta que les expliqué qué me había sucedido. Nos revisaron enteros y cuando vieron que fuimos víctimas de un robo nos llevaron a hacer la denuncia", aseguró.


Tras la denuncia, los tres fueron llevados al departamento, donde se reencontraron con sus hijos. "Debí acudir al Consulado argentino, que se portó muy bien conmigo y mi familia. Gracias a ellos que agilizaron todos los trámites pudimos salir de Brasil, porque los secuestradores se llevaron todo: documentos, visas y los pasaportes de todos", indicó.


La familia volvió a Apolinario Saravia gracias a la ayuda de sus amigos, quienes lo auxiliaron económicamente y lo fueron a buscar a la frontera con Misiones. "Ahí me esperaba otro amigo para llevarnos hasta nuestra casa. Recién ahora me está cayendo la ficha de todo lo que nos pasó, y debo agradecer que nos dejaran vivir. Recé mucho a la Virgen y al Señor del Milagro durante esas dos horas y media de calvario que vivimos", cerró el hombre.

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