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Brujos, gurúes y charlatanes

Condena ejemplar a "chamán"

06/06/2014 15:02 hs
Se atribuía poderes sobrenaturales para curar el cáncer y problemas de infertilidad.
Enrique Márquez
Por Enrique Márquez
Juliette D'Souza, de Hampstead, norte de Londres (Inglaterra), fue condenada a 10 años de cárcel por ser encontrada culpable de estafa a numerosas personas en casi £1.000.000 (más de un millón y medio de dólares).

 

D´Souza, de 59 años, ejerció la profesión de "chamán" durante más de doce años, convenciendo a once de sus clientes a entregar miles de libras para resolver cuestiones de enfermedad o infertilidad. Se apropiaba del dinero en virtud de un "sacrificio" que se haría como ofrenda espiritual colgándolo en un árbol sagrado de la selva amazónica. Prometía que otros dos chamanes (Oma y Pa) de Sudamérica harían el correspondiente ritual y antes de la devolución del dinero tendrían solucionados sus problemas.

 

Merced a este 'cuento del tío' la hechicera llevaba una vida lujosa y disfrutando de todo el dinero mal habido. Fue declarada culpable de 23 cargos por apropiación fraudulenta de las propiedades de sus víctimas, delito que había perpetrado entre enero de 1998 y junio de 2010.

 

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Entre las varias acusaciones a D´Souza, hubo una que definió especialmente la falta de escrúpulos de esta estafadora que, además de aprovecharse de la ingenuidad de la gente, indujo a una de sus víctimas a realizarse un aborto porque -según le dijo- el hijo que estaba gestando nacería con deformaciones.

 

Otra estafada, en £42.000, fue la madre de un niño de 10 años con síndrome de Down, a quien D´Souza le prometió curar los problemas de conducta de su hijo. Por su parte Sylvia Eaves, de 83 años y ex cantante de ópera, le entregó a la bruja £350.000 con la esperanza de recibir ayuda para su hermana y un amigo que padecían cáncer.

 

Y así continuó una larga lista de damnificados que, al menos, tuvieron el consuelo de escuchar la justa condena. Un juez describió sus delitos como el "peor de los casos de abuso de la credulidad" [Telegraph, 30-05-2014].

 

Transmigración de almas y dinero

 

Hace escasos meses hubo una condena similar en Estados Unidos. Rose Marks, de 62 años y de profesión "adivina", fue sentenciada a 10 años de prisión por estafar a sus clientes en más de 17 millones de dólares.

 

El caso produjo una gran cobertura periodística y, si bien la fiscalía señaló que las víctimas pudieron documentar pérdidas por ese importe, en realidad el daño económico fue significativamente mayor.

 

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Entre los varios denunciantes de esta estafadora se encontraba la conocida novelista romántica Jude Deveraux. Jude, cliente de Marks desde 1991, contó que la adivina se aprovechó de la pérdida de su hijo Sam, de 8 años, en un accidente con un cuatriciclo, y la atormentaba diciéndole que el alma del niño no estaba en el Cielo pero que ella podría transferirla al cuerpo de otra persona "para mantenerlo fuera de las llamas" [Sun-Sentinel, 03-03-2014]. Con este y otros disparates le fue sacando varios millones de dólares durante años. "Ella decía que la plata es energía y el dinero es malo y si yo tenía dinero en mi cuenta bancaria, estaba atrayendo el mal", declaró la escritora [Sun-Sentinel, 10-09-2013]. También contó que Marks le decía que era consultora psíquica del Papa, del FBI y, entre su clientela, había ex presidentes y famosos artistas que utilizaban sus servicios.    

 

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A otra cliente le pidió un costosísimo reloj de marca para realizar un ritual que le retornara a su pareja. Prometió devolvérselo después de "retroceder en el tiempo y traerle el amor de vuelta". Luego, no le dio ni la hora y todavía está esperando la devolución.

 

A un caballero le pidió unos cuantos pesitos para protegerlo junto a su familia de un "daño" maléfico. Prometió devolverle ese dinero después que lo utilizara para "alimentar a los niños de África". Ahora él tiene más hambre que los pibes africanos.

 

Rose Marks fue arrestada en 2011 y las acusaciones de fraude las compartió con ocho familiares (hijos, nueras, yerno, hermana y nieta), quienes a modo de banda delictiva tuvieron participaciones menores pero cómplices al fin de la gran estafadora. En dicha oportunidad las autoridades les incautaron una propiedad en Fort Lauderdale, cerca de una docena de autos lujosos (entre ellos un Bentley azul convertible) y US$ 1.800.000 en monedas de oro. Entre las varias víctimas se encontraban una egresada de la Academia Naval de EE.UU., un abogado de Inglaterra y otras personas con estudios superiores y cargos ejecutivos.



Entre otras acusaciones formales, las víctimas también señalaron que Marks y su familia se valían de "varios trucos de magos" para impresionar a sus clientes y convencerlos sobre sus capacidades psíquicas [The Miami Herald, 16-08-2011].

 

Esto último me recuerda a un caso local en el que, junto a mi amigo ilusionista Kartis, fuimos requeridos como peritos en la causa que llevó a juicio a una vidente.

 

Bola de cristal empañada

 

El 10 de noviembre de 1993, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 15 de la Capital Federal dictó sentencia en la Causa Nº 13, seguida por el delito de estafas reiteradas contra la "parapsicóloga" María Teresa Giménez. Esta mujer, por entonces de 49 años, promocionaba sus servicios de "vidente" -como tantos otros charlatanes- en el viejo Rubro 60 del diario Clarín. Estos avisos, son unos de los tantos anzuelos que suelen utilizar estos delincuentes para atrapar a sus presas.

 

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Lo que no pudo prever Giménez a pesar de sus pretendidos dones, es que dos de sus víctimas la denunciarían en forma independiente y determinarían su procesamiento y condena a dos años de cárcel por estafa.

 

El modus operandi de esta timadora consistía en pedirles dinero a sus víctimas para realizar un supuesto ritual en el que iba a "bautizarlo" porque ese dinero estaba "enyetado" y era el origen de los males. Prometía la devolución y a partir de esa purificación se multiplicaría con creces.

 

En las consultas utilizaba algodones y limones que, una vez pasados por el cuerpo del cliente, aparecían teñidos de "sangre". Esa anormalidad presuntamente era la confirmación del "daño" que tenía el consultante. Luego solicitaba el dinero que era envuelto para ser quemado o arrojado al río.

 

Cuando se produjo el allanamiento del domicilio de Giménez, encontraron jeringas, limones inyectados con un colorante rojizo y fajos de billetes dentro de un escritorio. Con estos engaños la pitonisa estafó a una muchacha y a un joven en US$ 3. 300 y US$ 19.000 respectivamente.

 

Las artimañas de estos estafadores son muy variadas y saben que es fácil engañar a los consultantes porque aportan una gran cuota de credibilidad y se encuentran en un estado de total vulnerabilidad. Tampoco esperan encontrarse con trampas puesto que no van a un espectáculo de ilusionismo sino que están esperanzados en que les solucionen sus problemas. Pero claro, las trampas existen y las soluciones mágicas no.

 


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